Los Huasos de Algarrobal

La troncal de los cuartetos vocales de huasos urbanos tiene a este conjunto como nombre principal en una tercera rama de la genealogía. Los Huasos de Algarrobal son “nietos” de Los Cuatro Huasos (1927) e “hijos” de Los Huasos Quincheros (1937) y durante más de cuatro décadas desarrollaron un estilo propio basado en la tradición de ambas agrupaciones, pero proyectado hacia una canción dinámica y versátil.

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Años

Santiago, 1966 -

Décadas

1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Los Huasos de Algarrobal

Integrantes

Rodrigo Serrano, guitarra, voz tenor y dirección (1966 – 1973).
Gustavo Monckeberg, guitarra y voz tenor (1966 – 1967).
Gerardo Monckeberg, guitarra y voz tenor (1966 – 1967).
Patricio Vives, guitarra y voz barítono (1966 – 1968).
Francisco Gómez, guitarra y voz tenor (1967 – 1969).
Antonio Antoncich, guitarra y voz tenor (1967 – 1969).
José Manuel Ugarte, guitarra y voz bajo (1967 – 1969).
Cristián Donoso, guitarra y voz tenor (1968 – •).
Juan Eduardo Ugarte, guitarra y voz bajo (1968 – 1971).
Eugenio Rengifo, guitarra, voz tenor, voz barítono y dirección (1969 – •).
Enrique Barros, guitarra y voz bajo (1971 – 1973 / 1987 – •).
Ignacio Errázuriz, guitarra y voz barítono (1973).
Gonzalo Jiménez, guitarra y voz tenor (1973 – 1987).
Rafael Rodríguez, guitarra y voz tenor (1975 – •).

Iñigo Díaz

Un estilo que no sólo abordó el repertorio folclórico de autores chilenos, sino que tuvo también un profundo vínculo con el cancionero religioso. Vestidos con aperos huasos y cantándole a la tierra chilena, los de Algarrobal entregaron además una serie de piezas de raigambre católica. Algunas de ellas alcanzaron la categoría de himnos, como los de la visita del Papa Juan Pablo II (1987) y de la canonización de Sor Teresa de Los Andes (1993).

Se gestaron en el Colegio de los Padres Franceses de Alameda a comienzos de los ’60. En la historia más íntima y temprana del cuarteto existieron dos conjuntos igual o mayormente inspiradores que Los Cuatro Huasos y Los Huasos Quincheros. Primero Los Huasos Colchagüinos, que integraban otros compañeros del colegio desde 1959 (entre ellos Rafael Rodríguez, futuro solista de los de Algarrobal) y Los Perales, cuarteto vocal integrado por jóvenes seminaristas, que escribieron algunas de las más reconocidas canciones de misa (con el compositor Andrés Opazo y el autor Esteban Gumucio) y cuya línea luego seguiría Eugenio Rengifo (futuro director musical de los de Algarrobal).

El inicio: con René Largo Farías
Entre 1963 y 1964 los alumnos Rodrigo Serrano (su primer director), Patricio Vives y los hermanos Gustavo y Gerardo Monckeberg formaron el cuarteto original, hasta entonces sin nombre. Ya estaban fuera del colegio cuando en el verano de 1966 se decidieron a participar en el Festival de la Canción de Las Playas, organizado en Cartagena por el disc-jockey de Radio Minería René Largo Farías. El grupo se encontraba de vacaciones en el balneario de Algarrobo y como el certamen exigía un nombre, se decidieron por el de Los Huasos de Algarrobal. 1966 es el año cero de la historia algarrobal.

