Guadalupe del Carmen
Foto: Archivo de Luis Campos González

Guadalupe del Carmen

El carnet de identidad de Guadalupe del Carmen es impreciso. Tiene el nombre de Esmeralda González Letelier y asume que el nacimiento de la principal voz de la ranchera chilena, de la propulsora de los charrasqueados y de la diva de villorrios y peones, se registra el 7 de enero de 1931 en una pequeña casa de adobe y troncos levantada en una suave loma de Quilhuiné (otro registro apunta su natalicio el 12 de octubre de ese mismo año). Guadalupe del Carmen es una de las figuras fundamentales de la música popular chilena de toda la historia, igualable a nombres como Ester Soré (n. 1915) en la interpretación de tonadas, a Margot Loyola (n. 1918) en su trabajo de proyección folclórica y a Violeta Parra (n. 1917) en la composición de música chilena de raíz.

Fechas

Quilhuiné - 07 de enero de 1931
Peñablanca - 05 de junio de 1987

Décadas

1940 |1950 |1960 |1970 |1980 |

Géneros

Guadalupe del Carmen

Fabián Llanca

Como Esmeralda fue conocida en sus primeros años en ese caserío aún más rural que Chanco. Sobre la fecha no hay seguridad de que sea ésa con exactitud, pues era costumbre aguardar varios meses, más por la distancia y la dejación que otra cosa, entre el parto y la inscripción en la parroquia a través de la fe de bautismo. En la precaria vivienda creció a campo abierto y cultivó su destreza musical innata. Alrededor de un brasero con la tetera humeante ella absorbió letras, melodías y tonadas clásicas que formaban la tradición oral de la zona costera del Maule sur.

Criada en un hogar predominantemente femenino, aprendió a tocar la guitarra para animar veladas íntimas, pese a que socialmente el canto era patrimonio masculino. Una tía la convenció de viajar a Santiago en busca de mejores horizontes. Sumándose a la migración campo-ciudad, Esmeralda llegó siendo una adolescente a la capital y tras unos primeros meses inestables, logró conseguir un empleo como vendedora de la céntrica tienda Cristalerías Chile. Las convivencias sociales fueron entonces los primeros escenarios de Guadalupe. Ella cantaba cuecas y tonadas. Durante este período es cuando comenzó a caer bajo el influjo de la música mexicana que llegaba a Chile gracias al cine que venía del norte. “Ay, Jalisco, no te rajes”, “Me he de comer esa tuna”, “La mujer de nadie”. Por lejos, “Allá en el rancho grande”, de Fernando de Fuentes, era su favorita.

El nacimiento: Sandra, la Mejicanita
Con una carrera de aficionada recién comenzando, Esmeralda matiza desde entonces su desempeño detrás del mostrador con presentaciones esporádicas en Radio del Pacífico, cuyos estudios estaban muy cerca de su trabajo, en el Portal Fernández Concha. Ahí formaría parte del tumulto de fanáticos que recibió en la Estación Mapocho a Jorge Negrete, en su histórica visita de junio de 1946. “Casi me desmayé”, fue el comentario de Esmeralda cuando le preguntaron sobre el episodio que terminó por marcar para siempre su vida. Un año después conoció a Marcial Campos, la mitad del dúo de cuecas campesinas Los Hermanos Campos, que también forma parte del elenco artístico de esa emisora especializada en espectáculos en vivo usando su gran auditorio. Pronto, la admiración se convierte en matrimonio, el 4 de septiembre de 1947.

Marcial y Esmeralda crearon desde allí una conformación musical que haría historia en la música popular chilena. El trío junto a Eleodoro Campos se radicó en Conchalí y comenzó a actuar en paseos públicos como la Quinta Normal, el barrio Mapocho, el Mercado Central, la Vega Central; en trenes a Valparaíso y al sur. En las radios ella era presentada como Sandra, la Mexicanita. Aquí surge el mito de que Esmeralda en realidad había nacido en Chihuahua, sin que ella hiciera nada para rectificar esta creencia popular que explicaba tamaño caudal de voz.

