Eduardo Maturana

Además de ser uno de los primeros compositores chilenos que adoptaron en su obra la dodecafonía y el serialismo, Eduardo Maturana fue un activo protagonista de la escena vanguardista que se estableció durante la década de 1960, con músicos como León Schidlowsky, Gustavo Becerra y Leni Alexander, entre otros. Suya es “Responsorio para el guerrillero”, emblemática pieza que describe este período en Chile, donde incorporó inéditos elementos al sonido de la orquesta y la narrativa sinfónica.

Fechas

Valparaíso - 14 de abril de 1920
Muerte: 2003
Santiago

Décadas

1940 |1950 |1960 |1970 |1980 |

Géneros

Eduardo Maturana

José Oplustil

Compositor e intérprete de viola, Maturana comenzó sus estudios en Valparaíso, su ciudad natal, y los continuó en el Conservatorio Nacional en Santiago hasta 1944. Tuvo entre sus maestros a Werner Fischer, Samuel Negrete, Pedro Humberto Allende y Luis Mutschler. Después de abandonar esa formación, trabajó como copista de partituras, lo que le permitió conocer la tradición europea desde Bach hasta el siglo XIX.

En 1954 fundó la Agrupación Tonus, con Fré Focke y Esteban Eitler, y desde 1958 hasta 1977 actuó como segunda viola de la Orquesta Filarmónica de Santiago. En 1965 fue nombrado coordinador de la Ópera de Cámara del Teatro Municipal y además ocupó el cargo de secretario de la Asociación Nacional de Compositores. Maturana ganó gran reconocimiento en el campo de la antropología, como asistente de Luis Strozzi.

Dodecafonía, serialismo y guitarra eléctrica
A partir de su tercera obra, “Aforística para piano” (1947), Maturana comenzó a emplear las técnicas dodecafónicas y seriales. A diferencia de otros compositores chilenos que viajaron a Europa o Estados Unidos para conocer la actualidad musical, Maturana se adentró en ella a través de los textos de Leibowitz, Krenek y otros.

Vital en ese proceso fueron, además, las visitas a Chile de Nicolás Slominsky, Fré Focke y Esteban Eitler, con quienes resolvió sus dudas, discutió problemas técnicos y colaboró estrechamente. Su lenguaje se caracterizó, inicialmente, por el uso de las microformas, a la manera de Webern, pero con una expresividad reminiscente de Berg.

Mientras este primer período creativo alcanza depuración técnica y estilística en las “Diez micropiezas para cuarteto de cuerdas” (1950). Un segundo período comienza con la obra “Gamma uno” para orquesta, compuesta en 1962 y presentada en el VIII Festival de Música Chilena. A partir de entonces, Maturana se expande a formatos mayores,
otorga relevancia a la percusión y en ocasiones incorpora la aleatoriedad y elementos electrónicos.

Dos partituras controvertidas de esta época creativa fueron “Retrato, balada y muerte del poeta Teófilo Cid” (1966) y “Responso para el guerrillero” (1968), dedicada en su subtítulo al Comandante Che Guevara. La segunda suma, a la orquesta tradicional, objetos metálicos, guitarra eléctrica, batería y una cinta pregrabada que contrasta avisos radiales que incitan al consumo con la voz del propio Che leyendo la carta enviada a su hijo menor antes de morir.

Otras obras importantes del período son “Concertante para corno y orquesta”, de 1967, que ganó el segundo premio en el Concurso de Música Crav de ese año, el “Cuarteto para cuerdas” de 1962 y los “Cinco móviles para orquesta de cuerdas” que estrenó el director Fernando Rosas con la Orquesta de Cámara de la Universidad Católica en 1968.

Maturana debió que abandonar el país en 1977. Se radicó primero en Panamá y a partir de 1990, en Canadá. Dejó de componer en 1982 y desde entonces hasta su muerte solamente se estrenaron tres obras suyas: “Una temporada en el infierno” y “Concierto para cello”, en Brasil, y “Dos canciones” en Chile.

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