Solar

Diversos problemas internos muchas veces convirtieron el trabajo de este grupo en un trayecto cuesta arriba, pero el recuerdo de Solar está más vinculado a la potencia de su música, un rock de alto vuelo y detalles eléctricos rara vez trabajado por las bandas chilenas. A través de diversas formaciones y sellos, el grupo publicó tres discos antes de decidir una disolución definitiva, a fines del 2003.

Leer más

Años

Santiago, 1994 - 2003

Décadas

1990 |2000 |

Géneros

Solar

Integrantes

Alejandro Gómez, voz y guitarra (1994 – 2003).
Ricardo Contesse, guitarra (1994 – 1998 / 2002 – 2003).
José Domínguez, bajo (1994 – 2003).
Javier Pañella, teclados (1994 – 1997).
Juan Pablo Tapia, batería (1995).
Claudio Olguín, batería (1995 – 1998).
Alejandro Gatta, batería (1998 – 2003).
Ricardo Halabí, guitarra (1998 – 1999).
Juan Pablo Arredondo, guitarra (2001 – 2002).

Marisol García

«La mejor banda»
Durante sus diez años de existencia, Solar avanzó de algún modo como el proyecto de Alejandro Gómez, un cantautor con previas colaboraciones para Sien y Sicadélica, y que pasó parte de su infancia y adolescencia en México y Alemania Oriental (como consecuencia del exilio de su padre, el destacado periodista José Gómez López).

Seguidor del rock inglés clásico y de la corriente shoegazer en boga a principios de los años noventa (My Bloody Valentine, Ride), el guitarrista y cantante reclutó al tecladista Javier Pañella, el guitarrista Ricardo Contesse, el bajista José Domínguez y el baterista Juan Pablo Tapia para que juntos formaran lo que, en sus palabras, sería «la mejor banda de Chile». Cuando el circuito local en vivo comenzaba recién a descubrir la guitarra eléctrica como un instrumento capaz de algo más que riffs y estridencia, Solar pulió un sonido distinguido por el equilibrio armónico entre Gómez y Contesse, y las imaginativas lineas melódicas que salían del teclado de Pañella.

El inicial trabajo discográfico del quinteto fue coherente con su vocación profesional. Al EP Medícame (1996) lo siguió un álbum con productor inglés y mezcla en Londres. Play (1997) lanzó de inmediato a las radios “Por costumbre”, un golpe pop con vestimenta rockera y sin estribillo que descolocó los juicios convencionales (mucho más, luego del pícaro “all right!” que Gómez colaba a los dos minutos).

En entrevistas, la apuesta del grupo por la franqueza agitó la corrección-ambiente con titulares elocuentes, como éste en el diario La Época: «Dios nos libre de hacer letras como las de Fito Páez». Las incesantes comparaciones con Soda Stereo pasaron por alto las muchas señas inglesas implícitas en su disco. Solar asumió los comentarios sin complejos y aceptó telonear la despedida de ese grupo argentino en el Estadio Nacional de Santiago, en septiembre de 1997.

El trabajo de promoción probó ser más exigente de lo imaginado, y para el primer trimestre de 1998 Pañella y Contesse ya habían renunciado a Solar (aunque el guitarrista retornaría a la última etapa del conjunto). Los cambios internos fueron mal interpretados por su casa disquera, y el grupo decidió terminar su contrato por tres álbumes con BMG e intentar un futuro independiente.

El single “Nadie me dijo”, autoeditado en 1999, fue la primera prueba de su decisión de perseverar, reforzada luego por el minidisco Sábado (2000). Para entonces —y luego del paso del guitarrista Ricardo Halabí—, Solar era un trío con filosofía de tal, que mantenía a Gómez y Domínguez e integraba a Alejandro Gatta como baterista. Su sonido se había depurado hacia un destilado más áspero, consecuente con su renovado interés por grupos como The Jam. Esa precariedad se reforzó hasta lo fundamental en su siguiente grabación, que Gómez registró íntegramente en su departamento.

Las dificultades internas y la tibieza pública hacia su música ya habían desgastado para entonces al grupo (al cual se había integrado el guitarrista Juan Pablo Arredondo), y Solar trabajó en el álbum sabiendo que se trataría de una despedida. Así, presentaron Sentido común como «un disco póstumo», y lo lanzaron a teatro lleno en una sala de Matucana 100, en diciembre del año 2003. «Solar cumplió con su cometido. Me gustaría pensar que tuvo un momento y tuvo vida. Es parte de la historia de Chile y eso está documentado en tres discos. Diez años es suficiente para un grupo», dijo luego su líder. Quedó como despedida lo que muchos comentarios consideran el mejor disco de su carrera, una síntesis de rock poderoso y delicadeza instrumental, moderada por las nuevas inquietudes sociales de Gómez en sus versos.

Que el fin de Solar se haya debido al cansancio quedó de inmediato desmentido. Todos sus integrantes se ocuparon al poco tiempo en otros proyectos musicales: Domínguez y Gatta en Tsunamis, Arredondo en Fiskales Ad-hok, Contesse en composiciones para teatro, y Alejandro Gómez en la asesoría a discos ajenos (María Ela, Ygal Glisser). Gómez y Contesse se reunieron más tarde para reformular sus ambiciones en el proyecto Alamedas, un grupo de incisivo rock social que publicó su debut a fines del 2005.

Natalino sale a recorrer Chile con nueva canción

El trío romántico abre su itinerario el 14 de diciembre con un concierto en Valdivia. Seguirán en Puerto Varas, Casablanca, Panquehue, Maullín, Curacaví, Quintero y Papudo, entre otras localidades. Con miras a su nuevo álbum, titulado Natalino vivo, el grupo liberó además la balada “No volveré a caer”, del autor curicano Lenny Zing.

El año de Jorge Peña Hen

A 45 años de su asesinato a manos de la Caravana de la Muerte, en La Serena se levantó un monumento que recuerda su pionera labor como educador.