Los Vásquez

Han conseguido una difusión masiva de acuerdo a sus propios códigos de trabajo y promoción, demostrando así una gran autonomía. Los Vásquez prueban que también puede haber diversidad en el género de la balada hecha en Chile. Gracias a temas como «Enamorado», «Miénteme una vez» y «Tú me haces falta», los hermanos Enzo e Ítalo Vásquez se han convertido en la dupla de canto romántica más exitosa en lo que va del siglo XXI, con cifras récord de exposición radial y casi incesantes conciertos por el país. Pero se ha tratado de un ascenso trabajado a su modo, saltándose plataformas como la de la televisión, y acompañando su música de opiniones sociales hasta ahora inusuales en intérpretes del género.

Leer más

Años

Coyhaique, 2009 -

Décadas

2010 |

Géneros

Los Vásquez

Integrantes

Italo Vásquez, voz y guitarra (2009 – •)
Enzo Vásquez, voz, acordeón y teclados (2009 – •).

Marisol García

Nacidos y educados en Coyhaique, los dos integrantes de Los Vásquez han avanzado casi sin ayuda externa en la composición, producción, grabación y promoción de sus canciones, ordenadas hasta ahora en dos discos autoeditados. Es suyo el concepto de «pop cebolla», que designa su opción por un cancionero a veces bailable pero también sentimentalista hasta lo sufrido; de fusión entre géneros románticos (ranchera, bachata, balada) y de instrumentos ya característicos en sus grabaciones, como el acordeón.El festival, la radio, la calle

Una nota en revista Paula en 2014 incluye un párrafo de adecuada síntesis a los inicios musicales de la dupla:

«En 1996, Enzo Vásquez Gei, tenía 14 años y estudiaba en el liceo B2 de Coihaique. Aunque nació en esa ciudad, capital de la Región de Aisén, y vivió ahí hasta los tres años, para todos siempre fue el niño nuevo que venía del norte, de un lugar llamado Pelchuquín, cerca de Valdivia, hasta donde se había trasladado su familia por el nuevo cargo de su papá, técnico aeronáutico. En un acto escolar tocó frente a todo el liceo una melodía de Raúl di Blasio en sintetizador. Al escucharlo, un inspector trató de convencer a sus padres de que lo dejaran tocar en fiestas de campo. “Mi papá estaba preocupado. ¿Cómo me iba a dar permiso para la bohemia, el copete, las fiestas? Pero al final me lo dio, y ahí empecé a ganar mis lucas. Después invité a mi hermano y armamos una orquesta para tocar en festivales”, recuerda Enzo. Lo que ganaban se lo gastaban en comprar instrumentos. El primero fue una batería eléctrica marca Roland, al que siguió una guitarra electroacústica».

Una composición propia, con alusiones a los jóvenes que van y vuelven de Aisén por estudios (“Mi tierra, mi gente”) los hizo ganar un festival folclórico. También ellos se alejaron del extremo sur por sus proyectos académicos. En Talca, Ítalo estudió Ingenería Forestal y Control de Tránsito Aéreo, y Enzo se mudó a Santiago para seguir Música en la Universidad Católica (en 2006 ganó el concurso de composición Luis Advis, en la categoría de música docta). Cada verano ambos hermanos volvían a Aysén a participar de festivales junto a una banda de cinco músicos. «Si hoy hacemos una mezcla de música cebolla de radio AM, con vallenato, rancheras, bachata, cumbia y chamamé, que es la música de las fiestas en la Patagonia, es porque tocamos en casi todos los festivales del sur de Chile, desde Chaitén hasta Cochrane. Esa ha sido nuestra escuela», explicaban en la citada nota.

Como músico en Santiago, Enzo se ocupó un tiempo produciendo discos para gente como Douglas y María Jimena Pereyra. En los días libres que le dejaba su trabajo en el aeropuerto de Santiago, Ítalo se encontraba con él a tocar guitarra y componer canciones. Sin ayuda externa en la composición, grabación, mezcla ni masterización, editaron un primer disco que, por falta de interés de las radios, decidieron mostrar por cuenta propia por redes sociales. En 2010 editaron oficialmente Contigo pop y cebolla, un álbum lleno de singles de potencial radiable, pero que muy lentamente fue encontrando su audiencia. El dúo considera un hito clave haber visitado el matinal «Buenos días a todos» y logrado entusiasmar al animador Felipe Camiroaga con su música.

