Aleste

Aleste fue un grupo de estampa rockera pero innegable sonido pop. En los años noventa, la banda protagonizó un auténtico fenómeno de masas al editar el disco Rastros (1993), cuyo primer single, “Hay un límite”, les granjeó una popularidad que les permitió recorrer Chile, Ecuador y Perú, y dejó su recuerdo instalado por más de una década gracias a su adherente estribillo. El conjunto está asociado a un momento puntual de la música chilena y de su industria (antes de internet, de la autogestión y la cuarta ola feminista), pero en 2019 rearticuló sus piezas originales para presentar un nuevo disco.

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Años

Santiago, 1993 - 1996 (reunidos en 2019)

Décadas

1990 |

Géneros

Pop

Integrantes

Alfredo Alonso, guitarra y voz (1993 - 1996 / 2019 - •)
Rodrigo Espinoza, voz (1993 - 1995 / 2019 - •)
Ricardo Viancos, bajo (1993 - 1995 / 2019 - •)
Lito Zerené, batería (1993 - 1996 / 2019 - •)
Juan Pablo Nieto, teclado (1993 - 1996 / 2019 - •).

Jorge Leiva / Marisol García

Pelo largo y riffs
Luego de tres años de trabajo junto al grupo Diva, el guitarrista Alfredo Alonso comenzó, hacia 1993, a reunir entre amigos y conocidos a músicos dispuestos a formar una banda que se aprovechara de la fama local para apuestas estodounidenses de pop/rock tipo Bon Jovi y Skid Row. Se asoció entonces a cuatro músicos con cierta experiencia (Lito Zerené había participado de los exitosos Valija Diplomática), dispuestos a comenzar a ensayar un repertorio de autoría de Alonso. A poco andar consiguieron que el sello Polygram les diera su confianza para un contrato.

El primer single en destacarse del álbum Aleste (1993) fue "Hay un límite". Pero había otras canciones tarareables en ese disco de riffs eléctricos y mensajes bondadosos. “Tiempo blanco” (contra el suicidio), “Como la primera vez” y un cover del clásico argentino “La balsa” (de Lito Nebbia) eran también parte del álbum, que se ganó la simpatía del público adolescente en Chile y el extranjero, y le entregó al grupo una constante presencia televisiva.

«Tenemos influencias, entre ellas los jingles. Antes hicimos muchos», reconocían sin complejos los integrantes del grupo respecto a sus básicos arreglos de pop.

Nadie se sorprendió demasiado cuando Aleste se ganó un cupo para el Festival de Viña 1995. Fue allí donde el cantante Rodrigo Espinoza conoció a la estrella mexicana Yuri, con quien inició un muy publicitado romance. El affaire no habría afectado mayormente al grupo, de no ser por la decisión de Espinoza de acompañar a Yuri por un tiempo largo, y mudarse junto a ella a México. El cantante se lo anunció a sus compañeros cuatro días antes de entrar a estudio para grabar las voces del segundo disco, causando una lógica molestia interna.

«Todos reaccionaron muy negativamente, pero no los culpo: los dejé en la mitad de un disco y con adelantos de regalías —contó más tarde el cantante en una entrevista en México—. Además, teníamos casi firmado un contrato con un refresco muy famoso para una gira por todo Chile. Reconozco que la manera de partir no fue la correcta, aunque ya he conversado con ellos eso y hemos limado asperezas, solo había una solución para eso y era pedir perdón para reconciliar los corazones y restituir el daño».

El álbum, con producción del argentino Mario Breuer y presupuesto aprobado para una mezcla en Miami, se quedaba entonces sin vocalista. El puesto fue ocupado por Alonso, en lo que fue el comienzo de una serie de problemas para la banda. Al poco tiempo también los abandonó su mánager y luego, debido a una tendinitis, también el bajista Ricardo Viancos. Así, antes de publicar el disco, Aleste se había convertido en trío.

De a tres
Aleste del cielo está el paraíso (1995) no consiguió el impacto de su debut, pese a cierta rotación radial para el single "Cuando el cielo llora" y una versión en español para "Wild world", de Cat Stevens. Alonso se había convertido para entonces en una figura de la farándula local, y el clip para ese tema, una ficción de boda entre él y la modelo Paola Camaggi filmada en la iglesia de Los Sacramentinos repleta de osos de peluche, perfectamente calificaba de hito kitsch.

A fines de 1995, el grupo se ocupó en grabar un tema para a banda sonora latina de la película de los Power Rangers. Hacia el año siguiente, su baja actividad los obligó a tomar una determinación sobre su continuidad. Lo mejor era acabar con Aleste, por pura incomprensión del medio. Según Alfredo Alonso, «salimos demasiado adelantados para la escena musical de este país. Este grupo que cuidaba la imagen, cómo se vestía y cómo se movía, cayó muy bien pero también a algunos le pareció sobreproducción. Y yo no le llamo sobreproducción sino profesionalismo».

Rodrigo Espinoza reapareció más tarde en Chile para cantarle a Dios según el nuevo credo evangélico de su esposa, y con Yuri y su fe vive hasta hoy en el D.F. mexicano, donde ya ha publicado material solista (Me inundas fue su disco del 2001).

Alonso y Zerené, en tanto, volvieron a asociarse en un trío llamado ESKP, comandado por la voz de la argentina Lorena Taibo (ex El Símbolo) y también con el apoyo del baterista Tito Troncoso (ex-Viena). La banda tuvo cierta resonancia con su disco Cuerpos en tránsito (1998), y por un tema aportado a la teleserie "Eclipse de luna". Tras ese último proyecto musical, Alonso se ha consolidado en su oficio de publicista, y conductor de radio y televisión.

A mediados de 2010, Alfredo Alonso anunció un único show de reunión con sus ex compañeros Zerené y Espinoza, aunque no se trataba de una estrategia formal de regreso de Aleste, sino, apenas, un reencuentro. Ese concierto de agosto en el Teatro Teletón pasó sin dejar impronta por la cartelera en vivo del año Bicentenario, pese a la presencia invitada de Yuri. En 2019 la idea de una reunión llegó sin embargo más lejos: se anunció un nuevo disco grabado con la formación original, La máquina del tiempo, con nuevas versiones para viejos temas y cuatro canciones antes inéditas. El debut en vivo de esa rearticulación de Aleste no pudo ser en un contexto más excepcional: con sus cinco integrantes sobre el escenario, el grupo volvió a presentarse en noviembre de 2020 ante un Teatro Nescafé a un tercio de su capacidad, cuando los estrictos protocolos sanitarios por el Covid-19 habían convertido a la agenda de música en vivo en Chile en un triste páramo de cancelaciones y streaming.