Carmen Corena
Foto: La Estrella de Valparaíso

Discos

Carmen Corena

Una voz de mujer es sinónimo de la bohemia porteña del bar restaurant Cinzano en Valparaíso. Es la voz de Carmen Corena. Tangos, valses, boleros, cuecas, tonadas y una guaracha cubana tan característica suya como “Chipi-chipi” son parte del repertorio popular de esta cantante.

Fechas

Muerte: Valparaíso - 23 de abril de 2008

Décadas

1950 |1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |

Géneros

David Ponce

Nacida en Coquimbo, iniciada en Arica, trasladada a Santiago y enraizada al fin en el puerto hasta su muerte en 2008, a los 72 años, dejó registro en los discos Una noche en el Cinzano (2002) y Otra noche en el Cinzano (2007), producidos por Roberto Lindl. Otros cantantes como Alberto Palacios y Manuel Fuentealba son parte del tradicional Cinzano, pero Carmen Corena queda en la historia como la abanderada que desde tal escenario irradió esas canciones populares a oídos del puerto y del visitante.

No me llames por mi nombre
En especial una de las cuecas que grabó en el primero de esos dos discos era familiar para ella. No era cueca porteña, sino minera: “Angostura”.

–”Angostura” es una cueca del norte, y yo soy un poco de esa zona. Mi abuelo era minero –explicaba con motivo de la salida del álbum la cantante, que había nacido en el nortino puerto de Coquimbo. Otra de esas cuecas favoritas era “No me llames por mi nombre”, y es también parte de su historia. Bertina Campusano fue su verdadero nombre, pero el de Carmen Corena fue el que la hizo famosa.

Arica fue un próximo destino de la familia, y allí debutó en 1959, a los 23 años, en unos inicios que ella refería a menudo. “Vivíamos detrás de una boite, y desde el patio trasero de la casa se escuchaba toda la noche a una niña cantar. Un día fuimos ahí de fiesta y por una humorada me subí a cantar y a los músicos les gustó. Y cuando esta niña se fue, se quedaron sin cantante y me fueron a buscar a mí”.

–El jazz era el gusto mío. Tenía muchos discos de jazz, veía muchas películas americanas, me encantaban los musicales y había una producción grande de buenos discos cuando se importaban –recordaba, con músicos como Jerome Kern, Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughn y Nancy Wilson entre sus gustos, aunque con los años también iba a recrear boleros, bossa nova, canciones de la Nueva Ola y éxitos de cantantes como Frankie Laine.

Es en Arica donde conoció la que se transformaría en su interpretación más popular, la guaracha cubana conocida como “Chipi-chipi”, por intermedio de una de las instituciones chilenas de la música bailable en la época. “Esa canción la aprendí de la (Orquesta) Ritmo y Juventud, con (el cantante) Chocolate Rodríguez. Trabajamos juntos en Arica, diez días, tocando media hora ellos, media hora yo”. Eso ya era en 1960. En dos años más iba a estar en la capital.

Santiago y Valparaíso
–Me vine a Santiago en el tiempo del Mundial, un mes antes –recordaba, con un variado recorrido de boites capitalinas como bitácora: Carmen Corena se presentó en el Tap Room de avenida Bulnes, el Mon Bijou de la Plaza de Armas, el Night and Day de Agustinas con Ahumada en el subterráneo de Radio Portales, la Capri de Santo Domingo, El Escorial de Morandé, El Embajador en Catedral frente al Congreso, El Bodegón, el Club de la Medianoche o el histórico Picaresque de Recoleta.

Pero la orilla del mar tiraba a la cantante, hija por naturaleza de la orilla del mar. En los veranos viajaba a actuar a Cartagena, San Antonio y Valparaíso, y en esta última ciudad recordaba haber debutado en el tradicional Café Checo. Dos años más tarde de su arribo a la capital era la cantante femenina o lady crooner de la orquesta del Casino de Viña del Mar que dirigía el maestro Izidor Handler, donde cantó entre 1964 y 1967 y compartió con músicos como Rafael Traslaviña, Luis Barragán, Roque Oliva, Andrés Caro y Carmelo Bustos.

Es la misma época en la que Carmen Corena refería haber hecho giras nacionales con cantantes de la Nueva Ola como Peter Rock, Luis Dimas y los porteños Luz Eliana y Larry Wilson, sin abandonar su trabajo en el circuito nocturno de Valparaíso. Fue por medio de un locutor de Radio Agricultura que, después de trabajar en uno de los bares del puerto, llegó al Cinzano con fecha exacta: el 1 de agosto de 1986. Para entonces encabezaba un Trío Internacional junto a Augusto Díaz (guitarra) y José Pollo González (piano), y en adelante no iba a abandonar el elenco del tradicional bar restaurant.

Carmen Corena fue la voz más estable del Cinzano, al lado del cantante de tangos Alberto Palacios, llegado un año antes, del acordeonista argentino Víctor Carbone y de futuros colegas como el tanguero porteño Manuel Fuentealba, el ya fallecido guitarrista Benjamín Campos, el propio Pollito González en piano y acordeón, el acordeonista Luis Barrera y el guitarrista y bajista Peter Álvarez. La mayoría de ellos se oye en Una noche en el Cinzano (2002) y Otra noche en el Cinzano (2007), los discos con que el músico y productor Roberto Titae Lindl hizo un valioso retrato musical de este elenco.

Ya durante la preparación del segundo álbum la cantante mostró complicaciones cardiacas que obligaron a posponer las grabaciones, y su muerte, el 23 de abril de 2008, dejó inconcluso el plan de Titae de grabar con ella un disco como solista. Pero es una historia cuantiosa de canciones populares la que queda en la memoria de los miles que la vieron en el escenario del Cinzano. Y el mismo repertorio anda en los discos que turistas de todo el mundo llevaron consigo tras oirla cantar en Valparaíso, para multiplicar los rumbos de Carmen Corena, cantante de viajes y de puertos.

Beto está de vuelta

El cantante ofrece un concierto este jueves 13 en el Movistar Arena, para comenzar a celebrar sus 30 años de carrera. Éxitos de La Ley y nuevas composiciones, como el single “Rosas en el lodo” junto a los colombianos Monsieur Periné, serán parte del repertorio. El sábado 15 repite en el Espacio Marina de Concepción.

Padre e hijo
Le-Bert

Dos discos se presentan este viernes en El Sindicato (Maipú 424, Barrio Yungay). El primero solista de Camilo Le-Bert, voz del grupo de rock y fusión Fósil, y el cuarto solista  de Luis Le-Bert, donde revisa, solo con guitarra y voz, canciones de Santiago del Nuevo Extremo.