Conchalí Big Band

Un experimento sin precedentes en la historia del jazz chileno condujo Gerhard Mornhinweg, un cornista clásico de la Universidad de Chile reconvertido en trompetista swing, cuando se decidió a diseñar y desarrollar en 1994 su proyecto educativo: la Conchalí Big Band. Un prototipo de la primera orquesta de jazz formada sólo por adolescentes, establecida Conchalí, una de las comunas más populares y con mayor índice de riesgo social.

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Años

Santiago, 1994 -

Décadas

1990 |2000 |2010 |2020 |

Géneros

Conchalí Big Band

Integrantes

Gerhard Mornhinweg, dirección (1994 - 2020)

Iñigo Díaz

La experiencia fue algo así como una versión independiente y alternativa al de las Orquestas Infantiles y Juveniles del maestro Fernando Rosas, y rápidamente sobrepasó sus propias expectativas. Y como en la permanente historia de las big bands estadounidenses , la Conchalí Big Band también llegó a ser una pequeña de cantera de nóveles talentos, algunos de los cuales ocuparon los principales espacios de jazz durante la década de 2000 y las posteriores: Agustín Moya (saxo tenor), Andrés Pérez (saxo tenor), Cristián Gallardo (saxo alto), Marcelo Maldonado (trombón), Cristián Orellana (contrabajo), Alfredo Tauber (trombón), Juan Pablo Salvo (trompeta).

En 1994 Gerhard Mornhinweg consiguió el patrocinio de la Municipalidad de Conchalí y ahí emplazó su espacio para formar lo que en primera instancia sería una banda de desfile. Su método para reclutar músicos fue muy simple: se presentó en colegios de la comuna y con un par de instrumentos (no en el mejor estado, por cierto) convocó a adolescentes y a niños a tocar en sesiones dirigidas. Para entonces ya contaba con la participación del saxofonista Carmelo Bustos (de la histórica Orquesta Huambaly y activo formador de vientos) y del guitarrista de La Pincoyazz Jorge W. González. Éste fue parte del primer staff de profesores de niños de entre 12 y 18 años que nunca antes hubieron tomado instrumentos de viento en sus manos, ni menos conocido el lenguaje musical del jazz, la música en bloque y la improvisación a la que llegaron más tarde tras años de entrenamiento.

En sus primeros años de vida, la Conchalí Big Band se incorporó a un ambiente de música donde también estaba la orquesta de profesionales Los Andes Big Band (formada en 1993). Más adelante se sumaron las primeras orquestas universitarias: Big Band UC (2000), UCV Big Band (2001) y Metrópolis Big Band (2001). En sus segundos cinco años de acción la orquesta adolescente lograría mayor atención del medio. En 2001 efectuó una gira por Europa y en 2004 su historia llegó al documental Un viaje interior (del realizador Ricardo Carrasco). Pero fue en 2007 cuando alcanzó uno de sus máximos hitos al presentarse en conciertos al aire libre junto con la cantante chilena Claudia Acuña y su cuarteto neoyorquino en uno de los epicentros urbanos de la propia Conchalí: Avenida Dorsal e Independencia.

Entre sus colaboraciones con voces solistas también figuran en su historia actuaciones junto a Humberto Lozán (legendario crooner de la Orquesta Huambaly), Rodrigo González, Gabriela Ernst y una serie de conciertos con Marcela Mahaluf, cantante y compositora que escribió material especialmente para la Conchalí Big Band. Desde sus filas aparecieron dos primeras generaciones de solistas con distinta proyección formadas por los profosores Mornhinweg, Bustos, González y el incorporado pianista Américo Olivari: músicos como Jorge Prieto (trombón), Jonathan Gatica (saxo tenor) Italo Viveros (trompeta), Sergio González (batería), Domingo Alissera (guitarra), Daniel Gajardo (piano) y Juan Saavedra (trombón). La orquesta debutó en el disco con Swinging Christmas (2007), grabación en la que aparecía las voces invitadas de Andrea Tessa y Rolando Massardo.

Educar es resistir
Pero fue en 2008 cuando debió enfrentarse a una crisis considerable producto una contingencia a nivel de políticas educacionales que atentó contra su continuidad. La Jornada Escolar Completa, norma vigente a partir de 1998, imposibilitó que los niños que integraban la orquesta pudieran seguir con un ritmo sistemático de estudio de música paralelo a su propio trabajo de los programas escolares. La reducción de ensayos y declinación en la cantidad de conciertos se tradujo en una baja de rendimiento que tuvo a uno de los más interesantes proyectos de educación alternativa en puntos suspensivos sobre el final de la década.

Aún así, Mornhinweg y sus colaboradores continuaron la escalada formativa. La Conchalí Big Band recibió nuevos aires y una partida de solistas de la generación del paso a la década de 2010 reactivó el nivel de la orquesta: Pablo Jara (saxo barítono), Matías Aravena (saxo tenor), Alfredo Tauber (trombón), Gabriel Paillao (piano), entre otros.

En 2014, la agrupación celebró sus veinte años de vida con la edición del disco XXI, que contenía obras dedicadas por el compositor y arreglador Emilio Bascuñán a la Conchalí Big Band, y sobre todo con el debut de la agrupación en el Teatro Municipal de Santiago, el 7 de noviembre de 2014, ocasión en la que actuaron como invitados figuras como Carmelo Bustos, Valentín Trujillo, Daniel Lencina, Roberto Lecaros, Christian Gálvez, Sebastián Jordán, y crooners como Rodrigo González, Consuelo Schuster y la rapera Ana Tijoux. Tras las primeras dos décadas de acción, la Conchalí Big Band no solo consiguió introducir a unos 400 niños en la música, sino que en las seis generaciones que le dieron vida desde 1994, unos 50 se dedicaron profesionalmente a la música, y sus descendencia se puede verificar en las agrupaciones Santiago Downbeat (2008) y Mapocho Orquesta (2014).

Más adelante, el mismo compositor Emilio Bascuñán se vincularía más directamente con la orquesta con un segundo álbum, titulado Kinich ahau (2021), durante los tiempos más turbulentos de la crisis social y sanitaria que se precipitó a partir del 18 de octubre de 2019.

Ese mismo día la Conchalí Big Band celebraba su creación en 1994 con un concierto en el Teatro Municipal de Ñuñoa, donde también fueron invitados la agrupación de bronces de carnaval Banda Conmoción y el grupo de hip-hop Movimiento Original. Tras el concierto en el teatro, en medio de la primera revuelta en las calles, los músicos salieron a tocar al espacio público de avenida Irarrázaval. Luego de esa celebración la orquesta entró en una crisis profunda, agravada por la pandemia, que la dejó sin funcionamiento ni financiamiento. Además, la partida del gestor y director Gerhard Mornhinweg a Valdivia profundizó la situación. Como un acto de resistencia, la orquesta se reorganizó para grabar el citado Kinich ahau, bajo la dirección del mismo Bascuñán, quien estrenó entonces nuevas piezas dedicadas, junto con una obra del trompetista Juan Pablo Salvo, uno de los músicos de la séptima generación de niños músicos de la Conchalí Big Band.