Un rock de alto vuelo y detalles eléctricos de gran carácter son la impronta sonora de Solar, una banda con presencia importante en la música chilena durante los años 90, y con actividad intermitente en las siguientes décadas. A través de diversas formaciones y sellos, el grupo publicó tres discos antes de decidir su disolución, a fines de 2003, pero diversas circunstancias de reencuentro los tienen hoy como una banda activa.
En años en que el rock pesado en Chile tendió a alinearse en bandos muy diferenciados apareció Weichafe, un potente trío encomendado a la vieja escuela rockera en busca de una definición musical propia. Así tuvo una carrera productiva y ascendente, concluida en el año 2008 en medio de cierta incomprensión del medio. Lo dijeron ellos muchas veces: "Muy popero para los metaleros, muy pesado para los poperos, demasiado conocido para los alternativos y desconocidos para las masas". A fines de 2014 un concierto en el Teatro Caupolicán marcó el reinicio de su historia.
Intérprete de diversos repertorios con una voz poderosa, Andrea Tessa ha sido referente del canto popular en Chile desde los años '80. Hija de la soprano lírica Victoria Vergara, la cantante volcó su herencia decididamente hacia la balada, el pop y el jazz clásico. Por los primeros géneros se hizo ampliamente conocida en televisión, mientras que el último lo ha reservado mayoritariamente para sus actuaciones y más recientes grabaciones.
Ha sido desde el campo de la investigación que José Pérez de Arce ha llegado a la composición e interpretación musical. Sus más interesantes proyectos al respecto están muy lejos de un ámbito docto o de lo que habitualmente se entiende por vanguardia. La gran pasión en su vida de investigador y musicólogo autodidacta ha sido conocer el mundo indígena y vernáculo, con trabajos pioneros en áreas como la música mapuche, los bailes chinos, y la instrumentación de tribus precolombinas. Además, Pérez de Arce desarrolla desde principios de década un señero trabajo de difusión del guitarrón chileno, el cual descubrió junto al cantor popular Santos Rubio y que guió su trabajo en el disco Nometomasencuenta, cruce entre esa tradición campesina y canciones del repertorio rock latinoamericano.
La línea cronológica de un bolero hecho en Chile largamente suspendido tras el época de oro de la industria discográfica y la radiofonía, se retomó a la manera solística cuando la joven cantante Carmen Prieto Monreal apareció en abril de 1990 en el Café del Cerro junto a un pequeño ensamble guitarras y percusiones cubanas. A través de su voz morena se replanteaba la fuerza poética y musical de aquellas canciones desagarradoras.