Poozitunga
Foto: Sitio oficial / panchoherrera.cl

Poozitunga

Alejandro Martin Herrera, baterista de Poozitunga, recuerda que el bautizo de su banda surgió en 1976, porque un amigo hippie que venía llegando de norte les sugirió el nombre: Positunga, aguardiente que se consume en el altiplano. “En realidad no tengo tan claro si es aymara o quechua”, explica el músico. Pero surgió un detalle. Un diario de la época intentó “agringar” el concepto y así nació Poozitunga, una de las bandas de rock chilenas iniciadas en los años ’70, aunque Martin aclara que la palabra nunca se escribió así. “Pero no importó en ese entonces. Todo el mundo nos reconocía como Poozitunga y punto”.

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Años

Santiago, 1976 - 1987
Reunidos entre 2003 y 2007

Décadas

1970 |1980 |2000 |

Géneros

Poozitunga

Integrantes

Danilo Sánchez, voz, bajo y guitarra (1978 – 1987 / 2003 – 2007).
Alejandro Martin, batería (1978 – 1987 / 2003 – 2007).
Luis Vergara, guitarra (1978 – 1987).
Eduardo Olivares, guitarra (1978 – 2007).
Juan Francisco Llagostera, bajo (2003).
Samuel Olivares, guitarra (2007).

Ernesto Bustos B.

Gimnasios y discoteques
El grupo, con formato de trío, surgió de la inquietud de tres amigos de barrio, todos estudiantes secundarios en el Liceo 14. Eduardo Olivares en guitarra, Danilo Sánchez en bajo y voz y el propio Martin en batería se criaron en la comuna de La Cisterna, entre los paraderos 27 y 29 de la Gran Avenida.

La discoteque Concorde, de San Bernardo, fue testigo privilegiado de las primeras presentaciones del trío. Una puesta en escena con mucha vitalidad y un sonido potente llamó inmediatamente la atención del público y los primeros fans comenzaron a cautivarse con la música de Poozitunga.

El circuito rockero local en esos años era variado. Estaba el gimnasio Manuel Rodríguez, en el paradero 21 de Gran Avenida. En Puente Alto existía otro recinto deportivo perteneciente a la Papelera. “Comenzabas tocando aquí, luego te invitaban a otra comuna y así, a la larga, te hacías conocido en todo Santiago y lo lógico era terminar tocando en el Caupolicán o el Estadio Chile”, comenta Martin.

La otra parte del circuito rockero en la década de los ’70 era el de las discoteques. Nombres como El Hueso, Pelo y La Profecía eran comunes entre los seguidores de la banda. No importaba que el concierto fuera en Gran Avenida, Santiago Centro o Carrascal. Ahí estaban los seguidores de Poozitunga.

Siempre llamó la atención lo directo y simple de sus letras. Otro tanto pasaba con sus presentaciones en vivo. Pese a que nunca grabaron nada de manera oficial, Alejandro Martin recuerda que el grupo se quedó “con el molde hecho” para grabar su primer disco.

Sucedió en vísperas de 1985. Francisco Straub, prestigioso ingeniero en sonido, había registrado varios temas de la banda, pensando en el debut discográfico. “Estaba todo el material grabado y listo para ser editado”, cuenta el baterista. Pero el destino les jugó una mala pasada. Straub partió a Londres en plan de perfeccionamiento y la grabación quedó en nada. Al poco tiempo, el profesional terminaría de registrar La voz de los ’80 (1984), de Los Prisioneros. El cuarto de hora para Poozitunga, por ahora, ya había pasado.

“Nosotros grabábamos en la noche y durante el día lo hacían Los Prisioneros. Lamentablemente, cuando el material debía ser masterizado, Pancho Straub se fue a Inglaterra y quedamos tirados. Creo que nos faltó visión comercial”, reconoce Martin.

Historias del court central

Un momento inolvidable en la trayectoria de Poozitunga estuvo dado por sus presentaciones en el court central del Estadio Nacional, en diciembre de 1980. Fue en el primer festival Seis Horas de Rock y Amistad. El evento, organizado por Radio Nacional y su programa “Los superdiscos”, conducido por Juan Miguel Sepúlveda, logró un éxito de convocatoria nunca antes visto para un espectáculo rockero, que al año siguiente trasladó su puesta en escena al Estadio Municipal de La Reina.

