La Chimuchina cumple veinticinco años con nuevo disco
Foto: lachimuchina.wixsite.com/mapocho (2017)

La Chimuchina cumple veinticinco años con nuevo disco

El grupo de música basada en instrumentos precolombinos acaba de estrenar en vinilo y en línea su sexto disco, Mapocho. “Lo que hacemos no es sólo música”, definen, “sino que generamos un todo performático buscando rescatar una noción de arte que no es occidental".

martes 4 de julio de 2017

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Revisa el documental sobre Mapocho realizado por Christian Pino

El río que cruza Santiago de Chile es la columna vertebral del nuevo trabajo de La Chimuchina. El grupo chileno, caracterizado por usar milenarios instrumentos precolombinos y etnográficos y por acudir a las sonoridades tradicionales del Chile profundo y la América surandina para proponer una creación contemporánea, presentó el primero de julio recién pasado su sexto disco, Mapocho.

“Un viaje que pasa por sonoridades íntimas y de algarabía, en dónde definitivamente la música ritual de América está presente”, es la definición de La Chimuchina para este trabajo en un comunicado con motivo del estreno del disco. “Con Mapocho hemos realizado una reflexión en torno al paisaje sonoro de nuestra ciudad, el cual actualmente invisibiliza el sonido del río”.

Veinticinco años: de Moche a Mapocho
Iniciado en 1991 por el musicólogo e ilustrador José Pérez de Arce y el antropólogo Claudio Mercado, el grupo se dedica a la investigación en sonoridades precolombinas y a realizar talleres educativos y experimentales.

El grupo contó en su primera alineación con los músicos Cuti Aste, Víctor Rondón y Norman Vilches, a quienes se sumó también Millapol Gajardo, y su actual formación está integrada por Pérez de Arce y Mercado junto a Francisca Gili, Christian Pino y Rodolfo Medina, quienes se sumaron en 2007.

El nuevo trabajo de La Chimuchina coincide con los 25 años cumplidos desde su primera grabación, al inicio de una discografía que incluye los títulos Moche: Señores de la Muerte (1992), El otro lado de la cinta (1993), Música en la piedra (1995), Sonchapu (1999), Pichoi (2007) y el propio Mapocho (2017).

La música comunitaria
Son registros complementados por el largo historial de presentaciones en vivo que estos músicos han privilegiado en sus 25 años de recorrido, encuentros que permiten la participación del público al final de cada presentación en lo que La Chimuchina llama “música comunitaria”, uno de sus conceptos centrales creativos.

Entre esas actuaciones se destacan “La Chimuchina va a Chavín” (1994), “Música y danzas sagradas de Tíbet” (1996), “La Liguachi” y “Chimuchina en la niebla” (1997), “Música sin ton ni son” (1998), “Animalumano” (2000), “La Chimuchina va a Chan Chan” (2005), “Pichimuchimoche” y “La Chimuchina va a Berlín” (2008), “Pichiparakas” (2009-2011), “Marea roja” (2009), “Popolvuh” y “Akonkoncahua” (2010), “Pichikakan” (2011), “Pichi al paraíso” y “Pichi-China” (2012) y “Chimuchishozo” (2016).

De la performance al disco
Es precisamente una de esas presentaciones recientes la que dio origen a Mapocho, según explica en el mismo comunicado Francisca Gili, integrante y coordinadora del grupo.

“El concierto ‘Mapocho’ fue una planificación de la performance de distintas partes musicales”, cuenta. “Grabamos cada una de ellas en estudio. Luego se hizo una selección y una mezcla que combinó sutilezas y nuevos sonidos. Para el disco se utilizaron partes del concierto en vivo y otras grabadas en estudio”.

“Es muy distinto grabar un disco, toda la parte visual queda afuera, la relación entre músico y público… yo creo que por eso no hacemos muchos discos”, agrega José Pérez de Arce. “Encuentro interesante haberse planteado el desafío de hacer un nuevo disco. Son otros tiempos. También es la primera vez que con esta conformación (desde 2007) hemos realizado un producto discográfico”.

Del nacimiento a la desembocadura
Son casi cincuenta instrumentos los que entran en juego en Mapocho: chakchas, sonajas, trompes, silbatos, pincullos, tarkas, cajas copleras, bombos, caracolas, antaras, trutrukas, sikus, trompetas y otros.

