Los Vargas

Dos voces y dos guitarras definen el sello de Los Vargas, el dúo de hermanos que popularizó en Chile valses peruanos como ‘‘El plebeyo’’ y ‘‘Nube gris’’ desde 1958. En la genealogía chilena de ese ritmo, junto a solistas como Lucho Oliva, Palmenia Pizarro y Ramón Aguilera, Los Vargas están en la primera línea, y su carrera, iniciada en los años ’40, ha sido continuada por una segunda generación de músicos.

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Años

Santiago, 1958 -

Décadas

1940 |1950 |1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |

Géneros

Los Vargas

Integrantes

Héctor Tito Silva Vargas, voz y guitarra (1957 – 2001).
Santiago Silva Vargas, voz y guitarra (1957 – 1974).
Héctor Silva Sour, voz y guitarra (1974 – 1978 / 2001 – •).
Óscar Silva Sour, voz y guitarra (1978 – •).

 

David Ponce

Nacidos en San Fernando en 1927 y 1929 respectivamente, Héctor Armando y Santiago Silva Vargas crecieron en la villa Santa Anita del barrio San Pablo, en Santiago. Hacia 1943, a los dieciocho y diecinueve años ya estaban cantando a dúo, aunque faltaban dos décadas para que se hicieran llamar Los Vargas: al comienzo fueron simplemente los Hermanos Silva.

Actuaciones en la Radio Del Pacífico y en teatros, restaurantes y boites de distintas ciudades de Chile fueron su primera escuela. La prensa de la época recoge fechas de los Hermanos Silva en Arica en 1947, en Temuco en 1954, en Tocopilla, en Antofagasta y en lugares capitalinos como El Patio Andaluz o La Rueda. Usaban atuendos de huaso y tocaban por igual folclor chileno, música tropical y latinoamericana, con la canción folclórica paraguaya ‘‘Pájaro campana’’, el vals ‘‘Alma, corazón y vida’’, el tango ‘‘La cumparsita’’, los boleros ‘‘Mar y cielo’’ y ‘‘Bésame mucho’’ o la ‘‘Rapsodia húngara’’ en el repertorio.

Cuando el famoso trío de boleros mexicano Los Panchos visitó Chile al inicio de los ’50, los Hermanos Silva tocaron con ellos y Ester Soré. Hicieron giras por radios y boites de Perú, Ecuador, Colombia y Brasil. Y en ese país estaban en 1958 cuando, en un show de TV en Sao Paulo, decidieron cambiar de nombre y acudir al apellido materno: en adelante los Hermanos Silva, con Héctor Tito Silva en primera voz y guitarra y Santiago Silva en segunda voz y guitarra, serían Los Vargas. ‘‘Como habían salido Los Cuatro Hermanos Silva la gente se confundía’’, explica Oscar, hijo de Tito Silva y actual músico del dúo.

Los Vargas grabaron sus primeros singles para el sello Odeon. En 1958 debutaron con los valses ‘‘Nunca podrán’’, del autor peruano Adalberto Oré Lara, y ‘‘Remordimiento’’, del propio Tito Silva. En 1959 registraron ‘‘Ódiame’’, de Rafael Otero, y ‘‘Hermelinda’’, de Felipe Pinglo Alba. Y de ese mismo autor peruano grabaron en un prolífico año de 1960 los célebres valses ‘‘El plebeyo’’ y ‘‘El espejo de mi vida’’, además de ‘‘Como una visión’’ (Luis Abelardo Núñez), ‘‘Ilusión perdida’’ (Gilberto Plascencia), ‘‘Frivolidad’’ (Mario Ríos), ‘‘Desdén’’ (Miguel Paz) y las tradicionales ‘‘El guardián’’ y ‘‘La puerta de oro’’. En 1962 tuvieron un nuevo éxito con ‘‘Nube gris’’, de Eduardo Márquez Talledo.

