Camilo Fernández

Su trabajo en radio, televisión, prensa y sellos disqueros explica la definición de Camilo Fernández como uno de los nombres con más influencia acumulada en el desarrollo de nuestra industria musical. A partir de la década de los cincuenta, el productor se asoció de modo sucesivo a algunas de las figuras significativas del canto en Chile; contribuyendo con su gestión al fortalecimiento de, sobre todo, la Nueva Ola, el neofolclore y la temprana Nueva Canción Chilena.

Fechas

1930
Santiago - 24 de enero de 2011

Décadas

1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |

Géneros

Marisol García

Su historia es como la de muchos productores que, en Chile y el extranjero, supieron ver en determinados artistas un potencial comercial, y que fortalecieron su influencia a través de un olfato excepcional para anticiparse a las modas y convertir también la música en un buen negocio.

Adelantarse a los éxitos
La frase «Tómelo con Andina» fue su debut en el mundo publicitario. De allí pasó a la radio, y llegó a ser director de Portales y Chilena. Camilo Fernández había nacido y crecido en Valdivia, pero sus ganas de estudiar Odontología en la Universidad de Chile lo llevaron tempranamente a Santiago. Cuatro años había durado en la carrera (hizo luego un año de Ciencias Políticas), pero fue más fuerte su interés por la dinámica del negocio musical. En las radios por las que pasó como programador destacó por adelantarse a los éxitos y saber guíar aquellos singles con potencial de hits. Una suscripción al semanario Billboard lo mantenía siempre al tanto de las listas de venta del Primer Mundo. En paralelo, colaboraba desde 1954 con la revista Ecrán, comentando discos en la sección “Discomanía”.

Luego de trabajar para los sellos Goluboff y RCA-Víctor (en esta última disquera, como asesor y productor artístico, había hecho debutar a Peter Rock y Nadia Milton, pioneros de la Nueva Ola), Fernández decidió utilizar su buen olfato comercial en una compañía de discos propia (subsidiaria de RCA). En 1962 fundó Demon, casa disquera que no hizo sino confirmar su visión de negocios cuando lanzó el primer LP the los Ramblers (The Ramblers, 1962) y su famoso single “El rock del Mundial”. Fernández volvió a dar en el clavo:

«Por cada gol que metían los chilenos, yo vendía cincuenta mil copias más», contaría más tarde.

Las siguientes grabaciones para Los Harmonic’s, Luz Eliana (con quien Fernández grabó a dúo la canción de 1963 “Quiero quedarme
contigo”) y Sergio Inostroza (otro récord de ventas por singles como “Bienvenido, amor” y “La pera madura”) probaron el acierto de su apuesta por un pop levantado sobre versiones en español para éxitos extranjeros (sobre todo, estadounidenses e italianos), pero también proveyéndose de sus propios temas. De su marcador paso por RCA-Victor, el libro Historia social de la música popular en Chile, 1950-1970 es elocuente:

«A su llegada, Fernández redujo el número de artistas nacionales con contratos de grabación, concentrando los esfuerzos en las mejores figuras y las más vendedoras, que serían promocionadas internacionalmente para convertirlas en artistas de exportación. Entre los seleccionados para esta tarea figuraban Gloria Simonetti, Pedro Messone, Gervasio, Luisín Landáez, Humberto Lozán, Ramón Aguilera, el Dúo Rey-Silva, Los Hermanos Campos y Los De Ramón».

Hacia inicios de los años sesenta, Fernández concentraba labores privilegiadas y de innegable influencia en el mercado local: director musical de radio Portales, productor de RCA, propietario de Demon y columnista de Ecrán.

«Nací con la facilidad de identificar a buenos artistas y cantantes, escucho música desde los 4 años, tenia así como la facilidad genética o psicológica para darme cuenta», diría más tarde Fernández sobre el secreto de su éxito y la preocupación por lo que él llamaba el «ángel» de sus contratados. «Uno no puede pedir una capacidad técnica extraordinaria, sino que lo importante en la música popular es la comunicación, y si eso se cumple, se está al otro lado».

Desde mediados de los años sesenta, su trabajo con Los Cuatro Cuartos (a quienes había hecho famosos al llevarlos a radio Corporación), Las Cuatro Brujas y Ginette Acevedo, entre otros, lo puso al frente de la renovación de canción de raíz y tonada conocida como neofolclore. En un viaje a Argentina, el productor había conocido a grupos trasandinos de raíz folclórica como Los Huanca-Hua, y buscó el modo de reproducir eso en Chile a su regreso. Su labor como discjockey en radio Portales fue, también, señera para la difusión de música extranjera en el país.

