Griz

El método de muchos grupos que incrementaron el rock independiente chileno en los años 90 fue tocar fuerte y rápido: era punk rock. La generación siguiente introdujo cambios: tocar fuerte, pero variar las revoluciones, cantar de otro modo o no cantar en absoluto. Griz es el grupo más drástico de esa partida. Si es por cuestiones musicales, este trío toca rock instrumental al punto de que todo atisbo de palabra está desterrado de canciones, títulos, nombres de discos y discurso en general. Y si es por asuntos extramusicales, es un grupo al margen no sólo de la gran industria, sino también de auspicios estatales. Griz graba sus discos, produce sus conciertos y hace todo por sí mismo.

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Años

Santiago, 1999 -

Décadas

1990 |2000 |

Géneros

Griz

Integrantes

Roberto Oyarzún, guitarra (1999 - •).
Jaime Martínez, bajo (1999 - 2006).
Cristián Vásquez, batería (1999 - •).
Alejandro Stephens, bajo (2006 - •).

 

David Ponce

La especie de grupo de rock sin cantante era rara cuando el trío debutó en marzo de 2000 en un festival de punk, ska y rock con Enfermos Terminales, DonFango o Sandino Rockers. Los mismos orígenes de Griz eran punk: el bajista Jaime Martínez provenía de Redención 9.11, con quienes grabó un primer disco, y el baterista Cristián Vásquez tocó en Desfase y Enfermos Terminales. El punk rock y el metal están en los libros de Griz. Pero también Chico Buarque, Serrat o Charlie Parker.

‘‘Cuando empezamos queríamos materializar todas las cosas que en otros lugares, bandas o situaciones quisimos tocar: riffs, baterías. Había licencia para eso y se fue generando cierta estética’’, explica el guitarrista Roberto Oyarzún. ‘‘Al principio todos preguntaban por qué no teníamos vocalista. La clásica era: Sabes que la banda era buena, pero deberían buscarse un vocalista. Y en un principio había, pero no funcionó y seguimos los tres’’, agrega el baterista.

‘‘Nadie nos daba más de cinco meses’’, recuerda el guitarrista, cuyo grupo suma cuatro discos en cuatro años. Uno fue grabado en vivo en Estudio Elefante y el Teatro Esmeralda en 2003, y los demás fueron registrados del modo más crudo en estudios de grabación, donde una máquina con cinco pistas basta para Griz: dos canales para la batería, dos para la guitarra y uno para el bajo. Es en sus actuaciones donde la austeridad se suma a la intensidad incendiaria que el trío extrae del ruido eléctrico. ‘‘No tener voz nos obliga a llenar más los temas’’, dicen. ‘‘Lo que mejor hacemos es tocar. Lo que nos cuesta en realidad es plasmar en discos lo que hacemos en vivo’’.

‘‘Me gusta hacer una música muy primitiva. Si quisiéramos algo más refinado tocaríamos con otros músicos’’, resume Vásquez. Pero después de cuatro discos hay matices dentro de esa rudeza. Si los dos primeros, grabados en 2001 y 2001, están construidos con densas paredes de sonido, aparecen melodías y mayores estructuras lógicas en Volumen 3: Griz llega a la canción por otra vía. ‘‘Lo rescatable es que logramos levantar algunos murallones que se nos caen o no’’, grafica Oyarzún. ‘‘Más que el estilo me llaman la atención los ambientes, y a veces en vivo tenemos la facultad de generar esos climas’’.

Apenas lanzado el disco debut, Griz emprendió la primera de tres giras internacionales. En febrero de 2000 viajaron a Uruguay a tocar con la banda rockera Hablan por la Espalda. ‘‘A jipear. A vacacionar y a tocar’’, dice Oyarzún. ‘‘Y a dedo. Con una carpa, dormimos en la carretera. Ultra lo-fi’’, agrega Vásquez. En octubre de 2001 y octubre de 2002 el destino fue Buenos Aires, junto a grupos como Loquero, Baltimore in Love, Comme y Restos Fósiles. En Chile también han abordado giras a las sureñas ciudades de Chillán, Concepción y Temuco, y Griz está entre los más activos gestores de conciertos de rock independiente en Santiago, donde ocasionalmente han tocado con músicos de grupos como Diablo.

‘‘Sin querer tener un afán discriminatorio, no interesa llegar a la gente. Tocamos no más’’, dice Vásquez. ‘‘Hemos apostado por esa forma de promoción: pegando afiches en las calles y tocando harto en vivo más que aparecer en esto’’, agrega Oyarzún mientras blande un diario. ‘‘Están esas bandas para las que ser independientes es la antesala de algo’’, explica: no es lo mismo para Griz. ‘‘Somos, como diría Douglas, low pérfil. No es la antesala de nada. No creo que esto sea distinto nunca. No opera esa noción de que ‘nos vaya bien’. Que nos vaya bien es ir a tocar a un lugar, lograr el reconocimiento de las bandas que admiramos como Yajaira: básicamente la realidad’’.

 

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