Productor, compositor, intérprete, performer, gestor discográfico y DJ, Matías Aguayo es un músico esencialmente cosmopolita, por circunstancias biográficas y por decisión. Períodos de vida y trabajo en Berlín, París, Buenos Aires y Ciudad de México han contribuido a perfilar una personalidad artística dinámica y siempre propositiva, de cruce entre la música electrónica y otras disciplinas. Puede asociársele al grupo de músicos chilenos destacados en la escena electrónica alemana y que desde los años 90 estableció en Europa su sede de trabajo (Ricardo Villalobos, Dandy Jack, Dinky, entre otros), pero, a estas alturas, su trabajo avanza por una pista creativa interdisciplinaria e intergéneros (también afín a la canción popular). En 2009 fundó el sello Cómeme, que impulsa la promoción del sonido latinoamericano. Sus grabaciones y shows hasta ahora lo han puesto en contacto con artistas como Lucrecia Dalt, Battles, Djs Pareja, Vicente Sanfuentes, Atom Heart, Bronko Yotte y Mostro, entre otros. Como músico de residencia extranjera, Matías Aguayo se ha presentado en vivo en Chile de manera esporádica, aunque siempre bien comentada.
Como guitarrista y cantante, Camila Meza fue una figura bivalente desde sus inicios. Sobre todo en el campo del jazz contemporáneo que desarrolló en Chile y Nueva York, la ciudad donde llegó en 2009 para estudiar en la New School for Jazz and Contemporary Music, y donde autogestionó su trabajo principal como activa compositora, líder y sidewoman. En el paso de ese período inicial en Santiago y su vida siguiente en la capital mundial del jazz y su serie de discos y proyectos neoyorquinos, Meza terminó por convertirse en uno de los nombres principales de la generación cero-cero. En 2020 obtuvo un premio Pulsar por un álbum como Ambar (2019), que representó un hito en su recorrido musical.
Umbría en Kalafate pertenece a la generación de la década de 2000 de bandas instrumentales que mezclan rock, la electrónica y otros sonidos occidentales con ritmos e instrumentos propios de culturas ancestrales, influenciados por próceres de la Quinta Región como Los Jaivas o Congreso. Formados en 2002 en Valparaíso, contemporáneos de Pequeñas Partículas, Holograma y Cazuela de Cóndor, su creación musical va en directa relación con la identidad territorial.
Por más de treinta años, Lluvia Ácida ha desarrollado su trabajo con el objetivo de mostrar la identidad magallánica hacia el resto del mundo, por medio de obras conceptuales y colaboraciones con escritores y cineastas. Han tomado la música electrónica como una especie de folclor universal, susceptible de ser adaptada a distintos contextos y bajo el lema «El sur es el futuro». Formado en 1995 por Héctor Aguilar (ex integrante del grupo grindcore Infidel) y Rafael Cheuquelaf (ex tecladista del grupo dark Mantiza) —ambos activos, también, en un trabajo solista por separado—, el dúo se reunió en torno a las audiciones de artistas pioneros del tecno e industrial, aunque con el paso del tiempo ampliaron sus influencias a la música dark, el trip-hop y el ambient. Todo con una visión netamente localista, al punto de declararse alguna vez como «la mezcla entre Kraftwerk y Francisco Coloane».
Considerar a Marcelo Vergara sólo como una de las grandes voces masculinas aparecidas en la década de 2000, resulta mezquino. Además de cantante, Vergara ha explorado la música latinoamericana de raíz, es experto en música brasileña, compositor de obras doctas contemporáneas y autor de canciones pop. Pero sus discos Familia (2006) y Animal (2008) lo ubicaron inicialmente en un mapa de solistas junto Javier Barría, Mariel, Rodrigo Jarque, Pablo Rivas y la última Magdalena Matthey.