Bordemar

Bordemar es uno de los más importantes grupos chilotes en actividad. Su cultivo del folclor de la isla —aunque con citas a otros géneros populares, como el jazz o el pop— ha sido ininterrumpido desde mediados de los años ochenta, y ha fortalecido una discografía de ineludible referencia para cualquier interesado en el género.

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Años

Puerto Montt, 1983 -

Décadas

1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Bordemar

Integrantes

Jaime Barría, piano y dirección musical (1983 – •)
Luis Ritter, flauta (1983 – 198X)
Carlos Campos, guitarra (1983 – 198X)
Iván Pérez, guitarra (1983 – 198X)
Claudio Miranda, viola (1983 – 198X)
Soledad Guarda, violoncelo y voz (1984 – •)
Fernando Álvarez, guitarra y voz (1985 – •)
Eugenia Olavarría, violín (1990 – •)
Catherine Hall, flauta traversa (1990 – •).

Marisol García

A su permanente labor de composición, investigación y presentaciones en vivo, el grupo ha sumado la colaboración con algunos espacios de televisión vinculados al patrimonio chileno, como “Tierra adentro”. Sus viajes por Chile y el extranjero han dado cuenta de su persistencia en el mismo principio que dio impulso a su formación; en sus palabras, «la recuperación, registro y difusión de la música de Chiloé».

De la isla a Santiago y el mundo
Aunque el grupo se fundó en Puerto Montt, sus integrantes son todos oriundos de Chiloé, y consideran a la isla como su marca de esencia. De ahí, además, su elocuente nombre, vinculado de forma automática al paisaje de lluvia, pesca, follaje y neblina característico de la Isla Grande. La banda nació como el proyecto de varios profesores de música, amigos desde sus tiempos de estudiantes en la Universidad Austral. Incluyó desde un principio a Jaime Barría, desde entonces y hasta ahora director musical (y que, en paralelo a su trabajo junto al grupo, ha alimentado un trabajo de pianista registrado en varios discos).

Su repertorio alterna temas tradicionales del folclor chilote con composiciones del propio Barría, quien nunca ha tenido problemas para combinar lo típico con elementos de pop, jazz y música de cámara, «en la búsqueda de un lenguaje propio», según ha explicado. Chiloé carga con una larga tradición musical, no siempre conocida por sus artistas, y anclada en la integración de instrumentos como el acordeón, el bombo, la guitarra y la flauta traversa, «típica de las antiguas bandas que tocaban en las iglesias y procesiones. Nosotros hicimos lo mismo, también con citas a los ritmos de la Colonia, esa característica muy festiva y con algunas cosas muy nostálgicas».

Desde un principio, el grupo se preocupó de dejar registro de su trabajo. A partir de 1984, comenzaron a grabar cassettes de algunas presentaciones en vivo que luego autoeditaron bajo los títulos Música de Bordemar (1984) y Banda de Bordemar 2 (1986). La difusión de estos trabajos les fue ganando los primeros elogios, como éste publicado en la capitalina revista El arado: «Algunas de sus creaciones resultan sorprendentemente apegadas a las formas tradicionales, en donde la melodía, el juego instrumental y los ritmos se complementan al extremo de que su música hace aparecer a un Chiloé vivo y lleno de fuerza vital».

Su profesionalismo terminó llamando la atención también en Santiago, y en 1987 el grupo logró al fin grabar un trabajo de estudio con distribución formal. Colores de Chiloé apareció bajo etiqueta Alerce, e integró algunos títulos antes disponibles sólo en sus grabaciones en vivo. Según el poeta Clemente Riedemann (en nota para el diario El Llanquihue), el sonido del grupo sintetizaba como el de nadie más «la complejidad cultural de nuestra provincia […]. El “sonido Bordemar” ha superado con tranquilo donaire los limites del criollismo, para expandirse hacia la pluralidad de gustos e interpretaciones estéticas. Ello ha ocurrido en virtud de la genuina identidad cultural de esta música, fuertemente enraizada en su hábitat, pero atenta a las lecturas clásicas de la tradición occidental y el sesgo agresivo de la acústica contemporánea».

Con y sin el apoyo de Alerce, la banda se mantuvo grabando durante los siguientes años, incorporando de a poco las nuevas ideas nacidas de su investigación, como, por ejemplo, la percusión integrada a E-mar, su disco del año 2001. Dentro de esa misma exploración debe incluirse su cassette Bordemar canta a los niños (1994). Entre sus composiciones para televisión, se cuentan la “Cueca Tierra Adentro”, así como música especial para los programas de TVN “Los patiperros” y “La fiera”.

Las giras al extranjero (Argentina, Francia, Suiza, Cuba, Brasil, Canadá) y las presentaciones ante conspicuas concurrencias (como en el Palacio de La Moneda o la cumbre del APEC) no le han quitado a Bordemar el interés por la difusión a pequeña escala. «Somos un grupo regionalista, y nos interesa mucho tocar en zonas aisladas y gente de la zona. Decimos que somos chilotes; los de Santiago son chilenos». Desde esa autoimpuesta lejanía, la música de Bordemar garantiza un sonido de imposible comparación.

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