Rosamel Araya

Cultor desde los años cincuenta del vals peruano adaptado a Chile y del bolero más destemplado, Rosamel Araya es hoy en Chile un nombre reconocible dentro del subgénero de la llamada «canción cebolla», aunque su real particularidad es haber obtenido en Argentina un éxito mucho mayor al que consiguió en nuestro país. Nacido en San Antonio, el cantante buscó suerte tempranamente al otro lado de la Cordillera junto a su trío acompañante Los Playeros, y primero en Mendoza y luego en Buenos Aires hizo de su canto destemplado una marca de estilo de admiración masiva.

Fechas

San Antonio - 30 de agosto de 1936
Buenos Aires (Argentina) - 12 de febrero de 1996

Décadas

1950 |1960 |1970 |1980 |1990 |

Géneros

Rosamel Araya

Marisol García

Su discografía —casi toda desarrollada en Argentina— muestra un repertorio romántico acogido a arreglos de trío y de orquesta, incluso con desvíos atrevidos hacia el folclor y el easy-listening. Sus versiones para estándares como «Nube gris», «Alma, corazón y vida» y «Propiedad privada» sorprenden hasta hoy por la fuerza de su registro. El libro Historia social de la música popular en Chile, 1950-1970 destaca de su estilo que «desde su modo apretado y acongojado de canto, característico de la forma cebolla de interpretación, construye el lamento y el ruego que le permiten abordar el vals. Rosamel Araya utiliza formatos vocales e instrumentales distintos que reúne con propiedad, ampliando bastante el rango de su repertorio. Usa la combinación de guitarras y trompetas de la ranchera mexicana; las guitarras rítmico-armónicas y melódicas del vals peruano —con coritos de trío de bolero—; y suma las cuerdas de la balada romántica».

Un concurso en la Radio Sargento Aldea, de su natal San Antonio, fue el primer espacio para que Araya se convenciera de que podía convertir su afición por el canto en un camino profesional. A los 18 años de edad, quien entonces trabajaba como junior en la compañía naviera Chadwick-Herrera se quedó con el segundo lugar del espacio «Voces nuevas 1954». El reconocimiento lo animó a mudarse primero a Valparaíso y luego a Santiago, siempre a su rastra con Los Ases del Caribe y sus guitarras, un trío de amigos (más tarde, Los Playeros) formado en el puerto entre Lorenzo Loncho Sandoval y los hermanos Fidel y Ulises Álvarez.

El single “Amor prohibido / No, no digas nada” aparece como la única grabación hecha por Rosamel Araya y Los Ases del Caribe en Chile. Los dos boleros llenaban un disco de 45 RPM editado por RCA-Victor en 1958, pero cuyas quinientas copias el propio cantante tuvo que pagar. Iba a decirle más tarde a revista Ecran: «Me dirigí a Santiago dispuesto a abrirme camino, pero no tuve mucha suerte. Trabajé en radio del Pacífico y en otras emisoras sin saber de un éxito verdadero. Entonces pensé que era mejor buscar otras posibilidades en Argentina».

El libro Llora, corazón, de la periodista Marisol García, detalla el asombro y rápido ascenso que consiguió el sanantonino en ese país desde su primer viaje promocional. Se radicó en Buenos Aires en 1959, y allí llegó a participar de programas de televisión y radio. Fue, además, copropietario del sello discográfico Discjockey y agente de artistas. Sus viajes por Latinoamérica fueron constantes al menos durante toda la década de los sesenta.

Regresó a Chile, aunque por breve tiempo, en 1978, y se mantuvo en la música con presentaciones en vivo y algunas publicaciones. Su contacto con Argentina fue permanente, incluso con encargos cinematográficos como el filme La carpa del amor (1979), donde compartió créditos con actores como Cacho Castaña y Ricardo Darín. Su último disco, A mi manera, apareció en 1994. Dos años más tarde, el cantante falleció en Buenos Aires, donde su cuerpo descansa en el Cementerio de La Chacarita, tal como él lo pidió, pensando, en evidente síntoma de su afán de gloria, «morir como Gardel».

La muerte de un artífice

El 19 de junio se cumplen 50 años del fallecimiento del músico, como consecuencia de un accidente automovilístico en las afueras de Valparaíso. Desde 1959, el pianista Omar Nahuel encabezó a una generación de modernos jazzistas y dejó para la historia valiosos álbumes con su Nahuel Jazz Quartet en 1963 y 1965.

Adiós a un Chilenero

Los Chileneros, Mario Catalán, Los Chinganeros son algunos de los nombres de la cueca con los que compartió Carlos Pollito Navarro, acordeonista fundamental, que falleció ayer a los 89 años, según informa el sitio Cancionero Discográfico de Cuecas Chilenas. Esta es su historia.