Diego Manuschevich

Desde que apareció por primera en un escenario en Chile —en el Teatro Italia, en 2002— Diego Manuschevich instaló una dinámica solística que sacudió a las audiencias y a los propios músicos de jazz , con un discurso, un lenguaje y una fortaleza mental y física que lo convirtió en uno de los improvisadores más despojados de toda atadura que se hubieran visto entonces. Manuschevich es uno de los principales cultores del free jazz, el avant-garde y la improvisación libre, como intérprete de saxofones sopranino, alto y tenor, además de clarinete y clarón.

Fechas

Santiago - 11 de diciembre de 1984

Décadas

2000 |2010 |2020 |

Géneros

Grupos

Diego Manuschevich

Iñigo Díaz

Nacido en 1984, hijo del baterista viñamarino Ricardo Manuschevich y hermano menor del también baterista Hugo Manuschevich (n. 1982), vivió toda su adolescencia en Estados Unidos, en la localidad de Hartsdale, cercana a Nueva York. Allí pudo ver sus primeros conciertos de jazz en clubes como el Village Vanguard, Sweet Basil, Jazz Standard y Blue Note. Junto a su hermano configuraron entonces una dupla musical política, ética y estéticamente estrecha, que luego, ya con ambos instalados en Chile, atrajo el interés de una comunidad de músicos.

Influenciados por músicos del jazz de vanguardia como Eric Dolphy, Cecil Taylor, Sun Ra, Anthony Braxton y sobre todo John Coltrane y Elvin Jones, Diego y Hugo presentaron sus proyectos creativos alrededor de conceptos como Construcciones Ornetológicas, Dialéctica Negativa y Núcleo de Resistencia Estética, una especie de versión chilena de la AACM (Association for the Advancement of Creative Musicians), organización creada por músicos de free jazz en Chicago en los años '60. Así, convocaron a músicos como Daniel Navarrete y Andy Baeza, pero también a  nombres de otros circuitos, como Bernardita Martínez, Julio Cortés, Santiago Astaburuaga, Nicolás Carrasco Díaz y el artista visual Fernando Caridi.

Al mismo tiempo Manuschevich lideró un quinteto pianoless de jazz de vanguardia que tocó desde 2004, con Sebastián Zúñiga (saxos alto y soprano), Alfredo Abarzúa (clarinete bajo y flauta traversa) y Carlos Arenas (contrabajo). Con reducciones de este elenco a trío, Diego Manuschevich llevó la improvisación libre al extremo —la denominada "mística pasionera"— con una recordada intervención de 70 minutos en vivo, el invierno de 2005 en la Sala Fech.

Las grabaciones de baja fidelidad de sus primeros tiempos tuvieron un marcado cariz político, expuesto en los álbumes de su sello Mystic Chant Recordz Me cago en la economía (2006) y Chantown (2008), además de Los logros del swing? (2007), del octeto Los Ogros del Swing, coliderado con Hugo Manuschevich. Poco después, Diego se incorporó como clarinetista a la fila de vientos del Ensamble Quintessence, que grabó Anónimo (2009), y desde entonces centró su trabajo en una composición más estructurada, sin abandonar la improvisación identitaria. Así grabó nuevos discos con el sello Animales en la Vía, The calling (2012), en sexteto, y Yelcho (2014), en quinteto, además de Concepts and motifs (2016), trío pianoless de liderazgo tripartito con Javier Valdebenito (contrabajo) y su inseparable hermano Hugo Manuschevich (batería).

Su vida desde 2013 en la ciudad de Estrasburgo, Francia, también lo encaminó hacia el campo educativo. Ello no lo alejó en absoluto de nuevas búsquedas creativas a partir de la música improvisada y el jazz, que se tradujo entonces en una nueva serie de discos editados en el inestable período marcado el estallido social en Chile y la pandemia en Francia y el resto del mundo. Manuschevich publicó una saga completa en poco tiempo, con Garinbop (2019, en quinteto junto al mismo Javier Valdebenito), el más jazzístico de la serie que continuó con obras de improvisación como Maña (2019, a dúo con el guitarrista Diego Aguirre), Kasuitah (2020, grabado en el festival Schnittpunkte der Musik, de Austria, a trío con el mismo Aguirre y el baterista suizo Samuel Dühsler) y 1st kntkt (2020, con el baterista catalán Jordi Pallarés).

"El pueblo unido" en pandemia

Más de 50 voces en un coro, 21 guitarristas, 21 instrumentistas de viento, seis percusionistas, un arpista, 12 violinistas... Un total de 120 músicos doctos en Chile y otros cinco países registraron con sus celulares "El pueblo unido", como un homenaje al estallido de octubre. Así lo presentan: "Nuestra lucha está en pausa".

"Cantar cuando se acaba el mundo"

"Porque esta es mi misión". "Corona blues" es la rockera mirada de Eduardo Carrasco, director de Quilapayún, a  la pandemia. La producción es de Fernando Julio, y lo acompañan, entre varios, ex músicos de Los Bunkers.