Tras el suceso de los boleros explotado por Lucho Gatica o Antonio Prieto en los ’50, el sello del nuevo dúo fue el vals peruano, un género que el cantante Lucho Oliva ya practicaba una década antes en Chile y que Los Vargas aprendieron en sus primeras giras a Perú, cuando aún eran los Hermanos Silva. Además tocaban guarachas, boleros de Los Panchos como ‘‘Contigo’’ o ‘‘Poquita fe’’ y del propio Tito Silva como ‘‘Piénsalo bien’’ y ‘‘Ahorita de nuevo’’. Siguieron actuando en teatros, radios, restaurantes y festivales con cantantes de boleros o de la Nueva Ola; continuaron también sus giras a Perú, Bolivia, Ecuador y Centroamérica y, a mediados de los ’60, Tito Silva se estableció temporalmente en Miami.

El primer LP, Los Vargas cantan valses peruanos (1964), reúne varios de sus primeros éxitos de 1958 a 1962. Futuros discos fueron Valsecitos pa’ mi bailongo (1966), que contiene ‘‘Alma, corazón y vida’’, de Adrián Flores; los discos de guarachas, cha cha chá y mambo Se armó el bailongo! (1967) y Los Vargas en su salsa (1968), que incluye el poema de José Martí con música de Pete Seeger ‘‘Guantanamera’’ y la bossa nova ‘‘La chica de Ipanema’’, de Tom Jobim y Vinícius de Moraes. También grabaron El show de Los Vargas (1970), Los Vargas cantan al Perú (1970), Los mejores valses peruanos (1971), que incluye ‘‘La flor de la canela’’, de Chabuca Granda; A la manera de Los Vargas (1972) y Boleros (1974).

Ese fue el último disco del dúo original. A fines de 1973, Santiago Silva Vargas se retiró, aunque todo quedó en familia: fue reemplazado por el hijo mayor de su compañero, Héctor Armando Silva Sour, que se unió en 1974. ‘‘Se produjo un quiebre y vine a reemplazar a mi tío, que estaba cansado’’, recuerda Silva Sour. ‘‘En 1973 mi papá hizo un contrato por un mes en Lima para cumplir en abril del año ’74. Yo estaba egresando del colegio y me preguntó si me atrevería. Por la cantidad de años escuchándolos ya lo había acompañado a grabaciones y tuve que hacer el reemplazo. Partimos a Lima’’.

El nuevo integrante siguió hasta 1978, cuando fue sustituido a su vez por su hermano menor, Óscar Silva Sour, quien secundó al padre hasta el nuevo siglo. Sólo en 2001 el patriarca Tito Silva se retiró, tras lanzar cuatro nuevos cassettes de Los Vargas entre 1987 y 1993. El dúo quedó entonces integrado por sus dos hijos, Héctor y Óscar Silva. ‘‘La gente cuando escucha las canciones se acuerda: es el mismo timbre de voz, las mismas guitarras, los mismos punteos. Porque uno se crió en esto. No había otra persona que lo pudiera hacer como ellos además de sus propios hijos’’, dice Óscar. ‘‘Mi papá hacía los arreglos, nos enseñaba a nosotros e incluso a mi tío cómo hacer la segunda voz. Se mantuvo el estilo’’, agrega Héctor.

De toda su discografía, el popular compilado Lo mejor de Los Vargas reúne lo más noble: la mayoría de los primeros valses grabados para Odeon entre 1959 y 1962, incluidos ‘‘El plebeyo’’, ‘‘Ódiame’’, ‘‘Nube gris’’ y ‘‘El espejo de mi vida’’, cuya versión original Los Vargas grabaron en 1960 con el cantante Pepe Frías como veterano invitado en la segunda estrofa. Cuatro décadas después, los nuevos Vargas invitaron a su padre, Tito Silva, a cantar esa misma estrofa añosa en su primer disco del nuevo siglo, El legado (2004), a modo de homenaje. La voz de la experiencia.

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