Varios países han escuchado la voz y la guitarra de Clarita Parra, una cantautora e intérprete vinculada a la música desde la genética familiar, pues, como hija de Eduardo Lalo Parra, es parte de la segunda generación de parientes activos en la música. Ocupada primero en la recreación de repertorio ajeno, con el tiempo la autora fue desarrollando un cancionero propio, en parte cronístico y en parte folclórico. Su repertorio abarca sobre todo cueca, trova y fusión latinoamericana, y se cruza en varios momentos con el de su padre, con quien llegó a grabar varios discos. En 2024, Clarita Parra recibió el Premio a la Música Presidente de la República, distinguida en el ámbito de la música de raíz folclórica.
El difundido trabajo de Cristián Stambuk en la banda pop Glup! fue sólo una etapa de su actividad musical, más tarde sobre todo vinculada a la producción y composición para otros proyectos; y, desde fines del 2009, también a cargo de una faceta de cantautor solista. Su dupla con Cristián Heyne, en el dúo Packman, permitió la conceptualización y desarrollo de los tríos vocales Supernova y Stereo 3 (ambos compartidos en las tareas de composición y producción), así como del grupo Gufi. El éxito comercial de ambos proyectos le aseguró futuros encargos que no se han detenido hasta hoy, en los que Stambuk ejerce a la manera de un conceptualizador general de sonido y, a veces, imagen. Desde el año 2007 el chileno realiza este trabajo a tiempo completo desde Norteamérica, primero en México y luego en Los Ángeles (EE.UU.).
Sin contar con nombres como los de Paula Schopf y Alejandra Iglesias en Alemania, Paula Burgos Nielsen figura como una de las primeras DJs mujeres en la escena de la música electrónica de baile chilena. Hacia 1998 Burgos trabajaba como modelo cuando hizo contacto con músicos alemanes que la introdujeron en el oficio de las tornamesas y el arte de las mezclas. Su nombre llegó a ser principal en la escena electrónica en el inicio del siglo. En 1999, la osornina ya aparecía como figura en extensas sesiones de música house con una residencia en el club Meridiano, y luego fue rostro y propuesta en continuas fiestas asociadas a Módulo Central, además de festivales realizados a lo largo de toda la década siguiente y espacios como La Feria, Tantra, Quinto Sol, La Batuta y La Salita. Se le ha asociado a esa misma armada chilena en Alemania (Dandy Jack, Ricardo Villalobos, Chica Paula, Dinky), y ha aparecido en sesiones de diverso formato con nombres que van desde Atom Heart y Jorge González hasta Mambotur, Marcelo Umaña, Zikuta, Kinaytra, DJ Larva y Latin Bitman. Junto al músico Rubén Roli Urzúa (Fiskales Ad-Hok), apareció en fiestas que introdujeron el pulso firme del electropunk. Luego de algunos años de trabajo en el sur del país, en la década de 2010, Burgos siguió activa en Santiago, asociada en colectivos de gestión y opinión, como Woman In Power (que codirigió junto a Adine Frost y Alisú).
La cantante de Sol y Medianoche es mucho más que la voz característica de ese grupo, con el que se hizo conocida en el circuito rockero a comienzos de la década de los años ochenta. Antes y después de integrar la banda, María Soledad Domínguez —más conocida como Sol Domínguez— ha tenido una trayectoria como cantante y solista que mantiene en paralelo a su trabajo grupal.
La propuesta rock de Matorral no sólo ha probado ser duradera, sino también rigurosa y de alto vuelo, firme en un sonido esencialmente emparentado con la tradición de rock sicodélico (anglo y latinomericana) y la raíz chilena. La banda ha mantenido una formación estable, más allá de puntuales entradas y salidas de integrantes y los muchos proyectos paralelos de sus músicos. Desmarcándose del sonido rockero que identificó sus primeros tiempos, ya en la década de 2010 Matorral exploró otras narrativas, en una música experimental de profundidades que definió la época posterior. Su sonido ha dado muestra de una vistosa evolución a lo largo de su historia.