Era muy lógico que la historia del hijo del vibrafonista Carlos Vera Pinto se encaminara hacia el estudio de este instrumento de percusión melódica. Tuvo el vibráfono siempre a la mano, los discos de Lionel Hampton, Milt Jackson y Bobby Hutcherson en la repisa y acceso directo al Club de Jazz, escenario donde Vera padre se presentaba con el grupo Nexus, que comandaba junto al saxofonista alto Patricio Ramírez. Carlos Vera Larrucea se convirtió en uno de los últimos eslabones en la corta cadena del vibráfono en el jazz chileno.
La cantante y compositora Natalia Suazo tomó el pseudónimo de Natisú para desarrollar una propuesta musical que instaló en sus canciones equilibradas dosis de rock, pop, folk, música electrónica y experimental. Inspirada inicialmente en la canción oscura y dramática de PJ Harvey, Bjork, Radiohead y Portishead, Natisú fue una activa protagonista de un circuito independiente, publicando en sus comienzos una serie de discos EP y álbumes de larga duración donde dejó expuesta su mirada en relación a los textos poéticos y al mismo tiempo a los materiales sonoros.
Hasta la década de los '70, la música popular chilena había tenido interesantes puntos de intersección entre líneas de muy distinta procedencia. Quilapayún se había introducido en estructuras propias de la música docta al trabajar estrechamente con los compositores Luis Advis y Sergio Ortega, mientras Los Jaivas terminaron abordando el folclor con guitarra eléctrica y batería. Pero ninguna de ellas llegó a ser tan aventurada como el proyecto que impulsó el compositor y arreglador Jaime Soto León, quien en 1974 convocó a los primeros músicos del grupo que fue conocido como Barroco Andino. El nuevo horizonte de la música europea del período 1580-1760 interpretada ahora con instrumental, sonoridades y sensibilidades del mundo altiplánico y latinoamericano.
Si Monserrat Bustamante fue en su minuto “la chica de Rojo”, los fanáticos que empujaron en favor de Carolina Soto entonces la llamaron “la diva de Rojo”. Fue una competencia frontal entre dos de las baladistas más fuertes del medio musical vinculado a los estudios de televisión. Entre las estrellas de mucho más popularidad, luces y aplausos dentro del concurso de talentos vocales de TVN (“Rojo, fama contrafama”), Carolina Soto se abrió paso desde posiciones secundarias hasta alcanzar el máximo reconocimiento y adjudicarse las finales (“Gran Rojo”) con una recordada performance sobre la canción romántica. En la perspectiva de los tiempos, Carolina Soto fue un eslabón central en la larga tradición de la balada chilena durante el nuevo milenio.
Más difundido por sus exitosos encargos que por sus propias grabaciones, Gustavo Pinochet es un solicitado compositor pop. Además de aportar canciones a numerosas teleseries, ha trabajado con una extensa lista de músicos —desde Coni Lewin a Daniel Guerrero—, de entre los cuales la sociedad más importante ha sido la que mantuvo durante cuatro años junto al grupo Kudai. Con ellos tuvo una sonada ruptura a principios del año 2006, tras la cual se ha ocupado en su banda Sum y en nuevas asesorías musicales en Chile y el extranjero.