En aquella ocasión, Poozitunga compartió escenario con Arena Movediza, el Grupo X, Quilín, Roca Viva, La Bandera de la Manzana, Andrés y Ernesto & Alejaica, Lunallena, Cosas Rústicas y Tumulto, entre muchas bandas que desfilaron por el escenario.

“Fue interesante el tema de ‘Los superdiscos’ de la Radio Nacional. Era extraño. ¿Una radio del gobierno en esa época, pasando rock chileno? En todo caso, sirvió para que muchas bandas se dieran a conocer. A Juan Miguel Sepúlveda se le ocurrió hacer el evento del Court Central. Seis mil personas y otras tantas que quedaron afuera. Lamentablemente, cuando oscurecía, la policía se dejaba caer. No sé, la noche, mucha juventud… al final terminaban ellos los conciertos”, recuerda el baterista.

El punto alto de dicha jornada estuvo en la emotividad un sentido homenaje a John Bonzo Bonham, el baterista de Led Zeppelin, fallecido en septiembre de dicho año como consecuencia de beber durante doce horas la no despreciable cantidad de cuarenta vodkas con naranja. “Rock & roll” y el clásico “Moby Dick”, para que Alejandro Martin se luciera con un inolvidable solo de batería, marcaron el tributo de Poozitunga al músico inglés en una calurosa tarde de fines de 1980.

Pocas agrupaciones contaron con el nivel popularidad que en su momento caracterizó al trío surgido en La Cisterna. Según Alejandro Martin, el afecto que profesaba la gente por la música de Poozitunga es difícil de explicar. “Tal vez donde nos veían más chicos que el resto de las bandas. Siempre sentimos mucho cariño de la gente”, dice.

Regresos

La banda continuó presentándose en otros lugares de la capital, especialmente en la recordada Sala Lautaro de Gran Avenida y el gimnasio Manuel Plaza, compartiendo escenario con la Banda Metro, Turbo y Código, el grupo antecedente a Viena.

El rastro del grupo se perdería en 1987. Desilusión, cansancio y desgaste gatillaron que sus integrantes tomaran otros caminos musicales. A fines de los ’80, Alejandro Martin y Danilo Sánchez formarían Los Chicos Malos, un intento por involucrarse en el mundo pop que ya en ese tiempo dominaba el dial y los medios de comunicación. La aventura duraría poco. Martin comenzó a tocar con Sol y Medianoche. Después de los guitarristas Eduardo Olivares y Luis Vergara la rotación en las seis cuerdas continuó con Sergio Undurraga y Orlando Aranda, ex integrantes de Arena Movediza y Tumulto. Ahora sí se sellaba el final.

Las ganas de volver a hacer música y recuperar el tiempo hicieron que en 2003 Poozitunga volviera a los escenarios después de casi dos décadas. Con una actuación en junio de ese año en el céntrico local 27 de Nueva York, la banda integró a Juan Francisco Llagostera en bajo, antiguo amigo de los músicos, y Danilo Sánchez ahora en guitarra rítmica y voz.

Cuatro años más tarde, con motivo de la celebración del Día del Rock, Francisco Conejera, periodista y gestor cultural, provocó un nuevo regreso de la agrupación, en el ciclo “El ADN del rock chileno”, celebrado en la Sala SCD Plaza Vespucio. Esta vez Poozitunga formó con Danilo Sánchez (bajo y voz), Eduardo Olivares (guitarra), Samuel Olivares, hijo de Eduardo (guitarra) y Alejandro Martin (batería). Canciones como “Ahí va el loco”, “Morena sensual”, “Dama tristeza”, “Santiago de noche” y “Ven a mí” nunca fueron grabadas de manera oficial por la banda, pero sí fueron parte de la banda sonora de una juventud que creció en una época adversa para muchas expresiones artísticas, incluida, por cierto, el rock.

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