Carola Guttmann

La gestión, la recopilación y la cantautoría sostienen el trabajo musical de Carola Guttman, creadora nacida en Santiago pero con fuerte vínculo con la tradición de Chiloé. Para cuando publicó Escrito en el agua, su primer álbum, una curiosidad musical de excepción la había llevado ya por una labor autodidacta de búsqueda e investigación profunda, y aplicada en decisiones que habían incidido fuertemente en su vida y su trabajo. Define ella: «El canto revitaliza la memoria que corre en la música y, al crear, renueva los mensajes para estos tiempos».

Fechas

Santiago - 12 de octubre de 1974

Décadas

2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Carola Guttmann

Marisol García

Pese a tener una formación académica en literatura y gestión cultural, más estudios posteriores de teatro, la cantautora se dejó llevar desde temprano por su atracción hacia las lecciones de la tierra. A solas, con una mochila, viajó en 1988 al sur de Chile para una visita a Chiloé que se terminó convirtiendo en estadía de siete años. Conoció allí la tradición musical campesina de más pura cepa, y entró en contacto con dos de sus próceres: los cantores Canahue (1924-2004) y Gerónimo Barría (1919-2001).

Para registrar el valiosísimo trabajo de este último creador, Guttman se involucró en la producción de un documental (dirigido por Germán Moreno) y dos discos asociados, identificados todos ellos bajo el título Tributo a Gerónimo Barría. Fue suya, también, parte de la gestión para editar Amador Cárdenas – Primeras interpretaciones – 1975 (2006), con el registro del canto de ese fundamental folclorista oriundo de Achao; y también la producción y parcial interpretación de Mejicanas en Chiloé (2008), registro de rancheras cantadas a dúo entre ella y Maruja Navarro, cantora de la localidad de Puchaurán, en Dalcahue.

Conocer el folclor de la isla no sólo la despertó como investigadora sino también como autora e intérprete. «Fue la identificación con las sonoridades del sur lo que alimentó esta necesidad mía por la composición e interpretación», explica. Parte de esa mirada quedó luego registrada en el tema, “Permiso para cantar”, una suerte de manifiesto: «El canto le pido al agua para bordar las ideas / que el flujo de las mareas me ayude a contar la historia / que brote de la memoria lo que entre piedras florea». La canción es parte de Escrito en el agua (2012), reunión de tonadas y valses compuestos por la intérprete más dos cuecas chilotas rescatas por ella, y arregladas y grabadas junto a una banda compuesta por Javier Mardones, Dángelo Guerra y Julián Herreros (a quienes ella se había asociado previamente en el grupo Los Celestinos).

Acordeón, rabel, guitarrón, violín y viola da gamba son algunos de los instrumentos que suenan en ese álbum debut que buscó intrincarse con toda la labor previa de Guttmann en terreno. Tal como ella lo entiende, «en la investigación está descubrir la hebra del origen para que lo que yo interprete tenga la potencia del linaje donde me estoy poniendo». Y en esa convencida mirada de respeto hacia la tradición que proyecta debe comprenderse su música.