Glup!

Si el pop más simple puede o no ser considerado un género creativo, y dónde deben fijarse los límites entre cita y pastiche, fueron debates interesantes que Glup! encendió durante sus siete años de trabajo. El grupo resultó una apuesta radial de innegable éxito, aunque eligió mantener las formas de una escuela de rock más bien descreído y sin reverencias ante los medios. Su experiencia se repartió luego en proyectos musicales diversos, de entre los cuales el trabajo continental del cantautor Cristián Koko Stambuk como productor ha resultado ser el más importante. Una temporal reunión, el segundo semestre de 2019, mostró nuevos conciertos y grabaciones del grupo.

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Años

Santiago, 1996 - 2003 / reunidos en 2019

Décadas

1990 |2000 |

Géneros

Integrantes

Cristián Koko Stambuk, voz y guitarra (1996-2003)
Marcel Molina, teclado (1996- 1997)
Rodrigo Stambuk, bajo (1996-2003)
Vid Stambuk, batería (1996-2003)
Gustavo Chavín Labrín, guitarra (1997-2002)
Tim Picetti, guitarra (2000-2002)
Rodrigo Vizcarra, guitarra (2002-2003).

Marisol García

El grupo nació como una ampliación de Merlín, el proyecto de tendencia electrónica que hacia 1996 mantuvieron el tecladista Marcel Molina (por entonces también en Los Santos Dumont) y Koko Stambuk, guitarrista criado en la sureña ciudad de Osorno que para entonces acumulaba experiencia en vivo junto a Sien y Carlos Cabezas. Decidida a ensayar sus talentos también en el terreno pop, la dupla convocó a dos hermanos de Koko para armar una banda de canciones melódicas. Recién cuando se sumaron Rodrigo y Vid Stambuk fue que nació Glup!

Desde un principio, la opción del grupo los llevó a construir canciones adherentes, con ganchos melódicos y un ritmo que buscaba acercarlos a audiencias diversas. «Hemos elegido cambiar todo lo que tenga que ver con intelectualidad por el concepto humano del pop, que es liviano pero a la vez trasciende. Lo nuestro va por el lado sensorial y una entrega fuerte en vivo», explicaban. Con canciones como «La gran, gran uva» y «Campos de frutillas» interesaron lo suficiente a Carlos Cabezas (con quien Koko venía colaborando en la muestra en vivo del disco El resplandor), para que éste les ofreciera producir un primer disco. El trabajo, sin embargo, tomó más tiempo del esperado y no satisfizo plenamente a ninguna de las dos partes. Glup! terminó así trabajando su álbum debut junto al músico y productor Cristián Heyne.

En el tiempo transcurrido, la banda se había ido interesando cada vez más en lo que por entonces se exportaba al mundo bajo la etiqueta de brit-pop. Glup! tomó las mejores ideas de los ingleses Oasis, Blur y Supergrass —ya ellos mismos unos revivalistas— y adaptó sus letras a la sensibilidad local: romanticismo ingenuo, observación social ácida, y exposición irónica, aunque simple, de sí mismos. El disco 1999 apareció en abril de ese año, cuando Glup! ya había logrado no sólo el cupo para interpretar la canción central de una teleserie de Megavisión (con el tema «Quiero que me quieran»), sino que también se había ganado el derecho a mostrarla en vivo en el Festival de Viña del Mar 1999. Cualquier posibilidad de pánico escénico quedó a salvo con tan masivo bautizo, y Glup! se convirtió en un nombre reconocible antes siquiera de que su disco llegase a las tiendas.

La polémica «Free-bola»
La fórmula de la banda estaba bien pensada y, de hecho, funcionó casi de inmediato: el single «Free-bola» ganó difusión y desprecio en la misma proporción. Fue de inmediato evidente que su armazón se sostenía sobre la misma línea de bajo del éxito «Boys & girls», de Blur, y la comparación se convirtió en la principal cruz del grupo durante su historia. Que el pop es, en sí, una forma de reciclaje pasó a ser el principal argumento de sus defensores.

Los conciertos de Manu Chao en Chile, en abril del año 2000, tuvieron un efecto imprevisto en Koko Stambuk. «Fue un shock», recordaría luego el músico, quien quiso reproducir parte de esa energía de fusión latina en el disco que trabajó a continuación, con una intención similar a la que en el resto del continente desarrollaban por entonces grupos como Pericos, Café Tacuba y Fabulosos Cadillacs.

Wellcome Polinesia (2001) consiguió una gran difusión gracias al single «Enamorado de ti», precisamente el tipo de canción pop que Glup! venía buscando desde sus inicios, más popular que cualquier categoría. Era una fama intrínsecamente crossover, que hasta los llevó a los más improbables espacios televisivos. Su paso por el programa «Titi Pelak-bles», el 18 de junio de 1999, ganó relevancia inesperada por la difusión en directo de una frase poco didáctica de parte del cantante a la teleaudiencia infantil: «Los rockeros somos súper drogadictos». Los Sex Pistols escandalizaron históricamente a Bill Grundy y, a humilde escala, Glup! logró una indignación similar esa tarde en Titi García-Huidobro.

Glup —para entonces ya había desaparecido el signo de exclamación— cerró su trabajo poco después de publicar Mi destino (2002), cuando ya sus integrantes pensaban en proyectos por separado: el guitarrista Gustavo Labrín se ocupó primero en Gufi y luego como integrante estable de Tronic (adonde también llegó su colega Rodrigo Vizcarra); mientras Rodrigo Stambuk hizo lo propio en Loft, con un primer álbum, Capital soledad, publicado a fines del 2005.

El último disco de Glup, grabado en Buenos Aires, legó la popularidad de dos singles muy contrastantes entre sí. La linda melodía de «Mi destino» acogía versos de amor que a la vez reivindicaban la vida sencilla de la clase media. «Puta, jefe» era otra cosa, y se convirtió en una de las canciones más difundidas ese año en las radios. Una seguidilla de garabatos entre sus versos obligó al sello BMG a pedir la venia de cada programador radial antes de llegar a considerlarla un single, aunque su éxito era fácil de predecir. Cómo podría no serlo el relato de un oficinista que pierde pega, novia y suerte en menos de una semana. Desde «Pobrecito mortal, si quieres ver menos televisión verás qué aburrido estarás por la tarde», de Flor Motuda, que el chileno medio no gozaba de un homenaje tan comprensivo.

La partida de Koko Stambuck a México hacia mediados del 2000 selló el final del grupo. El cantante inició allá una carrera como solista, compositor y cineasta, y solo el 2011 se reunió con sus ex compañeros para una presentación entusiasta en la Feria Pulsar. Sólo en  2019 las cosas llegaron más lejos: sumados al Festival La Cumbre programaron una gira de once fechas por Chile y lanzaron su primera canción en diecisiete años: «Chíngale». Fue una reunión de continuidad incierta.