Paz Court: otra piel, otro lugar
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Entrevista

Paz Court: otra piel, otro lugar

Durante años acarició la cantante y compositora la idea de instalarse por un tiempo en México. Ahora que su partida por dos años es inminente, describe qué deja en Chile y por qué siente que éste es un buen momento para el cambio. «Por supuesto que acá la música ha crecido muchísimo, pero siento que las ganas de que las cosas sucedan son más que las que el medio soporta», evalúa. Varios discos, espectáculos y proyectos avalan a Paz Court como gestora de una música que se ha valido del jazz, el pop y el bolero para desplegarla como intérprete, y que por un nuevo camino hoy la acerca al folclor y la experimentación, en contraste sensorial a la amabilidad sonora de antaño. Son zonas oscuras que estuvieron mucho tiempo dentro suyo, asegura.

Marisol García | 31 de julio de 2019 Fotos: Marisol García

Paz Court: otra piel, otro lugar

Cada vez que regresaba de los muchos viajes que desde 2011 Paz Court hizo a México, la cantante y autora sentía que con el país del norte quedaba algo pendiente, algo que la vida se iba a encargar de saldar.

«Ya me voy a quedar, pensaba —cuenta—, aunque por diferentes razones volvía a ocuparme en mis cosas en Santiago. Pero la idea no se iba».

El remate a esa inquietud es al fin inminente, quizás en otras circunstancias a las imaginadas por Paz Court hace unos años. Su decisión de mudarse a Ciudad de México por dos años (van junto a ella su novio, su perro y su cuatro venezolano) no tiene que ver con una estrategia de promoción, sino que con un momento personal y un recorrido en la música que, asegura, cobran ahora todo el sentido:

—Siempre es difícil partir. Desapegarse de todo lo conocido hacia un rumbo incierto, con nada garantizado, es un ejercicio de vida. Pero en este momento me hace bien algo así. La música que hago siempre ha tenido un lazo con mi vida personal. Voy mutando internamente, y ahora la decisión nace de algo muy genuino, desde el corazón, que tiene que ver con haber buscado un lugar que me represente en el momento actual. Si yo me parara en un escenario a expresar una verdad que ya no existe, en la que sólo estoy acomodada, se notaría.

—¿Buscas un lugar más amable con la música, quizás?
—Acá el público y los medios son duros. Tienes que insistir todo el tiempo en que lo que haces es suficiente para ganarte su atención, su like o el pago de su entrada para un concierto. Sin desmerecer a que tengo un público que me ha bancado en todos mis cambios, muy generoso, la sensación general es que nunca terminas de probar que eres merecedora de su aprecio. México es lo contrario: si les gustas se convierten en tus fans, se entusiasman de verdad y ya no necesitan que nadie los convenza. Es muy directo.

Paz Court tiene 34 años, y si habla como haciendo un balance es porque su recorrido en la música ha sido efectivamente extendido. Ya como alumna de canto de la Escuela Moderna (todavía una escolar) era una voz invitada a escenarios de jazz en Santiago, y no tardó en establecer los lazos de colaboración suficientes para, en 2005, unirse a una banda propia, Jazzimodo. Tres discos en cuatro años (junto a ese grupo y a Tunacola) y un movimiento de ascenso temprano como impulsado por viento a favor la dejaron frente a la impresión de que también sus proyectos musicales adultos iban a avanzar sin trabas.

—Cuando empiezas trabajando desde las ganas y ves que todo funciona súper rápido, piensas que así vas a seguir. Pero mi trabajo solista ha sido más bien lo contrario. No me acomodé en un estilo en particular, no tuve las puertas abiertas y, digamos, ha sido como un eterno encuentro con la realidad.

—¿La realidad del ambiente cultural chileno, quieres decir?
—La mía, la del entorno, la de la industria en el país. Lo complejo que es, y cómo tener un proyecto sola te exige estar siempre convencida y con fuerza para sacarlo adelante. Y además darte cuenta de que el público chileno puede no estar receptivo para entender lo que quieres mostrar, que es valorar los espectáculos en vivo, defender la artesanía de la música. Jamás diría «país de mierda, de acá hay que arrancar», porque las cosas han avanzado un montón, y yo lo he visto. Cuando partí con Jazzimodo casi no había sentido del pop, del espectáculo. Y por supuesto que las cosas han crecido muchísimo, en oferta y en festivales, en sellos, compositores, colectivos… Pero siempre siento, sí, que acá las ganas de que las cosas sucedan son más que lo que el medio soporta.

 

Armar equipos ha sido particularmente exigente para Paz Court, quien para cada uno de los cuatro discos grabados como solista ha buscado bandas y productores de características definidas por un concepto, como cuando en Los viudos de Marilyn (2003) llevó a disco un repertorio escénico clásico (Jacques Brel, Marilyn Monroe, Benny Moré) mostrado ya previamente en un espectáculo conceptual en vivo. O cuando en Cómeme (2015) trabajó junto a Andrés Landon un pop de justo atrevimiento erótico, muy personal.

