Música por bienvenida y por despedida Catedral de Santiago Música por bienvenida y por despedida

Punto referencial de la ciudad desde la Colonia, la Catedral de Santiago ha sido lugar de devoción popular, pero también para las músicas chilenas. Allí, en 2018, se entonaron muchas cuecas y canciones de Violeta Parra con motivo del velatorio del poeta Nicanor Parra. Y antes, en dos ocasiones, el templo fue espacio para la música sinfónica alrededor de dos grandes nombres: Claudio Arrau y Fernando Rosas.

Del año 1725 data el primer registro de un maestro de capilla en la Catedral de Santiago. Es aquella institución surgida en las capillas de Europa durante el Renacimiento. La función recaía en un músico versátil tanto en la administración como en la creación, que debía actuar no solo como director de orquesta sino como organista o clavecinista, además de cantar. Y sobre todo debía componer música para distintos hitos del calendario litúrgico. Ese primer maestro de capilla en Chile fue el padre mercedario Madux, a quien le siguieron otros religiosos a lo largo de todo el siglo XIX.

Construida a partir del 1541 en la plaza mayor de la ciudad, la Catedral de Santiago ha sido uno de los edificios más importantes de la historia en el Chile de la Colonia, así como en la Independencia y durante el nacimiento de la República. El templo como lo conocemos data de 1780 y es obra del arquitecto Joaquín Toesca. Cuenta con un espacio especialmente diseñado para la apreciación de la música, y un órgano fabricado por la casa londinense Flight & Son, que llegó en 1849.

En ese epicentro de devoción, la música ha tenido amplia resonancia a través de los tiempos. Alrededor de dos grandes nombres de la historia musical, se observan dos episodios contrastantes pero igualmente significativos al interior de la gran Catedral de Santiago.

Con una multitud en la Plaza de Armas, Claudio Arrau toca en la Catedral de Santiago.

Bienvenida: el concierto más esperado
No había estado en Chile desde hacía 17 años, de manera que el encuentro con Claudio Arrau iba a ser un gran acontecimiento para el país. Apenas se oficializó su visita para mayo de 1984, el público se volcó a las boleterías para adquirir entradas al Teatro Municipal de Santiago, donde dio tres conciertos. Tenían costos de entre $400 y la enorme suma de $6.000, pero los revendedores podían conseguir casi el doble por esos boletos.

El maestro chillanejo tenía entonces 81 años y un prestigio tal que había sido considerado uno de los cinco más importantes del siglo XX. Algunos van incluso más lejos en esa dimensión: en su minuto Arrau fue el mayor pianista del mundo. A Chile viajó, además, para recibir el Premio Nacional de Música, que había obtenido en 1983.

El 18 de mayo, Claudio Arrau dio un concierto gratuito en la Catedral de Santiago, junto a la Orquesta Sinfónica de Chile, dirigida por Víctor Tevah. Se dice que asistieron tres mil estudiantes y otras tres mil personas se reunieron en la Plaza de Armas para escuchar desde fuera al maestro chileno. Otras estimaciones hablan de 8 mil personas entre el interior y las afueras de la catedral. Arrau debió regresar varias veces al piano y según las crónicas de esa jornada, tras su interpretación de los conciertos N° 4 y N° 5 de Beethoven, la audiencia vitoreó el espontáneo cántico de “se pasó, se pasó” para Claudio Arrau (1903-1991).

Arriba, el funeral de Fernando Rosas en las páginas de LUN y un retrato de 1957. Abajo, la "Cantata de los Derechos Humanos" presentada en la Catedral. Fotografías de maestrofernandorosas.cl.

Despedida: cientos de niños músicos
Veintitrés años más tarde otro momento musical cúlmine tuvo lugar en la Catedral de Santiago. La efusiva bienvenida a Claudio Arrau era parte de una historia que allí se iría a completar en octubre de 2007 con un emotivo recogimiento para el réquiem de Fernando Rosas.

Premio Nacional de Música de 2006, educador, director de orquesta, fundador de coros y creador de audiencias, la historia de Rosas lo sitúa como el hombre que tomó el testimonio de Jorge Peña Hen y su anhelo de creación de orquestas infantiles para Chile, trunco a manos de la Caravana de la Muerte, que lo asesinó en La Serena en 1973. Como impulsor de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile en 2001, Rosas se convirtió en un padre musical para cientos de niños, lo que de cierta forma explica los acontecimientos inusuales ocurridos el día de su despedida.

El 6 de octubre de 2007 se realizó un gran concierto en su memoria, en la nave central del templo, con música de Bach y de Beethoven, sus compositores predilectos, y con la participación de las orquestas Sinfónica Nacional Juvenil y de Cámara del Consejo Nacional de La Cultura y Las Artes. En ambas Rosas había dejado huella como su director titular.

Los pequeños músicos que se habían formado en las orquestas infantiles y juveniles de Chile acudieron con sus instrumentos para tocar y despedir con música a Fernando Rosas (1931-2007). Tal como había ocurrido en 1984 durante el concierto de Claudio Arrau, en el exterior de la catedral, en la Plaza de Armas, nuevamente se llenó de niños.

Iñigo Díaz

Catedral Metropolitana de Santiago, septiembre de 2020. Foto: Rodrigo Alarcón / MusicaPopular.cl.


 

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