Actuaron con la canción “El peregrino de Emaús”, original de Los Perales. No sólo obtuvieron el primer lugar de la competencia sino además un vínculo directo con Largo Farías, quien vio en el cuarteto energía renovada y talento de proyección en una época en que el Neofolklore brillaba con nombres como Los Cuatro Cuartos, Las Cuatro Brujas y Los de Las Condes. Los Huasos de Algarrobal ingresaron en las programaciones en directo de “Chile Ríe y Canta” en Minería y pronto hicieron su primera grabación producidos por René Largo Farías. Fue la propia “El peregrino de Emaús”, la que ingresó en un disco de participaciones con otros artistas de Odeón. Poco después fueron contratados por RCA Victor para grabar las canciones “Napoleón” (de Andrés Opazo) y “Por tu ausencia” (de Sergio Sauvalle).

Los Huasos de Algarrobal, que aún actuaban en festivales universitarios y pequeños locales como el antiguo Cantagallo en el sector precordillerano de Santiago interpretando repertorio de autores como Francisco Flores del Campo, Clara Solovera y Jaime Atria, llegan en 1967 a la competencia folclórica del Festival de Viña del Mar. Obtuvieron los cuarto y quinto puestos con las canciones de Solovera “Casa colorada” y “Pájaros de septiembre”. El long-play debut, Al calor de la amistad  (1969), incluyó un grueso de tonadas de la propia Solovera (“Rancho del Carmen”, “Villancico de los pescadores”, “ La Esmeralda entrando al puerto”, “Alamo huacho”, “Chile y el mar”, “Manta de tres colores”) además de una pieza del joven cantautor Julio Zegers (“Adiós al campo”).

Es el primer título de la trilogía inicial del conjunto y para entonces en sus filas sólo permanecía Rodrigo Serrano como músico fundador. Tres nuevos jóvenes integraban la segunda época, iniciada en 1969. De ellos, Cristián Donoso sería el de mayor vigencia y el único que estuvo en todas las grabaciones de discos. Esta trilogía se completó después con Poeta campanero (1970) y Poncho del olvido (1971). En el primero destacaron las tonadas de Osmán Pérez Freire “Mi caballo alazán” y “El huaso vencido” y la canción del compositor Vittorio Cintolesi que titula el disco, “Poeta campanero”. En el segundo fueron la tonada de Raúl de Ramón “Canción de la caballería” y la habanera de las hermanas Liliana Pérez Freire y Mercedes Pérez Freire “Corazón de mujer”, además de las primeras musicalizaciones de Rengifo y Donoso para textos poéticos.

La identidad: el estilo algarrobal
Fue una época de gran movimiento para Los Huasos de Algarrobal a pesar de los tiempos de cambios categóricos en el orden social chileno. Ni siquiera su no vinculación política con la causa de la Unidad Popular atentó contra su actividad musical. En el reconocido El Alero de Los de Ramón, que dirigían Raúl de Ramón y María Eugenia Silva, fueron número de la casa por un largo período. En 1973, se produjo la última deserción entre los músicos fundadores de 1966.

Rodrigo Serrano, que había sido un ferviente admirador de Jorge Montaldo y del estilo de Los Quincheros, abandonó el conjunto para embarcarse en un viaje y según se dice creyó que Los Huasos de Algarrobal no seguirían sin él. Pero los jóvenes integrantes continuaron en 1973 junto a Ignacio Errázuriz. Cuando Serrano regresó determinó fundar otro grupo con el mismo nombre y los involucrados en el conflicto debieron resolver el caso en los tribunales. Fue cuando Serrano, que perdió el juicio, reactivó a Los Huasos Colchagüinos en 1974, al tiempo que el joven abogado Gonzalo Jiménez, quien había asesorado a los de Algarrobal de los tribunales, se integró al conjunto y permaneció allí por catorce años.

Durante el régimen militar Los Huasos de Algarrobal grabaron los álbumes Tradición y tonada (1974, con canciones de Pérez Freire, Flores del Campo, Sergio Sauvalle y Margot Loyola) y Sólo éxitos (1976, con clásicos de Luis Aguirre PintoLuis Bahamonde, Jaime Atria y Willy Bascuñán). A esa altura, en 1975 se había incorporado Rafael Rodríguez y se transformó en la voz más representativa de los de Algarrobal. Fue además su iniciación en la pequeña industria independiente la que terminó por consolidar el llamado “estilo algarrobal”, cuyo momento más alto se produjo en 1977 con la participación del cuarteto en el concurso televisivo “La canción de todos los tiempos”. Allí las más importantes voces del momento interpretaban canciones chilenas clásicas.

