Nelly Sanders

Nelly Sanders pudo haber sido una estrella de la canción como ocurrió con los nombres más significativos de la Nueva Ola. Pero ella simplemente fue la última de las grandes lady crooners de la música popular, una de las más completas y capaces, más allá de la figuración masiva entre el gran público, de la grabación de discos y del beneplácito medial. Alcanzaría de todas formas la categoría de «figura pop», con algo que en las figuras pop siempre escaseó: la ductibilidad. Si la canción era bolero, tango, swing o bossa nova, detrás estaría la voz pastosa, afinada y melódica de Nelly Sanders.

Fechas

Santiago - 25 de mayo de 1941

Décadas

1950 |1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |

Géneros

Nelly Sanders

Iñigo Díaz

Para 1954, Nelly Chávez Letelier (n. 1941) era una adolescente con buena voz, seguidora de la canción popular latinoamericana (la cubana Olga Guillot, la argentina Rosita Quintana o la brasileña Maysa Matarazzo) y con muchas ganas de escuchar a sus ídolos en vivo. Acudía sistemáticamente a los auditorios de las radios para ver en acción a las orquestas como las de Luis Barragán o a solistas como la enorme Monna Bell.

Durante una de esas sesiones, subió al escenario vestida de uniforme escolar y cantó «Naranjita» en radio Pacífico. Inmediatamente fue fichada por los productores, que vieron en ella a una artista del futuro. Nelly tenía 14 años y poco después reemplazaba su apellido por el de Sanders. El nombre artístico era una bomba de tiempo: su mecanismo de detonación estaba en la incertidumbre de si se trataba de una estrella de cabaret o de una cantante pop.

Así inició una itinerancia por los sets de las emisoras Portales o Corporación y en 1955 logró un contrato para actuar como lady crooner en el prestigioso Hotel Carrera y junto al mismísimo Barragán. Con un repertorio abierto de boleros, foxtrots, música tropical e incluso cuplés, una mozuela Nelly Sanders apareció con toda la inocencia de sus cortos años entre músicos con largas horas de vuelo. Durante temporadas cantó para un público muy instruido, casi siempre de personalidades extranjeras o intelectuales bohemios de Santiago, rotando además sus apariciones con nuevas orquestas como la de Valentín Trujillo o en sesiones de piano bar. En 1958 debutó en las revistas del Teatro Bim Bam Bum y en 1962 inició la primera de sus giras internacionales con la agrupación de Eduardo Martins. El destino, la cadena de hoteles Hilton en San Juan (Puerto Rico), Ciudad de Panamá (Panamá), Acapulco (México) y Lima (Perú).

Dos cariños: bossa nova y tango
Nelly Sanders tenía 21 años y ya era una «veterana» de la canción popular, con gran performance escénica de canto y baile y un magnetismo poderoso. Además se presentaba en el restorán Nuria, donde comenzaría importante colaboración musical con el guitarrista Fernando Otárola. Después de actuar en el Nuria, acudían juntos al Nahuel Jazz Club para escuchar el bossa nova de Rita Góngora. El espacio dirigido por el pianista Omar Nahuel congregaba a lo más granado de la vanguardia jazzística y de las artes. Cuando Góngora dejó el club, Nelly Sanders y Otárola tomaron las plazas y comenzaron una larga trayectoria como intérpretes de la MPB. Entonces Sanders reemplazó a sus antiguas referencias del bolero por una nueva diva pop: Elis Regina.

En 1969 se lanza en una gira europea por seis meses, acentuando su orientación al bossa nova y en 1972 fue fichada por el sello IRT. En sus estudios realizó una serie de grabaciones de singles, pero cuando todo estaba listo para debutar con un long play los ejecutivos de la discográfica optaron por entregar la grabación (incluida la pieza «Desde hace tiempo») a una nueva baladista: Patricia Maldonado. Nelly Sanders quedó en un compás de espera que nunca llegó a su fin.

Pero en 1979 se apuntó con el gran triunfo de su carrera al adjudicarse un festival mundial de tango celebrado en el Luna Park de Buenos Aires. Nelly Sanders confirmaba que podía ser intérprete de cualquier estilo: sólo conocía los tangos «Uno» (1943) y «Nostalgias» (1936), y con esas armas simples superaba a cuatro especialistas argentinos. El tango fue su segunda opción artistística (en ocasiones, la primera) y el público comenzó a conocer a Nelly Sanders como «tanguera».

Durante las décadas de 1980 y 1990 siguió en su calidad de lady crooner en hoteles del lujo, locales, programas de televisión y restoranes. Cada vez más rápido, las grandes orquestas y combos que la acompañaban fueron desapareciendo y Nelly Sanders entonces se ascomodaba a los tiempos, presentándose con pistas pregrabadas. Sobre el final de los ’90, editó los discos de gestión independiente Tangos Nelly (1998) y Pasión y tango (2000), hasta que el público juvenil de los 2000 la conoció a través de las colaboraciones con el Ángel Parra Trío y la grabación del álbum La hora feliz (2002).

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