El empresario artístico Aurelio Rojas Vergara tomó al trío y decidió explorar el mundo de los locales nocturnos y quintas de recreo. Así gestionaría el debut en La Playa y el éxito fue total. Los Hermanos Campos y Sandra, la Mejicanita siguen en El Rosedal, La Higuera, La Carroza, íconos del esparcimiento santiaguino. Rojas, el manager, da pronto otro paso fundamental, que apelaba a populares sentimientos patrióticos y religiosos. Esmeralda ya no sería más Sandra, la Mexicanita. Ahora se convertía en Guadalupe del Carmen, la fusión entre las vírgenes patronas de Chile y México: la Virgen de Guadalupe y la Virgen del Carmen. La nueva estrategia incluyó clases de canto lírico en el conservatorio, donde Esmeralda llega al nivel de una mezzosoprano.

Éxito total: la diva de los jornaleros
El productor musical Jorge Landy la nutre de canciones. La fórmula funciona y así se funda otra sociedad artística que recorre todo el país. Guadalupe, Los Hermanos Campos, Landy y fonomímicos cubren desde las salitreras del norte hasta las Patagonias chilena y argentina, el archipiélago de Chiloé, el centro-sur, ciudades y poblados. En 1949, Guadalupe del Carmen graba “Ofrenda” (de Jorge Landy), registro que pasa a la memoria de la música nacional al convertirse cinco años después en el primer disco de oro. La RCA-Víctor certifica que Guadalupe vende 175 mil copias del single que contiene esta tonada con matices rancheros que habla de los colores de la bandera criolla y de lo bueno que es haber nacido en este rincón del mundo.

Después vino la consagración mediática. Se materializa en la edición del 21 de diciembre de 1954 de la revista Ecran, especializada en la difusión el mundo de Hollywood, pero que se tiene que rendir ante la contundencia de los números que presenta Guadalupe del Carmen. En un reportaje titulado “Conozca a los nuevos”, escrito por Marina de Navasal, aparecen los nombres de quienes prometen convertirse en grandes estrellas chilenas. En la nómina figuran Ester Soré, la Orquesta Los Peniques, Sergio Cancino, Lucho Gatica, Antonio Prieto y ella, Guadalupe del Carmen. Una pequeña fotografía de la estrella cantando y con dos trenzas largas acompaña el párrafo dedicado a la vertiente popular.

Guadalupe legitima el corrido mexicano en escenarios de distinto tamaño y alcurnia. La fusión con el folclor es inminente. Para mayor prueba, Esmeralda ingresa al sindicato de folcloristas el 27 de febrero de 1961 y porta el carnet rojo que certifica su membresía hasta el día en que fallece. En 1960 visitaba Chile el Presidente mexicano Adolfo López Mateos, quien participó en una serie de actividades oficiales. La Primera Dama mexicana, Eva Sámano, advertida del talento de la chanquina, le extiende una invitación para que visite Ciudad de México y pueda cumplir su gran sueño: cantar con mariachis en la Plaza Garibaldi. Guadalupe se entusiasma, hace los trámites migratorios, pero una repentina enfermedad la deja abajo del avión.

Luis, Martín y Marcial se llaman los tres hijos que tuvo con Marcial antes de separarse, a principios de los ‘60. Esta ruptura conyugal no significa un corte abrupto de sus colaboraciones musicales, aunque se convierten en más espaciadas. Guadalupe rehace su vida en pareja con Daniel Sandoval, un taxista capitalino que la conoce en una bajada de bandera. Ambos conviven por 28 años. El rock and roll y el cine estadounidense terminan por eclipsar el influjo transversal y cultural de México y Guadalupe se repliega. Sale de los grandes escenarios radiales. La televisión pisa fuerte y acrecienta su voracidad.

