Marisole Valenzuela

La cercanía y amor por la tierra chilena fue experiencia vital para la cantora de campo Marisole Valenzuela, quien describe su pueblo de nacimiento y educación, Toquihua (provincia de Ñuble) como un lugar de cerros y caminos polvorientos en verano y barrosos en invierno, entre trigos y ganados, huertas y frutales.

Fechas

Toquihua (Ñuble) - 23 de diciembre de 1970

Décadas

1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Marisol García

Así, su interés por la música y la poesía se desarrolló de modo espontáneo junto al oficio de artesanía en lana, las curaciones con hierbas, y las prácticas religiosas de su zona, en una familia extendida de trece hermanos en la que pretender darle al canto un cauce profesional eran rasgos de inaceptable rebeldía. Con el tiempo y la persistencia, Marisole Valenzuela se convirtió en una cantora con discos propios y presencia en encuentros, festivales, así como también una serie de programas radiales a su cargo, en los que ha podido transmitir lecciones tradicionales desde su conocimiento empírico de éstas. Con «Jugo de dignidad» obtuvo el tercer lugar en el Festival del Huaso de Olmué 2004.

Lecciones y restricciones campesinas
Cuando, en sexto básico, Valenzuela obtuvo una beca para seguir sus estudios escolares en San Carlos, a 38 kms., su familia no le autorizó alejarse: su cultura tenía determinado para ella, como hija menor, la obligación del cuidado de sus padres en la vejez. Los estudios quedaron interrumpidos —más tarde los retomaría— y el aprendizaje se encauzó entonces en el canto con guitarra y afinaciones traspuestas, a la manera de las cantoras con las que interactuaba en el pueblo y los alrededores. Cita a María Venegas y Modesta González como sus dos principales maestras.

Fija en 1986 un año de inicio para su actividad más formal como cantora, frente a audiencias y con proyectos de grabación, no exentos de trabas, de sistema y también familiares. «Ellos veían como una desgracia que yo cantara —recuerda Marisole en entrevista con David Ponce sobre los comentarios de sus padres y hermanos—. Era difícil rebelarse. La que se rebelaba era la oveja negra, y yo pasé a ser la oveja negra».

Presentaciones en la radio de San Carlos y algunos encuentros populares fueron expandiendo en la zona su talento, y confirmando la vocación de esa oveja negra.

En 1995, en Portezuelo, conoció en un encuentro de cantoras a Mauricia Saavedra, fundamental para sus primeras colaboraciones y agenda de presentaciones en la región del Maule y también discos. Fue junto a ella que Valenzuela entró por primera vez a un estudio de grabación, y en Santiago. El Fondart financió los discos de ambas Frutos y raíces de la cantora campesina (1997) y Herencia y tradición de la cantora campesina (1998) (años más tarde, ambas también trabajarían Dios las cría y el canto las junta).

Maestra en escuelas rurales, recopiladora de canciones y afinaciones, y divulgadora en micrófonos radiales y en actos públicos, ha elegido el contacto directo con alumnos y audiencia, al margen de la corriente institucional de trabajo con el folclor chileno:

Me cansé de cantar en lugares donde no se valora lo que yo hago… yo canto para la gente sencilla de mi pueblo, por ellos y para ellos hago música. Tendrían que pagarme muy bien para volver a cantar en algún acto institucional, porque luego del último mal rato entendí que aquí no se valora ni respeta nuestra cultura.

Sigue, además, atada a su tierra, la de sus «cerros amados», sus plantas y el latido primario del canto que definió su camino.

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Este 24 de agosto, el grupo de Quilpué conmemora cinco décadas de música en el Teatro Caupolicán y confirma la participación de Isabel Parra, Magdalena Matthey y Simón González.