Ya en ese primer disco se estampaba la marca sonora distintiva del dúo. Por un lado, el romanticismo exacerbado y en plan identificatorio con secretos deseos y dolores de muchos, y, por otro, la artesanía sobria de una melodía adherente bien sostenida en guitarra (la de Ítalo), acordeón (el de Enzo), bronces al modo ranchero y las voces armonizadas de ambos.

De entonces en adelante, Los Vásquez decidieron que avanzarían en el medio a su manera. Mantuvieron a la radio como ventana principal de promoción, rechazando todas las invitaciones a programas televisivos que les impusieran condiciones incómodas. Pese a ello, varias teleseries nacionales ubicaron temas suyos en sus bandas sonoras. Así, y para el 2013, Los Vásquez eran los músicos chilenos más tocados en radios, una marca que se repetiría en 2014 y en 2015. Pero, de nuevo, el dúo receló entonces del autobombo: «No somos los genios de la melodía ni mucho menos. Es una cosa de coincidencia, casi como una confabulación de los astros. Tuvimos la suerte de salir en un momento en que había un vacío en el espectro musical chileno y empezó a gustar la línea de nuestras canciones. Y cómo no estar contentos y agradecidos por eso».

El auge de marchas estudiantiles los motivó a componer el tema “Basta”, lo más incisivo hasta entonces en su cancionero, un tema que se viralizó por internet como uno de los escasos himnos musicales que tuvo ese año el movimiento antilucro en la educación. “Juana María” y “Vuela vuela” son canciones suyas alusivas al libre consumo de marihuana. Y “Me vuelvo loco” es el desahogo de un chileno agobiado: «Acogotado por las leyes del mercado / Así pasa el tiempo, sigue el chancho mal pelado / No hay solución si el que legisla no es honrado» (según ellos, inspirado en su propio padre). En varios shows se han presentado con poleras estampadas con las frases «PATAGONIA SIN REPRESAS» y «NO AL ALTO MAIPO», en alusión a los dos más discutidos proyectos hidroeléctricos del último tiempo en el país. Para Los Vásquez, cantar y entregar un mensaje son parte de una misma vocación pública, en la cual no están dispuestos a ceder espacios por supuestas conveniencias profesionales. Dentro de esto último puede entenderse mejor su negativa a participar en el Festival de Viña, pese a dos invitaciones: «No queremos exponernos a ese nivel mediático. Queremos tener una carrera larga, y creemos que Viña se contrapone a eso. Nuestro camino, por el momento, es ir tranquilo por las piedras».

De sur a norte, su disco de 2014, encontró más críticas elogiosas. «Los Vásquez son uno de los mejores ejemplos de la aptitud histórica de la música chilena para aprehender y procesar influencias de otras latitudes y hacerlas propias», opinó El Mercurio. «Seamos odiosos, hagamos comparaciones. Ni La Noche ni Américo poseen la calidad de producto redondo, incluyendo una moral de trabajo independiente ajena a los factores extramusicales, que Los Vásquez ofrecen a la caza del mismo público popular», estimó La Tercera. Con sólo dos álbumes, y ya media decena de temas tarareados por miles, el éxito de Enzo e Ítalo es, también, el de una fórmula inteligente y atípica de trabajar en tiempos de cambio. Quedó confirmada como tal con el concierto a teatro lleno que en diciembre de 2015 ofrecieron en el Movistar Arena, una plaza usualmente reservada a visitas internacionales.

Los Crack del Puerto: sentir y cantar

El grupo porteño de boleros y valses peruanos publicará antes de fin de año su primer disco. Los inigualables JM y Juanín Navarro son, desde Valparaíso, nuestra entrevista del mes. «Quién lo iba a decir. ¡A la edad que tenemos…! La música nos está haciendo vivir cosas preciosas», cuentan con entusiasmo de futuro (leer aquí).

Denise se renueva

La cantante lanza el segundo avance de su próximo disco, «El amor no duele», mientras se prepara para el concierto que ofrecerá el próximo 12 de diciembre en el Movistar Arena.