Al respecto, La Orquesta Florida (con la cual ofreció varios conciertos entre 2016 y 2018, y grabó los discos Cómeme reinventado y Veranito de San Juan) fue un clímax doble de concreción de un sueño y a la vez enfrentamiento al sinfín de dificultades de llevar independientemente a buen puerto a un equipo de big-band que llegó a tener veinte integrantes. Según ella, en avanzar junto a la orquesta había un impulso de rebeldía frente a una escena pop con más máquinas y pistas que intérpretes en vivo, pero también cierta inconsciencia inicial de los muchos factores que se iban a presentar como amenazas.

—Es un nivel de stress difícil de imaginar para quien no está en algo así. Por un lado estás llevando una música que te llena, que suena preciosa, y por otro estás descorazonada porque la devolución que recibes no es de la magnitud del esfuerzo que uno hace. Me ha obligado a desarrollar una garra que me mantiene diciendo: vamos, sigamos, todo de nuevo otra vez. Es una energía que ya ni sé de dónde me sale.

—¿Lo sientes como una obligación artística?
—… es mi manera de ser. No podría quedarme pegada en lo mismo sólo porque me resulta cómodo. Yo decidí hacer música para estar en lo que sueño, no para conformarme con lo que me acomoda o me alcanza. Y si me meto en una rebeldía, pues asumo las consecuencias que eso traiga.

Lo anterior es una explicación estupenda para el tipo de sonido que hoy avanza en las canciones que Paz Court trabaja desde hace unos meses (junto a Esteban Sumar como productor) como preparación a un quinto disco. Un disco, adelanta, «súper dark», que ya tiene título (La fuerza) y que en el single ‘Pajarillo negro’ da pistas de un sonido explorador, profundo, crudo; asociable, quizás, a un trote andino centenario trabajado con recursos urbanos conectados por cables. El tema con versos sobre libertad, destino y valentía —en parte influenciados por un tiempo de indagación personal en la vida e ideas de Violeta Parra, cuenta— ha marcado para su autora e intérprete la conquista de no sólo atreverse a exponer zonas oscuras internas sino que además «encontrar belleza en ello», en sus palabras.

—Tiene que ver con un ejercicio personal de abrazar lugares míos que estaban ocultos. U olvidados. Paz Court como que siempre está asociada a la luminosidad, a la primavera, a lo onírico, a lo romántico… y esa sí es una parte de mí pero no lo es todo —advierte, su melena corta y su maquillaje impecable como marcas de un estilo que efectivamente es parte de su identidad pública—. Diría, más bien, que esta nueva parte ha sido la constante de mi vida, y ahora tengo el valor de sacarla, reencontrándome además con ciertas inquietudes por la música experimental y electrónica que alguna vez tuve.

—Es un ejercicio medio vertiginoso, ¿no? Si te atreves a mostrar zonas oscuras puedes exponer intimidades dolorosas.
—Totalmente. Al principio, componer estas canciones y revisarlas… me dio miedo; yo misma me asusté. ¿Y esto puede salir de mí?, pensaba. Pero dejé que saliera todo. Y el disco ha sido una oportunidad para unificarme internamente. Estoy muy feliz de poder reconocerme a mí en mi totalidad. Me siento bien con mi piel ahora. Me acomoda este momento.

Lanza de pronto como quien suelta una anécdota tragicómica:

«Me han preguntado: ¿Y dónde va a caber música como la tuya en un mundo de reggaetón?. Y, perdón: ése no es el mundo. No es el único mundo, aunque así nos lo digan los medios y la publicidad, que no dejan que se visibilice a gente que vive y crea de otras maneras. Existimos también los que estamos haciendo muchas otras formas de música. Ahora vamos a tener que encontrar la manera de mantenernos en esto».

Paz Court es una de los veintidós cantautores latinoamericanos reunidos en El Núcleo Distante, colectivo de creación musical autoconvocado que en 2018 subió a Spotify el fruto de su valioso intercambio con título preciso: Notas de voz. Canciones que nos enviamos en nuestro grupo de wasap. Entre El David Aguilar, Franny Glass, Gaby Moreno y varios otros, Paz sumó allí su canción ‘La noche oscura‘.

—Eres cantautora, pero has sido también una gestora muy dedicada. ¿Cuáles van a ser tus herramientas de autopromoción a lo lejos? ¿Lo sabes ya?
—En general mi camino ha sido un poco intencionalmente desenmarcado de lo que se está haciendo. Yo veo un momento de crisis, en el sentido que las redes sociales nos hicieron un gran bien a los músicos independientes, pero ya no. Hoy son tu promoción, pero también tu esclavitud. Y puedes caer en modelos y en maneras de hacer las cosas que otros imponen, y si no el algoritmo te descarta. Yo ahora estoy en una búsqueda hacia adentro, en otra, no me preocupa la selfie. Porque si a mí me va a ir bien quiero que sea por mi música, no por las fotos que subo. Hay prioridades, y ya se verá.

 

Paz Court en vivo:

Lunes 12 de agosto
El Depa de los Pebles (reservas en +569.6832 8502).

Domingo 18 de agosto
Citylab - Centro Gabriela Mistral (GAM), Santiago.