Alejandro Albornoz

El paso de la electrónica intuitiva a la electrónica académica ha marcado el derrotero de Alejandro Albornoz, compositor, improvisador, artista sonoro y visual e investigador que participó en la revitalización de la música electroacústica chilena desde mediados de los años 2000, y junto a compositores como Federico Schumacher y José Miguel Candela, principalmente con la puesta en marcha del festival Ai-Maako. Su ciclo de tres álbumes titulado Fluctuaciones vino a registrar los tiempos en que Albornoz se instaló en forma definitiva entre esa generación de autores de música acusmática.

Fechas

Santiago - 20 de junio de 1971

Décadas

1990 |2000 |2010 |2020 |

Géneros

Grupos

Iñigo Díaz

Sus primeros trabajos tuvieron lugar durante la adolescencia, con Arteknnia, grupo techno industrial formado en 1985 para encausar sus tempranas experimentaciones a partir del uso de teclados. Albornoz conformó allí una base junto al tecladista Mario Aguilar en un proyecto que dejó registradas sesiones para el disco compilatorio Con el corazón aquí (1992) y el EP de cuatro temas La última tierra (1995). Un año después se disolvió, entonces Albornoz continuó con sus búsquedas, ahora en un camino personal.

Pero ya en 1987 había accedido a la música electroacústica, escuchando material en la biblioteca del Goethe Institut. Ello lo encaminó a descubrir a compositores como Karlheinz Stockhausen, y luego a los chilenos Juan Amenábar y José Vicente Asuar. Albornoz seguiría siendo únicamente auditor de la música electroacústica, puesto que hasta 2004 se mantuvo trabajando en artes visuales y electrónica no académica, en este caso con el alias de Mankacen, proyecto denominado "post-techno" con el que editó los discos A la chuña (1999) y En memoria (2003). Más tarde, durante su etapa de estudios en Inglaterra, produciría nuevos álbumes digitales como Mankacen.

En 2005 se unió a la Comunidad Electroacústica de Chile (Cech), agrupación de compositores que puso en marcha el Festival Internacional de Música Electroacústica Ai-Maako. Albornoz participó en cursos, talleres y seminarios dictados por Federico Schumacher, Rodrigo Sigal y Rodrigo Cádiz. De esta manera intensificó su presencia en el campo de la composición en laboratorios especializados, realizó investigaciones y publicaciones y multiplicó su quehacer como autor de música para teatro y danza, productor de encuentros, conciertos y conferencias, y jurado en certámenes como el Concurso Latinoamericano de Composición Electroacústica y Electrónica Gustavo Becerra-Schmidt. En Chile ha participado instancias creativas como Cruces sonoros y la Noche blanca, y se ha presentado en festivales como Synthèse (Bourges), JIEM (Madrid), la Bienal Internacional de Música Eletroacústica (São Paulo), Sonoimágenes (Buenos Aires) o Sound Junction (Sheffield).

En Inglaterra se instaló en 2015 con una beca para realizar un doctorado en la Universidad de Shieffield. Allí estudió la voz humana desde su cualidad como material sonoro hasta que su transformación en soporte poético en el contexto de la electroacústica. En esa ciudad, Albornoz finalizó el ciclo de composición y registro de su primera época en la música académica, con la trilogía de discos Fluctuaciones, Fluctuaciones 2 y Fluctuaciones 3: live electronics, que editó en 2016 con el netlabel Pueblo Nuevo.

Un patrimonio que cumple medio siglo

Desde 1970, el Archivo de Música de la Biblioteca Nacional resguarda partituras, manuscritos, documentos personales, grabaciones, piezas gráficas y una multitud de objetos relacionados con la creación realizada en el país. En octubre festejan sus 50 años con el IV Encuentro Iberoamericano de Archivos Musicales y Sonoros. La programación, acá.

Leo Saavedra confinado

A cinco años de su debut como solista, el ex vocalista de Primavera de Praga presenta su segundo disco, Operación ballena, con ocho canciones compuestas y grabadas durante la cuarentena obligada por el nuevo coronavirus.