Andrea Andreu

El legado de la centenaria Margot Loyola Palacios está presente en el canto de Andrea Andreu, autora, intérprete de música de raíz y una de las últimas discípulas de la folclorista, investigadora y cantora linarense, junto con los nombres de Natalia Contesse y Claudia Mena, entre otras mujeres que llegaron hasta su casa en la comuna de La Reina para recibir sus enseñanzas. Principalmente a través de su disco Legado (2012), con abundantes canciones y danzas entregadas por la maestra, Andreu dio cuenta de esa experiencia. Pero incluso la influencia se traslada hasta sus primeros tiempos en la música folclórica, cuando integró el conjunto de proyección Palomar, creado por Loyola en los años ’60.

Fechas

Santiago - 06 de febrero de 1980

Décadas

2000 |2010 |

Géneros

Iñigo Díaz

Ya desde niña, Andrea Andreu tuvo contacto directo con la música, a través de una familia involucrada con el folclor, la cultura popular y la educación. Sus padres se conocieron en el conjunto de proyección folclórica Rauquén y más tarde formaron el grupo Raíces, vinculado también al sello discográfico Raíces. Fueron los tiempos en que participó en conjuntos folclóricos como Los Parralitos, dirigido por Lucy Casanova, y que en su vida cotidiana ya figuraba la presencia de las investigadoras Margot Loyola, junto a Osvaldo Cádiz, Silvia Urbina y Gabriela Pizarro, todas cercanas a su familia. En la adolescencia integraría la estudiantina La Aurora, a cargo del profesor normalista José Iturra Iturra, y luego ella misma fundaría la Tuna de Señoritas de la Universidad de Chile, durante su época de estudios de Licenciatura en Música en la Facultad de Artes, con la que realizó viajes por Chile y México.

Entre 2010 y 2011, Andreu integró Palomar, uno de los más simbólicos elencos nacidos en la época de oro de los conjuntos jóvenes de proyección folclórica, episodio que volvió a encontrarla con Margot Loyola. Un primer trabajo solista y autogestionado, titulado Margot y Violeta (2011), apareció como un ejercicio muy preliminar de registro de canciones. Nunca fue distribuido públicamente pero vino a marcar ese rumbo musical. Poco después se vería ampliado con su estreno discográfico ya profesional, con ese Legado (2012). Entonces Andrea Andreu emprendió viajes por México, Perú, España, Suecia, Francia e Inglaterra mostrando el repertorio de cuecas, tonadas y valses, muchas de ellas vernáculas y recopiladas («Ahora que estoy solita», «El palomo» , «No quiero querer a nadie», «Noche sombría»), además de autorías de la propia Andreu («Rojo humano», «Aguas turbias»).

Su trabajo se desdobló luego al teatro, y entre 2014 y 2017 se desempeñó como directora musical de la compañía teatral La Dramática Nacional, para la que compuso música basada en cantos y danzas tradicionales para las obras “Chañarcillo” y “La canción rota”, ambas del dramaturgo Antonio Acevedo Hernández. En 2017 presentó su segundo disco solista, Raíz, donde compuso canciones en ritmos de cueca, tonada, vals, y aires nortinos, en una propuesta que superó el solo contexto del canto folclórico con guitarra y entonces exploró en el uso de instrumentos diversos como el saxofón, el piano, el arpa, el bajo eléctrico, la batería y todo tipo de percusiones.

Su investigación académica de 2017 «Visión comparativa de las afinaciones de la guitarra tradicional en Chile, Perú y Argentina», donde registró 85 afinaciones presentes en los tres países, tuvo como corolario la edición del disco La guitarra y sus temples en Chile, Perú y Argentina (2018), que grabó junto a los cultores Rolando Carrasco Segovia y Atilio Reynoso, de esos dos países, respectivamente.

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