Proveniente de una familia vinculada a la música docta, el Teatro Municipal y la Orquesta Filarmónica de Santiago, la cantante Ana María Meza abrió la paleta cromática para profundizar en algunas variantes de la música popular más allá de los territorios del canto lírico. Se transformó en una importante intérprete de jazz clásico y pop-jazz y de paso en una de las más activas maestras de voces, como lo había hecho previamente la legendaria Inés Délano.
Antes de convertirse en uno de los escasos ejemplares del jazz vocal masculino sobre el final de la década de los 2000, Juan Pablo Rivera hizo una larga carrera como bajista eléctrico. De hecho fue uno de los más jóvenes exponentes del jazz en los años '90 (junto a Felipe Chacón en sus inicios y a Christian Gálvez). Sólo un cambio de ruta radical lo transformó en intérprete de swing una vez que descubrió otras propiedades musicales durante sus largas estadas en Norteamérica como estudiante y músico. Así se ubicó en un mapa de voces dominado por mujeres y con la sola presencia del barítono Rodrigo González como jazz singer.
Pedro Rodríguez es uno de los mayores nombres de la guitarra eléctrica desde los tiempos de la transición, un referente entre la generación de jazzistas de los años '90 y uno de los fundadores y líderes del grupo de blues rock La Banda del Capitán Corneta, que bien representó esa época. Su profundo conocimiento de la música, sus estudios en Estados Unidos y Alemania, y su habitual despliegue como solista en terrenos del blues, el rock y sobre todo el jazz le han dado jerarquía en el mapa de la música popular. Rodríguez forma parte de una tríada de guitarristas de esos tiempos, junto a Álvaro Bello y Ángel Parra , el más popular de ellos.
Diez años de estudio y acción en los circuitos europeos de la música popular no pueden pasar por el costado. Para cuando Nelson Arriagada regresó a Chile en 2003 arribaba un músico muy distinto al aquel bajista eléctrico de La Banda del Capitán Corneta de la primera mitad de los '90. Convertido en un dinámico y polivalente contrabajista de jazz, se insertó en el medio multiplicando por varios números su presencia en el bop y utilizando además técnicas de mano izquierda que había adquirido como cellista clásico. Sus walking basses desplegados a cuatro dedos fueron una de las marcas personales de Arriagada.
Pablo Menares ha sido considerado uno de los contrabajista más sobresalientes de toda la generación del jazz de los años 2000. En un brevísimo lapso desde que se inició en el leguaje de la improvisación jazzística, sorprendió con su prestancia al ubicarse en una plataforma que lo diferenciaría notoriamente de otros solistas. El suyo fue un contrabajo distinto: elegante, musical y lírico, en contraposición al toque bop duro y agresivo de algunos de sus antecesores, lo que lo llevó a ocupar posiciones de avanzada y ser requerido por músicos de todos los enfoques jazzísticos.