A lo largo de sus cincuenta minutos de duración, el disco contiene diecisiete composiciones o estaciones musicales, entre las cuales aparece además la participación de la poeta Cecilia Vicuña y la presencia intercalada de cantos a lo divino y a lo humano.

“Con este disco, La Chimuchina crea un viaje musical que relata todo el recorrido del río desde su nacimiento hasta su desembocadura”, propone el grupo. “Al principio escuchamos a la poeta Cecilia Vicuña recordando al niño del cerro El Plomo, desde donde nace el Mapocho, como con el tema ‘Y las flautas, tantas flautas’, al final del trayecto, es posible imaginar a las decenas de filas de bailes chinos (declarados Patrimonio de la Humanidad) en procesión, haciendo sonar sus flautas y danzando a la orilla del mar para la Fiesta de San Pedro”.

Paisaje sonoro: el sonido del agua
El río Mapocho como paisaje sonoro es el motivo central del nuevo trabajo, a partir de la figura del sereno presente en la tradición precolombina, según explican los integrantes del grupo:

“En la mitología andina existe una entidad denominada sereno, que vive en algunas caídas de agua especialmente sonora. Los músicos llevan sus instrumentos nuevos y los dejan ahí una noche, para que escuchen el sonido del agua, para que se serenen, queden afinados y en posesión de todas las melodías posibles. El sereno también da melodías y cantos a los músicos que tienen el valor de ir a buscarlo".

“El Mapocho tiene su sereno en una gran cascada  frente a un adoratorio incaico a los pies del cerro El Plomo, en la ruta hacia al Santuario del Niño del Plomo”, continúan. “Inspirados en esta mitología andina La Chimuchina ha creado esta obra que busca homenajear al principal río que atraviesa la ciudad de Santiago”.

Todo es sonido: “Lo que hacemos no es sólo música”
El grupo emplea tanto réplicas arqueológicas de artefactos musicales milenarios como instrumentos etnográficas, es decir de origen indígena y aún vigentes, como las flautas de los bailes chinos.

En el concierto “Mapocho” usaron por primera vez réplicas de flautas de combarbalita, piedra originaria de Chile y única en el mundo, fabricadas por Rodolfo Medina, integrante del grupo y luthier, a partir de evidencias arqueológicas del norte chico y el valle de Aconcagua.

Así en sus instrumentos el grupo propone una estética basada en investigaciones sobre herramientas musicales arqueológicas en museos y en tradiciones etnográficas de origen prehispánico vivas hasta la fecha.

“Da lo mismo el instrumento que sea porque lo agarras y lo tocas precioso. Todo hace sonido”, dice Claudio Mercado. “Son unos objetos muy potentes”, coincide Pérez de Arce. “Las posibilidades que tienen esos instrumentos son muy distintas a las que tiene un instrumento occidental. De hecho existe una afinación diferente a la que usualmente se conoce”.

“Hay un concepto negativo con respecto a la desafinación en Occidente”, define Mercado. “En la estética de las tradiciones (arqueológicas y etnográficas) que investigamos éste es un bien totalmente preciado. Lo que para una cultura suena ‘afinado’ es ‘desafinado’ para otras. Sólo son distintas concepciones estéticas.  La esencia que busca La Chimuchina está centrada en las sonoridades vinculadas a la ritualidad, que en un momento permiten modificar la percepción y relacionarte con el mundo, por un rato, de otra manera”.

“Entonces lo que hacemos no es sólo música”, concluye Francisca Gili, “sino que generamos un todo performático buscando rescatar una noción de arte que no es occidental. En la ritualidad de las culturas tradicionales se encuentran reunidas todas las artes que hoy Occidente parcela y separa, como son la música, la danza, la plástica y la teatralidad, entre otros. En una fiesta andina, o en la performática de un curandero, estas artes se entrelazan y vinculan formando un todo que por lo general está asociado a prácticas devocionales. En La Chimuchina buscamos rescatar esta noción de arte y transmitirla en los conciertos para, desde una propuesta contemporánea, poner en valor lo que vemos en la cultura tradicional”.

Financiado por el Fondo para el Fomento de la Música Nacional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Mapocho tiene una edición de 250 ejemplares en vinilo y está disponible en descarga gratuita desde la plataforma PortalDisc.