Su nombre se asocia de inmediato al mapa de la balada chilena con mayor difusión en la segunda mitad de los años '80, aquél de televisión y grandes festivales. Pero es un territorio más extenso que ése el que Patricia Frías ha recorrido durante su trayectoria, tanto como intérprete de voz distintiva como también compositora de canciones de intensidad sentimental empáticas con la audiencia, las que hemos conocido en su voz o en la de otro/as cantantes.
Sólo superado por la popular cantante argentina María Jimena Pereyra en el debutante concurso televisivo de talentos vocales de TVN, “Rojo, fama contrafama”, Leandro Martínez (su nombre real es Sergio Martínez) saltó desde el set para ubicarse como el nuevo gran exponente de la balada latina AM, tras la generación de cantantes que dominaron los '90: Santos Chávez, Álvaro Véliz o Douglas. Martínez fue uno de los favoritos durante todo el período de vigencia del semillero y alcanzó resonancia entre el gran público con sus álbumes editados por BMG, Todo lo que soy (2003) y El deseo de amar (2005).
Nueva York y Berlín son las ciudades donde Alejandra Iglesias ha jugado como parte de la selección de productores y DJs chilenos activos en el extranjero: allí opera como Dinky. Radicada en EE.UU. en 1997, fue un sello alemán el que publicó sus primeros discos y ella se estableció en ese país en 2003. En sus fiestas y discos puede encontrársela acreditada también como Miss Dinky y DJ Dinky J.
Cuando la mayoría de los ejemplares que aparecieron en plataformas televisivas durante los años 2000 fueron cultores de la música pop bailable (Ximena Abarca, Karen Paola) o baladistas románticos (Leandro Martínez, Monserrat Bustamante), una figura como Nicole Andreu vino a ser la excepción de la norma. La cantante se orientó directamente hacia variantes de la música negra: el soul, el R&B y el hip-hop y tiempo después, durante su estada en Europa, confirmó una línea de música urbana, alternando ritmos de reggae, dancehall, rap y soul latino.
Una década completa de vida musical en España retrasó en parte la entrada del baterista Cristóbal Massis al circuito del jazz chileno. Desde que apareció en 2011 tocando en el quinteto del trompetista Cristián Cuturrufo, su nombre se multiplicó en colaboraciones y apariciones en diversos escenarios. Estudioso de las tradiciones baterísticas más amplias, Massis desembocó en un análisis de la música de tríos de Bill Evans, liderando a su vez, en 2017, su primer elenco en este formato, el mismo con que grabó el álbum We love Bill Evans (2018).