Cántaro

Nacido al alero de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile a partir del Taller de Música Latinoamericana instaurado en 1997 por el compositor, guitarrista y maestro Claudio Acevedo, Cántaro reunió a músicos de este taller, en su versión de 1999, y lo impulsó como ensamble acústico de geometría variable. Así se convirtió en un activo proyecto dedicado a la fusión contemporánea y la raíz americana en el nuevo siglo, parte de la renovación de un cruce entre músicas docta y popular propuesta por la antigua Nueva Canción Chilena en los años '60.

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Años

Santiago, 1999 - 2011

Décadas

2000 |2010 |

Géneros

Integrantes

Claudio Acevedo, cuatro, charango, tiple y dirección musical (1999 - •).
Marcelo Vergara, voz y guitarra (1999 - 2004).
Sebastián Seves, voz y guitarra (1999 - •).
Josefina Echenique, voz (1999 - •).
Mario Hurtado, voz, percusiones, charango y guitarra (1999 - •).
Favio Villarroel, voz y flauta traversa (1999 - •).
Patricio Lisboa, voz y contrabajo (1999 - •).
Diana Rojas, voz, clarinete y percusiones (1999 - •).
Jeanette Salazar, voz y violín (2001 - 2007).

Iñigo Díaz

Su origen es curioso: parte de este taller de la Universidad de Chile (que en su estreno montó la obra “Canto para una semilla”, apoyados por el propio Luis Advis) fue escogido por Acevedo para presentarse en una reunión privada. Las composiciones originales llamaron la atención de ese público informal apostado en el living de una casa de Santiago y convenció a su director de formar un grupo establecido. La primera alineación incluyó a músicos que también integraba el grupo La Comarca (Sebastián Seves, Patricio Lisboa), así como compositores y voces solistas (Marcelo Vergara, Josefina Echenique) y multiinstrumentistas de distinta consideración (Favio Villarroel, Diana Rojas, Mario Hurtado).

Cántaro vistió ropas blancas y giró por distintos escenarios acoplando sus composiciones que incluían ritmos como el festejo y el landó peruanos, el joropo venezolano, la tonada chilena, la zamba argentina, el método de composición de la música docta, desde donde todos sus integrantes provenían, y la utilización de textos de poetas como César Vallejo, Alfonsina Storni, Nicolás Guillén, Nicomedes Santa Cruz y Sor Juana Inés de la Cruz. En 2000 actuó junto a la Orquesta Sinfónica de Chile dirigida por Juan Pablo Izquierdo y luego grabó un primer disco, como manifiesto titular: Música de raíz latinoamericana (2002).

Desde entonces, los integrantes de Cántaro comenzaron a emigrar paulatinamente a Francia y para 2007 dejaron el proyecto partido en dos: su director en Santiago de Chile (Claudio Acevedo integró el Ensamble Serenata) y sus músicos en París. En 2006 publicaron un segundo trabajo, Andarién, y en 2008 iniciaron giras europeas con música callejera y en teatros de Francia e Italia, y un trabajo de exploración de la música de Violeta Parra, guiados por el cantautor Ángel Parra y con arreglos del pianista de vanguardia Matías Pizarro.

Tras la grabación de Buen puerto (2011), su tercer título, producido íntegramente en su periodo de vida en París, los músicos del grupo fueron regresando a Chile paulatinamente. Algunos se mantuvieron en Francia, pero una buena partida de sus integrantes y más activos compositores inició una independencia creativa de regreso que se tradujo en una serie de discos, siempre a la espera de una reactivación de Cántaro como proyecto: Diana Rojas (con Hay que gritar!, 2012), Sebastián Seves (con Tormenta 'e cuecas, 2012) o Mario Hurtado (con Métamorphose, 2012).

El tercer disco no cuirculó hasta ocho años despuéss, cuando el grupo lo editó formalmente y se reunió para hacer algunas presentaciones en Santiago.

"Hijo del sol luminoso", casi 40 años después

En 1981, cuando Joe Vasconcellos era el joven cantante de Congreso, les mostró "Hijo del sol luminoso" con su guitarra y el grupo la convirtió en un clásico al incluirla en su disco Viaje por la cresta del mundo. Casi cuatro décadas después, su autor lanza otra versión: El colorido registro de su concierto de noviembre, acompañado de la Banda Conmoción y Santa Feria.

Cueca centenaria

En 1895, los Lumiere presentaron el cine , y encargaron a realizadores grabar cortos en todo el mundo. En 1903 llegó uno a Chile , y grabó la primera película chilena: Paseo a Playa Ancha. Cinco cortos. El primero es un registro de personas bailando zamacueca. En 2017 lo restauró y publicó la Cineteca.