A través su contrato con Isabel y Ángel Parra, el productor se fue adentrando en la naciente escena de la Nueva Canción Chilena, gestada en un principio desde calle Carmen, en la legendaria Peña de los Parra. Allí conoció a Patricio Manns y a Víctor Jara, a quienes también fichó para su disquera. Fernández acogía así no sólo a artistas mayores de nuestra canción, sino también a éxitos radiales y patrimoniales como “El cigarrito”, “La jardinera” (en versión de Isabel Parra) y “Arriba en la cordillera”. Su relación con esa generación de autores terminaría de un modo agrio, en medio de fuertes discusiones por la distribución de regalías tras el Golpe de Estado de 1973. Los hermanos Parra, Patricio Manns y la viuda de Víctor Jara acusan al productor de haber profitado de las grabaciones originales con nuevas ediciones de las que nunca se enteraron, pues estaban en el exilio.

A principios de los años setenta, Demon debió cambiar su nombre a Arena cuando el productor se enteró de que la marca ya estaba registrada en Japón. Bajo esa nueva etiqueta siguieron apareciendo grandes éxitos de gente como Buddy Richard, Los Bric-A-Brac, Clan 91 y el grupo rock Aguaturbia.

En la TV

Instalado más tarde como director artístico de RCA, Fernández fue reemplazando progresivamente su trabajo disquero para involucrarse en televisión. A inicios de los años setenta creó el programa juvenil “Música libre”, de enorme éxito. En 1971, Helvio Soto lo llamó a hacerse cargo de la creación de un área musical en Televisión Nacional. Fue idea de Fernández apostar por un formato de «estelares», para los que se expresamente se contrató a César Antonio Santis como animador, a Gonzalo Bertrán como director, y a Horacio Saavedra como arreglador y director orquestal. El equipo le dio forma a “120 kms. por hora”, el primero de una serie de espacios similares que el mismo equipo cerró con “Kukulina show” (1975).

Tras el Golpe de Estado, sus compañeros partieron a otros canales (y al exilio, en el caso de Helvio Soto), y Fernández se mantuvo en Televisión Nacional, asesorando otros programas nocturnos de parcial foco musical, como “Vamos a ver”, “La canción de todos los tiempos” y “La gran noche”. En una carta a El Mercurio, Fernández explicaba que «paralelamente, en Canal 13, Gonzalo y César realizaban excelentes musicales. Para “combatirlos” llegué a un acuerdo con el sello español Hispavox para presentar en forma exclusiva en Chile a sus artistas en TVN. Así tuvimos por varios años la exclusividad para Chile de Raphael, Alberto Cortez, Mari Trini, José Luis Perales, Paloma San Basilio, entre otros».

Fue varios años productor artístico del Festival de Viña del Mar y también jurado. Junto a Raúl Aicardi le dio forma a la primera señal de Canal 9, donde fue productor y jurado de famosos programas, como “Chilenazo”.

Últimas tareas
Su participación como uno de los tres jurados oficiales del programa televiviso “Rojo VIP”, durante el 2005, estuvo cruzada por la inesperada denuncia de fraude que en su contra arguyó Óscar Andrade. El cantautor incluso sacó a colación en cámara las deudas históricas de Fernández con regalías de los artistas del neofolclore y la Nueva Ola. La acusación fue confirmada públicamente por Patricio Manns e Isabel Parra. Fue una de las últimas veces que Fernández ocupó titulares de prensa. Las complicaciones de su diabates había ido debilitándolo, pese a lo cual no dejó de hacer al menos un espacio radial (“Según pasan los años”, en Oasis). En casa de su hija, y luego de un infarto cerebral, el más importante productor pop del país falleció el 24 de enero de 2011.

En sus éxitos y en sus polémicas, Camilo Fernández aparece como un nombre ineludible si se analiza a la música chilena desde una perspectiva comercial. Su filosofía quedó sintetizada en una entrevista de 1996 para revista La Nota: «El negocio de la música popular está basado en que los productores le den a la gente lo que la gente quiere. Y la gente querrá lo que las políticas culturales quieran. Y esto vale para todos los medios de comunicación».

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