Aleste

La admiración femenina fue el principal soporte de la popularidad de Aleste, un grupo de estampa rockera pero innegable sonido pop. La banda protagonizó un auténtico fenómeno de masas al editar el disco Rastros (1993), cuyo primer single, “Hay un límite”, les granjeó una fama que les permitió recorrer Chile, Ecuador y Perú.

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Años

Santiago, 1993 - 1996

Décadas

1990 |

Géneros

Pop

Integrantes

Alfredo Alonso, guitarra y voz (1993 – 1996).
Rodrigo Espinoza, voz (1993 – 1995).
Ricardo Viancos, bajo (1993 – 1995).
Lito Zerené, batería (1993 – 1996).
Juan Pablo Nieto, teclado (1993 – 1996).

Jorge Leiva / Marisol García

Mirados con desconfianza por el círculo rock local, Aleste supo articular sonido fácil y atractivo físico, de acuerdo a un concepto que demostró que los medios y la industria chilena volvían a estar dispuestos a apoyar nuevas expresiones de pop, luego del fracaso de sus respectivas apuestas de fines de los años ’80. Desde su disolución, en 1996, el grupo anunció un único show de reunión el año 2010.

Pelo largo y riffs
Luego de tres años de trabajo junto al grupo Diva, el guitarrista Alfredo Alonso comenzó, hacia 1993, a reunir entre amigos y conocidos a músicos dispuestos a formar una banda que se aprovechara de la fama local para apuestas estodounidenses de pop/rock tipo Bon Jovi y Skid Row. Se asoció entonces al cantante Rodrigo Espinoza, el tecladista Juan Pablo Nieto, el bajista Ricardo Viancos y el baterista Lito Zerené, todos ellos con cierta experiencia musical (Zerené había participado de los exitosos Valija Diplomática). Consiguió que Polygram creyera en su propuesta y les enseñó a sus compañeros un repertorio de canciones íntegramente compuesto por él.

El primer single en destacarse del álbum Aleste (1993) fue “Hay un límite”. Pero habían muchas otras canciones tarareables en ese disco de riffs eléctricos y mensajes bondadosos. “Tiempo blanco” (contra el suicidio), “Como la primera vez” y un cover del clásico argentino “La balsa” (de Lito Nebbia) fueron los otros elementos del álbum, que se ganó la simpatía del público adolescente en Chile y el extranjero, y le entregó al grupo una constante presencia televisiva.

«Tenemos influencias, entre ellas los jingles. Antes hicimos muchos», reconocían sin complejos los integrantes del grupo respecto a sus básicos arreglos de pop.

Nadie se sorprendió demasiado cuando Aleste se ganó un cupo para el Festival de Viña 1995. Fue allí donde el cantante Rodrigo Espinoza conoció a la estrella mexicana Yuri (“La maldita primavera”), con quien inició un muy publicitado romance, que fue el deleite de la entonces incipiente prensa del corazón. El affaire no habría afectado mayormente al grupo, de no ser por la decisión de Espinoza de acompañar a Yuri por un tiempo largo, y mudarse junto a ella a México. El cantante se lo anunció a sus compañeros cuatro días antes de entrar a estudio para grabar las voces del segundo disco, causando una lógica molestia interna.

«Todos reaccionaron muy negativamente, pero no los culpo: los dejé en la mitad de un disco y con adelantos de regalías», contó más tarde el cantante en una entrevista en México. «Además, teníamos casi firmado un contrato con un refresco muy famoso para una gira por todo Chile. Reconozco que la manera de partir no fue la correcta, aunque ya he conversado con ellos eso y hemos limado asperezas, solo había una solución para eso y era pedir perdón para reconciliar los corazones y restituir el daño».

El álbum, con producción del argentino Mario Breuer y presupuesto aprobado para una mezcla en Miami, se quedaba entonces sin vocalista. El puesto fue ocupado por Alonso, en lo que fue el comienzo de una serie de problemas para el grupo. Al poco tiempo también los abandonó su mánager, y debió quedar el bajista Ricardo Vivanco a cargo de las labores de representación. Pero una tendinitis lo obligó a dejar la banda. Así, antes de publicar el disco, Aleste se había convertido en trío.

De a tres
Aleste del cielo está el paraíso (1995) fue un disco que no consiguió el impacto de su debut, pese a cierta rotación radial para el single “Cuando el cielo llora” y la versión en español para “Wild world”, de Cat Stevens. Alonso se había convertido en una figura de la farándula local debido a su noviazgo con la modelo Paola Camaggi, con la cual el grupo filmó un muy kitsch videoclip en una iglesia de Los Sacramentinos repleta de osos de peluche.

A fines de 1995, el grupo se ocupó en grabar un tema para a banda sonora latina de la película de los Power Rangers. Hacia el año siguiente, su baja actividad los obligó a tomar una determinación sobre su continuidad. Lo mejor era acabar con Aleste, por pura incomprensión del medio. Según Alfredo Alonso, «salimos demasiado adelantados para la escena musical de este país. Este grupo que cuidaba la imagen, cómo se vestía y cómo se movía, cayó muy bien pero también a algunos le pareció sobreproducción. Y yo no le llamo sobreproducción sino profesionalismo».

Rodrigo Espinoza reapareció más tarde en Chile para cantarle a Dios según el nuevo credo evangélico de su esposa, y con Yuri y su fe vive hasta hoy en el D.F. mexicano, donde ya ha publicado material solista (Me inundas fue su disco del 2001).

Alonso y Zerené, en tanto, volvieron a asociarse en un trío llamado ESKP, comandado por la voz de la argentina Lorena Taibo (ex El Símbolo) y también con el apoyo del baterista Tito Troncoso (ex-Viena). La banda tuvo cierta resonancia hacia fines de la década de los ’90 por el disco Cuerpos en tránsito (1998), y por un tema aportado a la teleserie chilena “Eclipse de luna”. Tras ese último proyecto musical, Alonso se ha consolidado en su oficio de publicista, y conductor de radio y televisión.

A mediados del año 2010, Alfredo Alonso anunció un único show de reunión con sus ex compañeros Zerené y Espinoza, aunque no se trataba de una estrategia formal de regreso, sino, apenas, un reencuentro. Ese concierto de agosto en el Teatro Teletón pasó sin dejar impronta por la cartelera en vivo del año Bicentenario, pese a la presencia invitada de Yuri.

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