Marisol García
La influencia diversa de bandas sonoras europeas, el rocanrol más aventurero (tipo Bill Halley y The Shadows) y la tarantela italiana marcó el fresco sonido de un grupo fundado en Valparaíso en 1962 —primero, como The Five Splendor—, y que entonces tuvo el atrevimiento de una propuesta inaudita: base rocanrolera, letras de romántica nostalgia y el adorno intermitente de dos saxos tenores al unísono. También había distinción en lo visual, con brillantes chaquetas azules que fueron su marca de estilo sin excepción en los cientos de conciertos de su trayectoria. En vaga traducción del inglés, el «blue splendor» le ofrecía a Chile una melancolía esplendorosa.
Ya sus dos primeros singles (Philips, 1965) les granjearon aquella conquista por la que muchas bandas luchan toda una vida: una identidad musical distintiva. Las dos caras de “Amazonas” / “Verano sin amor” y “Visión de otoño” / “Desesperado por ti” mostraban un rocanrol de pulso firme y eco nostálgico; melodías amables entre quiebres imaginativos. Eran canciones a la vez convocantes y atípicas. El Premio Laurel, uno de los galardones importantes de espectáculos entonces en Chile, los reconoció ese año como «mejor conjunto revelación». De cálida acogida en vivo, el grupo forjó un inicial circuito de quintas de recreo y clubes deportivos del puerto como sus primeros escenarios.
Decididos a profesonalizarse en la música, consiguieron que Philips accediera a publicarles un largaduración. El primer álbum de Los Blue Splendor apareció en 1966 y muestra en la carátula a seis integrantes muy jóvenes (algunos, aún menores de edad). Casi todas las composiciones del grupo eran originales de su director musical, Ángelo Macchiavello (1944-2011), joven porteño con voraz curiosidad musical desde la infancia. Autodidacta en acordeón desde los 5 años de edad, su familia de inmigrantes italianos lo había acercado a sonoridades y ritmos poco habituales en el gusto chileno de la época, que él a su vez aprendió a traspasar a las teclas de su órgano Hohner.
«El sonido de Los Blue Splendor y el juvenil entusiasmo que despliegan en cada una de sus melodías les han ganado el reconocimiento del público que sigue sus interpretaciones», los presentaba el texto en el reverso de portada de ese LP debut. Se les llama allí «progresistas dentro de la música moderna», destacándose la riqueza de sus contrastes: «Al presentar su primer álbum de largaduración, hemos querido matizar sus grandes éxitos con sus nuevas creaciones de tal manera que podamos apreciar con el correr de los surcos la gran variedad interpretativa, así como la agradable y muy personal voz de su vocalista, Rafael Palacios».
En efecto, el repertorio escogido para ese disco identificaban seis títulos en la calidad de «shake», tres baladas, un bossanova (“Te puedes arrepentir”), un tema de rock (“Hola, Rosita”) y una partida con título autodefinido (“Ritmo de go go”). El grupo quedaba con esa oferta en una casi insuperable ventaja respecto a los remedos, covers y traducciones que caracterizaban entonces a parte del primer rock y la llamada Nueva Ola facturados en Chile.
Iba a ser esa la misma marca de los dos LP que siguieron, ambos también para el sello Philips, en 1967 y 1968. Composiciones propias, con algunas muy peculiares versiones para tracks compuestos por el británico John Barry, parte del panteón de grandes compositores para filmes del siglo XX. Aportarle ecos de Valparaíso a una pieza como "Goldfinger" es mérito de un grupo que iba a volverse atemporal.
«Cuando escuchas un rock’n’roll nuestro, estamos tratando de imitar el ritmo de Elvis Presley, mezclado no con Bill Haley, sino que con Don Costa. Y si a todo esto agregas el suspenso de la música de James Bond, te produce un ambiente misterioso: ese es, básicamente, el estilo de Los Blue Splendor», iban a describir mucho tiempo más tarde los músicos para el libro Prueba de sonido, de David Ponce.
Aunque la banda se mantuvo activa por décadas, no vinieron más grabaciones (lo cual explica, en parte, el estatus de joya de coleccionista que adquirieron esos tres LP). Pero quien fuera a sus conciertos comprendía de inmediato que era ahí, en el en vivo, que se sostenía la marca del conjunto. Es algo que registra estupendamente el premiado documental Los Blue Splendor (2007, Manuel González), hábil en transmitir el profundo arraigo de la música del conjunto a los rincones, boliches y auditores de Valparaíso, puerto de brillos y sombras que en parte explica la peculiar emotividad de sus grabaciones. Música a la vez bailable e íntima.
En junio de 2012 el grupo celebró la asombrosa marca de cincuenta años de actividad con un concierto en el Teatro Municipal de Valparaíso, aunque ya sin Ángelo Machiavello ni Rafael Palacios a bordo, fallecidos respectivamente en agosto de 2011 y junio de 2007. «Los Blue Splendor van a existir siempre. Éstos son los primeros cincuenta años, la primera parte», aseguraron entonces. Lo que mantiene viva su música es tanto el recuerdo entrañable de la escucha de sus grabaciones clásicas como una formación de herederos de aquel sonido pionero, la cual continúa hasta hoy, con Ángelo Machiavello Jr. como director musical, y una agenda vigente de grabaciones y shows.
Actualizado el 29 de junio de 2026