Los de Algarrobal demostraron su nuevo estilo de contracantos, cambios de tonalidades, modificación estructural de las canciones y dinamismo con las canciones “Yo vendo unos ojos negros” (tradicional), “Mi caballo blanco” (Francisco Flores del Campo) y “Casamiento de negros” (Violeta Parra). Poco después grabaron con el sello SyM, que dirigían las hermanas cantantes Sonia y Myriam. Huasos de Algarrobal (1980), con arreglos orquestales de Guillermo Rifo, es el disco máximo y más representativo del “estilo algarrobal” y en él las canciones de Eugenio Rengifo entran a disputar el espacio con las de peso tradicionalista: “Basilia Chamaca Challapa”, “Angela Lois” y “Que los niños vengan”, escrita en 1978 como himno del Año Internacional del Niño.

La madurez: los himnos religiosos
El cuarteto vivió su “época de oro” entre 1977 y 1987, desde “La canción de todos los tiempos” hasta la visita de Juan Pablo II a Chile, para la que Rengifo se adjudicó en un concurso entre otros destacados creadores la opción de componer una canción oficial. El músico ya había escrito otras canciones simples de misa, como “La noticia de la paz”, “Abramos las puertas a Cristo” o “El príncipe de la paz”, pero en esta ocasión escribió “Juan Pablo II: mensajero de la vida”, que fue interpretada por Los Huasos de Algarrobal, sus mujeres y sus hijos en medio de un complejo panorama político de movilizaciones contra la dictadura, los crímenes de los profesores degollados, los jóvenes quemados vivos y el atentado a Pinochet. La canción se grabó luego, junto a otras históricas de carácter religioso, en el álbum Canciones de amor y paz (1991).

En ese período, Los Huasos de Algarrobal se matuvieron en giras internacionales y obtuvieron un premio en el Festival Mundial de Folclor celebrado en Sudáfrica (1983). Además hicieron su primera incursión íntegra en el bolero con el disco Boleros del alma (1986), marcaron la recordada presentación en la Antártica (1987) a 20 grados bajo cero para una transmisión televisiva del programa “Amigos, siempre amigos” y registraron el último cambio de formación de su historia. Gonzalo Jiménez dejó el conjunto en 1987 y su lugar lo ocupó Enrique Barros, quien ya había estado en Los Huasos de Algarrobal en el período 1971-73 y quien permaneció hasta más allá de las cuatro décadas de vigencia con la misma formación: Cristián Donoso, Eugenio Rengifo, Rafael Rodríguez y Enrique Barros.

El segundo gran himno religioso se registró en 1993 y también fue escrito por Rengifo. Esta vez fue una canción alusiva a la canonización de la monja carmelita Teresa de Los Andes. El conjunto viajó a El Vaticano e interpretó “Teresita de Los Andes, carmelita del consuelo” en la Basílica de San Pedro junto al mismísimo Papa Juan Pablo II. Luego grabaron Canto algarrobal (2000), incluyendo con canciones de otros autores como Patricio Manns (“Arriba en la cordillera”), el fundador de Quilapayún Julio Numhauser (“Todo cambia”) y Violeta Parra (“Volver a los 17”), y luego Huella algarrobal (2004), con piezas de Rolando Alarcón (“Mi abuela bailó sirilla”), Víctor Jara (“El cigarrito”) y Dióscoro Rojas (“Puerto esperanza”). En 2006 el grupo celebró los 40 años con una temporada de actuaciones con música arreglada para cuarteto vocal de huasos urbanos y orquesta de cuerdas.

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