El golpe más fuerte que retumba a Guadalupe, que la voltea y la hace caer es la muerte de su hijo Martín, el menor. El 22 de diciembre de 1971, el muchacho vivía en casa de su padre, Marcial, quien comparte techo con una nueva pareja y sus hijos. Martín recibe un disparo en la cabeza percutado por uno de sus hermanastros. Fue un accidente y una tragedia. “Estuve ida, por no decir loca, cuatro meses”, apuntó Esmeralda años después, en una entrevista en Radio Portales. A Guadalupe se le olvidan las letras de las canciones. La pena era tan grande que además no lograba cantar. Se sumerge entonces en una depresión profunda.

Luis Echeverría Álvarez, Presidente de México que asume en 1970, también invita a Guadalupe a conocer el país del norte. Durante su estadía en Santiago, a principios de 1972, el mandatario insiste en saldar la deuda que se arrastra por más de diez años. Pero Esmeralda no está para viajes: el deceso de Martín la aniquila sin remedio. Como una doliente, la artista comienza a recuperar su voz y las ganas de vivir. Se recompone sobre el mismo escenario y consolida su relación con Sandoval, quien encuentra un trabajo que ampliará los espacios de Guadalupe. Como chofer de un remolque del circo show Timoteo, Sandoval le muestra a Esmeralda que cualquier escenario es válido cuando se trata de cantar.

El renacimiento: el Circo Timoteo
Ella busca la consolidación económica, pese a vender millones de discos: abre y atiende una botillería en la población La Bandera. El local aún funciona y el wurlitzer instalado en un rincón tiene gran parte del cancionero de la rancherita. Son años duros en que las giras dan lo justo, las radios poco la tocan y la televisión es una instancia prohibida. Por ese tiempo, sus compañeros de ruta son Los Hermanos Bustos, Eliseo Guevara, y los comediantes Eduardo de Calixto y Romilio Romo. Eso hasta que el Festival de la Una le abre una ventana inesperada. Guadalupe es llamada para probar en busca de la sintonía popular y como el rédito es inmediato se transforma en artista estable del show de mediodía. Enrique Maluenda, el animador, se convierte en su gran soporte dentro de la estación estatal.

El renacimiento de Guadalupe se basa además en sus continuas giras como estrella máxima del Circo Timoteo, que mezclan música popular con shows de transformismo y humor pícaro. Esta exposición le ayuda a Guadalupe a ver muy de cerca su gran anhelo: viajar a México. La Asociación de Mexicanos Residentes en Chile adelanta que brindará un homenaje a Esmeralda, la noche del 5 de junio de 1987, por difundir los corridos y transformarlos en parte del folclor chileno. El gesto incluye la entrega de pasajes para que por fin ella cante en la Plaza Garibaldi.

Tres semanas antes, Guadalupe siente un fuerte dolor de cabeza en el remolque que comparte con Daniel Sandoval. La carpa multicolor del Timoteo está en Peñablanca, al lado de Villa Alemana. Por esos años, una zona muy conocida por las apariciones de la virgen que veía Miguel Ángel. Esa noche de sábado, la diva popular sufre una descompensación y fallece. El funeral se realiza en la sede de los folcloristas nacionales, frente ala Plaza de Armas de Santiago. Miles de cantantes aficionados, admiradores y anónimos parroquianos se instalan en las orillas de Avenida Ochagavía a ver pasar el cortejo multicolor hasta el Cementerio Metropolitano. La multitud sorprende a los medios de comunicación, que comprueban de esta manera que el fenómeno musical traspasa cualquier frontera social y se enquistó en un lugar de la cultura popular chilena.

Cada año en Chanco, Guadalupe vuelve a la vida como la patrona de los cultores del charrasqueado criollo. El segundo fin de semana de febrero, el municipio local organiza durante tres días el Festival del Cantar Mexicano Guadalupe del Carmen. Es la cumbre anual y una manera de saldar la deuda de gratitud con la diva de los jornaleros.

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