(me llamo) Sebastián

Voz atrevida de un pop propositivo y a veces impúdico, (me llamo) Sebastián se convirtió desde sus primeras grabaciones en un cantautor distinguible en un estilo propio, franco y melódico, que él ha querido ir compartiendo desde una dinámica de trabajo de gran cercanía con sus seguidores, y exponiendo sus propias tribulaciones en el proceso de llegar a ser un músico de largo alcance. Se cruzan en sus letras declaraciones de anhelo amoroso e inseguridades físicas, ansiedad sexual y aspiraciones de gloria, exponiendo así su propia personalidad como material creativo. Sus dificultades son las de muchos, cree.

Fechas

Santiago - 10 de julio de 1987

Décadas

2010 |

Géneros

Pop

Marisol García

Fuertes en la melodía y guiadas siempre por la destreza del cantautor sobre el piano, las canciones de (me llamo) Sebastián son confesiones personales que varias veces fuerzan los tabúes de la balada: contra las convenciones de lo que se supone debemos sentir, decir o hacer en una relación íntima, y a favor de una franqueza que desafía incluso los códigos de identidad sexual (“¡No, no, no, no! / Nadie nos ordene cómo vivir el amor”, se repite en el estribillo de “<3”, un auténtico manifiesto). Si el pop es mejor cuando propone que cuando sólo articula tendencias, el de este músico chileno se instala en un lugar sin fecha próxima de expiración.

Niño estrella
Cuando en su casa de Maipú un hombre encontró a su hijo de cinco años cantando a Laura Pausini a voz en cuello pensó que debía ayudar a lo que no podía ser más que una estrella en potencia. Comenzó entonces para el pequeño Sebastián Sotomayor un camino de talleres, academias de canto y audiciones en televisión nada usual para un alumno de colegio jesuita, pero que él emprendió con regularidad y obediencia resignada. En segundo básico ganó algo de dinero cantando en un "¿Cuánto vale el show?" infantil. A los once años se inscribió en la Academia de Canto Luis Jara, y a los trece participó en el International Nile Song Festival for Children: viajó hasta El Cairo y obtuvo el cuarto lugar.

Pero era una dinámica competitiva ajustada a un estándar de balada y show-business que al joven lo tenía sin cuidado. A los 18 años ya componía canciones propias en las que mostraba sus dudas más íntimas, como forma de conectarse con los demás. Su padre no las entendía y sus antiguos profesores de academia sentían que con ellas no habría cupo en televisión. Pero el joven persistió, y concretó. En 2010, y ya con nombre artístico, publicó el primero de varios discos propios (Salvador), y ya tres años más tarde figuraba aliado con el cotizado productor Mowat. Con singles como "Niños rosados" y "Baila como hombre", El hambre (2013) y La belleza (2015) fueron trabajos importantes para el pop chileno de la década, por el marcado estilo de sus canciones y la vibrante impudicia de sus versos. Ser gay, querer estar a solas, sentir temor a engordar, la ambición frustrada: muchas de aquellas cosas que creemos es mejor callar, (me llamo) Sebastián las muestra de un modo gozoso y convencido.

Se trata un poco de decir: esto soy, una pifia constante; como que todo lo que planearon mis papás salió al revés. Y me siento superfeliz si alguien se identifica con esas luchas, porque lo más importante al hacer canciones para mí es la honestidad. Cuando me subo a un escenario y canto, no hay un plan B: yo soy esa persona que está ahí, y me hago cargo de lo que canto. Me expongo porque me gusta hacerlo y, claro, en ese ejercicio hay gente que se identifica porque también se ha sentido rara, rechazada, y te sigue y hasta te pide consejos. Y hay otra que te dice: «Disculpa, me parece que esto es demasiado».

Esa osadía autoral se combina en su caso con búsquedas visuales también fueras de la norma, con maquillaje, ropa y pasos de baile que convierten sus fotos, videos y conciertos en experiencias de cruces teatrales, atractivas hasta ahora no sólo en presentaciones nacionales sino también en los viajes que su música ha levantado como prueba del valor de la persistencia en su singularidad.