Hordatoj

Desde 1999 es que Eduardo Herrera gana reconocimiento en el circuito rapero chileno, al que ha asombrado con los seudónimos Jota Droh y —su reversa ortográfica— Hordatoj. Con las calles de San Joaquín (la comuna en la que creció), Lo Prado, Pudahuel y San Bernardo como primeros escenarios, aprendió a solas cómo canalizar su gusto por el funk, el jazz y el R&B en atractivas secuencias rapeadas, que más tarde ha puesto al servicio tanto de sus propias grabaciones, las de las bandas La Habitación del Pánico y DMT (junto a Toly Ramírez hijo, ex Los Tetas), y también las de importantes asociados, como Ana Tijoux, Jonas Sanche y Portavoz.

Magnolia

El blues eléctrico de Chicago, el rock británico de los ’60 y la música diaguita están en el horizonte de Magonolia, trío nortino liderado por el guitarrista Jorge Cochiblues Araya. Muddy Waters, John Lee Hooker, Jimi Hendrix y Jimmy Page han sido guitarras inspiradoras, pero también Magnolia tiene una referencia mucho más cercana con el guitarrista Ricardo Mollo y el grupo argentino Divididos.

Eduardo Peña

Tres nuevos nombres del bajo eléctrico en torno al jazz-funk estallaron a mediados de los 2000: entre Jaime Ferrada (en Alüzinati) y Roberto Trujillo (en LaMonArt), el único que se pasó al contrabajo de manera determinante fue Eduardo Peña, conocido en los círculos jazzísticos como Crespo. Un músico solvente e inquieto que se abrió paso en la escena con una pulsante propulsión de líneas de soporte, composiciones personales y un inédito liderazgo de agrupaciones entre una partida de emergentes contrabajistas de esa década: Alonso Durán, Nelson Vera, Sebastián Gómez, Pablo Vidal o Milton Russell, son algunos de sus contemporáneos.

Alejandro Albornoz

El paso de la electrónica intuitiva a la electrónica académica ha marcado el derrotero de Alejandro Albornoz (también presentado como Mankacen), compositor, improvisador, artista sonoro y visual e investigador que participó en la revitalización de la música electroacústica chilena desde mediados de los años 2000, y junto a compositores como Federico Schumacher y José Miguel Candela, principalmente con la puesta en marcha del festival Ai-Maako. Su ciclo de tres álbumes titulado Fluctuaciones vino a registrar los tiempos en que Albornoz se instaló en forma definitiva entre esa generación de autores de música acusmática.

Paula Barouh

Videoclips, singles incluidos en compilados y espacios creados por ella misma en radio, TV e internet, además de discos como Barouh (2012) e Inevitable (2015) fueron las herramientas con que la cantante Paula Barouh ha hecho oír rock melódico bajo influencias de música industrial, electrónica y oscura. Vocalista invitada en discos de Mal de Chagas, Santo Barrio, Usted No! , entre otros, inició su formación vocal a los 17 años, y cuenta entre sus maestras a Ana María Meza. Más adelante Paula Barouh replanteó su música presentándose con el nombre de Descargo y Maleficio, una propuesta de electrónica de beats y canciones, y una puesta en escena de bordes teatrales. La música y la imagen se plantearon entonces como crítica hacia el entorno social y artístico de Chile, descrito a través de las ideas de hostilidad, desigualdad y desesperanza. En cierto modo, el álbum Descargo y maleficio (2018) vino a anticipar el estallido social de un año después.