Elena Montoya – La Criollita

Si bien la figura de la cantora, folclorista, recopiladora y autora Elena Montoya, La Criollita ha permanecido en el desconocimiento de la música popular chilena, su activa presencia e intensa creación la convirtieron en el mayor nombre del folclor en el norte. El puerto de Coquimbo, la pampa del desierto de Atacama, las oficinas salitreras y el el santuario de Andacollo, fueron escenarios e inspiraciones de la autora nortina, que dejó escrito ese sentido canto de devoción mariana llamado “Mamanchi”.

Fechas

Coquimbo - 18 de diciembre de 1914
Coquimbo - 14 de septiembre de 1996

Décadas

1930 |1940 |1950 |1960 |1970 |1980 |

Géneros

Iñigo Díaz

Nacida en 1914 como Elena del Carmen Santana Arancibia en Coquimbo, desde niña ella y su hermana Dora experimentaron el gusto por la música, inspiradas por los cantos folclóricos y el tango, herencia de su padre argentino, Simón Santana Álvarez. A los cinco años, tras su muerte, Elena, Dora y su madre viuda, Auristela del Rosario Arancibia Mondaca, debieron trasladarse al Norte Grande para trabajar y vivir en oficinas salitreras como Pampa Unión, Francisco Puelma, Aníbal Pinto o la Anita, y vivir la dimensión y la extensión de la pampa nortina, que después sería fundamental para Elena Montoya y sus canciones, como “Pampina soy”, “Pampa, pampa, pampa” o “Pampa Unión”.

Años más tarde, la familia se mudó a Copiapó, y allí Elena conocería otra dimensión de la música al integrarse al coro polifónico del Colegio de las Madres Auxiliadoras. En 1931, con diecisiete años, regresó a Coquimbo para casarse con Alejandro Montoya y formar allí su familia. Fue entonces cuando dio el paso definitivo para entrar en la música, cuando participó en un concurso para aficionados que organzaba radio La Voz del Norte, de Coquimbo. Ante la presión de los vecinos del barrio El Llano, donde vivían, su marido, que no estaba de acuerdo con que ella cantara, debió autorizarla a participar. Elena ganó el certamen. Fue el punto de inflexión en su historia musical. Los hermanos Puerta Roldán, directores de la radio, bautizaron entonces a Elena como La Criollita.

Su nombre artístico definitivo llegaría luego, cuando Elena viajó a Santiago para actuar en radio Minería. El locutor que le preguntó su nombre —ella dijo Elena de Montoya, en referencia a su apellido de casada— decidió quitarle el “de” y presentarla por esa emisora simplemente como Elena Montoya, La Criollita. Con ese nombre llegaría a editar dos long plays para EMI Odeón en Santiago, en 1969, producidos por Rubén Nouzeilles: La voz y el estilo de Elena Montoya y La Criollita. Sus canciones, mayormente cuecas nortinas, tonadas, cachimbos, trotes, zambas, y valses nutren un cancionero propio.

Una Violeta Parra en el norte
La visita a Chile del guitarrista y cantor Atahualpa Yupanqui fue determinante en la historia musical de La Criollita. Tras verla actuar en Radio La Serena, el argentino se refirió a ella como “la mujer que canta con voz dolorida”. Juntos realizaron una gira por Argentina. Se presentó en Radio Sarmiento de San Juan en 1968 y actuó en escenarios del interior durante tres meses, hasta que decidió regresar a Coquimbo para hacerse cargo de sus hijos. Esa decisión le impidió iniciar una gira junto a Atahualpa Yupanqui por Europa.

En 1971 dejó de tocar en solitario y formó un elenco folclórico de apoyo, que incluía bailes y vestuarios, con el que comenzó a presentarse como Elena Montoya y su conjunto Aiquina. Realizó giras nortinas, con presentaciones en Antofagasta, Iquique, Arica, e incluso la peruana Tacna. Además de cantora e investigadora, fue divulgadora del folclor del norte, a través de una intensa actividad en el programa “Aquí Coquimbo”, que se emitía entonces por Radio Riquelme.

Devota del culto mariano, en una ocasión durante la fiesta grande en la Basílica de Andacollo Elena Montoya escribió una plegaria a la Virgen como manda para que uno de sus hijos se recuperara de una enfermedad. “Mamanchi” se convirtió en la mayor obra de su historia: “Yo vengo desde muy lejos por caminos polvorientos / y he llegado a tu santuario, Virgen Santa del Rosario”.

Según el cantor coquimbano Raúl Talo Pinto, que la conoció en los años ’70 cantando en La Pampilla de Coquimbo y luego compartió con ella en radios y escenarios, “el ritmo del canto [de ‘Mamanchi’] se puede comparar con los sonidos de la flautas de los baile chinos. Hay una simpleza en la música, pero detrás existe una complejidad mayor de todo lo que carga ese pasado precolombino (…) Cada vez que la escuchaba aparecía el olor a tierra, a la sequedad y aridez del norte, el desierto y los valles. Todo ese paisaje está muy visible en sus canciones”.

Además del lamento con recitado de esta “Mamanchi”, las canciones más difundidas de Elena Montoya fueron “La Serena en Navidad”, “Pampillita Coquimbana”, “Pampa Unión”, el villancico “Estrellita luminaria”, el cachimbo “Las mulitas de don Ramón”, “Montegrande”, “Viento, helada y sol”, “Cueca centenaria”, “Marcha Antártica”, dedicada al Presidente Gabriel González Videla, y “Marcha Atacama”, dedicada a la Escuela de Minas de Copiapó.

Fallecida en 1996, en el barrio de El Llano de Coquimbo, una plaza, un monolito y un club de cueca fueron bautizados con su nombre, ya la casa donde vivió en ese sector popular se transformó en un museo de sitio que ha consevado y difundido la familia de Elena Montoya, La Criollita, para los nortinos un equivalente a la Violeta Parra del sur.

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