Silvia Infantas
Foto: Archivo de Música Popular Chilena UC (Ampuc)

Silvia Infantas

Silvia Infantas es la última gran figura de la música folclórica típica que imperó en Chile por más de cuatro décadas y que, desde Los Cuatro Huasos en los años ’30 hasta Los Huasos Quincheros aún activos, se basa en la tonada como símbolo de chilenidad. Silvia Infantas y los Baqueanos y Silvia Infantas y los Cóndores fueron los grupos que la cantante encabezó en los ’50 y ’60, con hitos como el vals ‘‘La batelera’’ y la universal canción de Vicente Bianchi y Pablo Neruda ‘‘Tonadas de Manuel Rodríguez’’.

David Ponce

Aunque Sylvia (con y en el nombre original) Elvira Infantas Soto nació en Santiago, fue en el puerto donde vivió su niñez, en el barrio El Almendral de Valparaíso. ‘‘Nací accidentalmente en Santiago pero toda mi familia vivía en Valparaíso. Siempre digo que soy porteña porque me crié hasta los catorce años allá’’, explica. Su padre fue el cantante de ópera y autor Jorge Infantas (1898-1968) y su hermano, también músico, actuó con el compositor Luis Bahamonde, autor de la tonada ‘‘Fiesta linda’’ y también porteño.

‘‘Lucho Bahamonde venía a la casa nuestra a cantar y tocar guitarra con mi hermano. Tuvieron dos conjuntos en Valparaíso y una vez actuaron en Santiago. Siempre viví dentro de la música. Éramos cuatro hermanos, dos hombres y dos mujeres, y todo en la casa fue guitarra, piano, canto. Mi abuelita se sentaba todas las tardes a tocar el piano y yo detrás de ella me ponía a bailar’’, recuerda. Fue en esa casa familiar donde Silvia Infantas tuvo su primer encuentro cercano con la música, a los catorce años.

‘‘Un amigo de mi papá iba a ir al extranjero y le dejó a guardar un alto de discos. Entramos a la pieza donde estaban, había un tocadiscos y empezamos a ponerlos, de guatita en el suelo. La mayoría eran folclor. De Los Cuatro Huasos, Las Cuatro Huasas, Los Huasos de Chincolco. Me empecé a aprender las canciones, las andaba cantando. Mi papá de repente me acompañaba en guitarra o piano, aunque no quería que yo fuera cantante. Decía que era muy sacrificado, que se sufría mucho, que esto, que lo otro’’.

Las advertencias no hicieron efecto. ‘‘Matecito de plata’’, de Los Cuatro Huasos, o ‘‘En Chillán planté una rosa’’ y ‘‘El relojito’’, de Las Cuatro Huasas, son las primeras canciones que Sylvia Infantas recuerda haber aprendido. En 1942 se inició como solista, acompañada por su hermano en las primeras visitas a la radio. Cantó en emisoras como Cooperativa, Minería, Corporación, Antártica y Prat, junto al pianista Jorge Astudillo, y su primer repertorio fue la música en boga en los años ’40: boleros y canciones.

La revista ‘‘Radiomanía’’ la eligió entre ‘‘los mejores del año 1943’’ como ‘‘cantante melódica’’, junto a Ester Soré como ‘‘cancionista’’, Maruja Cifuentes como actriz teatral y Nicanor Molinare como folclorista. También fue escogida entre ‘‘los cinco mejores números del año’’ con Sonia y Myriam, Los Huasos Quincheros y el Trío Melódico de Donato Román Heitman. Para 1949 su repertorio ya era folclor. La misma revista la mencionó ese año como ‘‘la bella y destacada intérprete que actúa con todo éxito’’ en el programa ‘‘Chile, fértil provincia’’, que conducía Manuel Lagos del Solar en radio Corporación.

‘‘Lo primero que empecé cantando fueron canciones melódicas y tuve mucho éxito. Pero después me empezó a gustar el folclor y me quedé con esto, porque es lo mío’’, dice. Y una nueva vocación apareció luego en su carrera: la actuación. Silvia Infantas fue actriz del Teatro de Ensayo de la Universidad Católica entre 1946 y 1952 y, con directores como Pedro Mortheiru, Fernando Debesa, Eugenio Dittborn y Claudio di Girólamo, actuó en El gran farsante, El tiempo y los Conway, Contigo en la soledad, El cid, El burlador de Sevilla, Invitación al castillo, Pigmalión, El senador más honorable y La anunciación a María, de Paul Claudel. Este rol le valió el premio Caupolicán como mejor actriz en 1950.

La música se transformó en su prioridad cuando formó Silvia Infantas y los Baqueanos entre 1953 y 1959 y, luego, Silvia Infantas y los Cóndores entre 1960 y 1969, grupos en los que puso su característica voz de ligero vibrato al servicio de una mayoría de tonadas y cuecas. Tras el fin de los Cóndores volvió a la actuación. Encarnó a Carmela en un montaje de La pérgola de las flores en 1970 junto a Ana González y Silvia Piñeiro, de quien había sido compañera en el Teatro de Ensayo de la UC. Cumplió un par de años de actividad teatral antes de tomar el retiro definitivo que mantiene hasta hoy. En el último año del siglo, el compilado Héroes y tradiciones (1999) estableció la antología del aporte de la voz y de los dos conjuntos de Silvia Infantas al repertorio folclórico chileno.

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