Kinética, golpe a golpe
Foto: Gian Franco Costa
Entrevista

Kinética, golpe a golpe


Canciones de técnica rigurosa y contenido emotivo instalan hoy a Emiliana Araya como una voz distintiva del pop chileno. La suya es una autoría electrónica atenta a la vez al mundo y a sus procesos íntimos, que suena a futuro y a un avance creativo autoexigente: «Creo que en la música algo tiene que pegarte, de alguna forma. Sé que es algo subjetivo, pero no me interesa lo que se te ofrece así tal cual, con obviedad, sin ningún pliegue. Es expresión, al final, y como tal tiene que ser un ejercicio de libertad», dice la ganadora del Premio Pulsar 2018 en la categoría de música electrónica.

Entrevista de Marisol García | 14 de diciembre de 2018 Fotos: Gian Franco Costa

Kinética, golpe a golpe

El sonido como espacio de diseño, de movimiento dirigido, de recursos distintivos. La canción como ejercicio de inventiva. La música largada a un cauce de ideas y decisiones. En su trabajo hace ocho años y tres discos bajo el nombre Kinética, a Emiliana Araya (1984, Santiago) le gusta definirse como compositora y productora —la doble función es relevante en su caso—, y escucharla desde una invitación a la vez emocional y lógica es también lo más justo.

Avanza su voz enfática —sugerente, a veces, reveladora, otras— sobre pistas secuenciadas, aunque los quiebres, timbres y variaciones de pulso que ocupan sus canciones impiden zanjar un pop electrónico acomodado a la fórmula. Kinética es una autora con recursos a la mano. Los despliega con afán de propuesta y convence al auditor de su relevancia. Escuchen las capas superpuestas de «Fabriquemos» o las voces quebradas de «Yo me voy de aquí«, de su disco más reciente (Disco III, 2017, Atlas): son construcciones de una autoexigencia escasa en el medio, que asume la canción de sonoridad contemporánea como una plataforma desafiante.

Una crianza entre viajes (vivió en Venezuela y Colombia), un padre aplaudido en la música de raíz folclórica (el ex Huara Claudio Pájaro Araya, hoy en Chico Trujillo y El Bloque Depresivo), una maternidad temprana: la historia de Emiliana Araya tendría suficientes focos de atención con los atípicos datos de su biografía o las pistas íntimas en los versos de sus canciones, pero son más bien sus impecables ideas sonoras las que le dan a su música auténtica identidad.

«Diría que en mi música casi tan importante como la composición es que el sonido sea de todo mi gusto, y eso tiene que ver con algo casi ingenieril —describe Kinética junto a un ventanal del Centro GAM; trato amable, pelo anaranjado, ideas hiladas—. Cómo estructuro una canción, qué elementos añado y luego la presentación sonora de todas esas decisiones es una pega que voy haciendo ahí mismo, mientras compongo. Qué tan grave, qué tan espaciado, qué pasa con la aceleración… armo y resuelvo casi al mismo tiempo».

—Eso exige alta concentración.
—Claro. Es que lo merece. La música es para mí algo muy importante y muy emotivo, también. Me hace muy bien sumergirme en ella pero también que vengan en mi ayuda y me aporten un oído externo. Si no podría quedarme pegada en un tema un año… [sonríe].

Los oídos externos fueron clave para que a inicios de la década Kinética se decidiese a pensar en sí misma como autora. Recién cuando los productores Foex y Gen le aseguraron el valor de sus grabaciones, ella se animó a convertir en un disco propiamente tal (Kinética, 2010, Dilema Industria) las composiciones de beats y poesía que venía trabajando a solas desde 2007.

—Soy lo menos barsa que existe, en el sentido de que no voy a andar creyendo que algo que hice tiene valor sólo porque lo hice yo y me costó mucho. De pronto veo gente que me sorprende, para muy bien y a veces para muy mal, en eso de llegar y creerse el cuento con soltura. A mí me ha costado un montón. Escucho, miro, pregunto. Si no es porque el Foex me dice: «Pero si esto está bueno, saquémoslo…», quizás cuánto me habría demorado en tener un disco.

—¿Tiene que ver ese pudor, también, con la intimidad que revelan muchas de tus canciones?
—Puede ser. La música tiene algo de un oficio muy personal, como si fuese yo en mi dormitorio. Las letras están ahí y me reflejan, pero no podría mostrarlas como quien se lamenta de su mala suerte o se victimiza, eso nunca. Prefiero pensar en que hay un misterio, que no todo queda revelado de una manera muy obvia. Es lo que también a mí me interesa cuando escucho discos de otros.

Los músicos Marcos Meza en los poderosos arreglos del Disco II (2013, Dilema Industria) y Andrés Abarzúa en el apoyo de secuencias para el más reciente Disco III (Premio Pulsar en la categoría Música Electrónica) son otros de esos «oídos externos» que han contribuido a que las composiciones de Kinética cuenten con el soporte técnico que idea su autora.

Son canciones atentas a señas internacionales y a la altura de las exigencias del pop. Kinética desarrolla hoy en Chile canciones de impecable sintonía cosmopolita, que bajo sus apuestas de lazo con ese devenir extranjero no consiguen esconder su vocación por la masividad.

—No tengo una idea del pop como música basura y facilista. Para mí Peter Gabriel es súper pop, por ejemplo, en una fusión con propuestas visuales y world-music y muchas cosas, pero dentro de una idea de canción que él consigue instalar en las radios con sus códigos. Ese ejercicio me despierta todo el respeto del mundo.

—No es nada fácil de hacer, por lo demás.
—¡No! Mira lo raro que puede ser el pop de alguien como [la inglesa] FKA Twigs. O lo que hace James Blake, de quien soy súper fanática. Me mataría las pasiones enormemente que mi música se convirtiera en algo genérico. Como yo entiendo el pop tiene que generarme pasión y curiosidad.

—Por el tipo de letra y las secuencias que usas tu música me recuerda a [la sueca] Robyn, que consigue tener algo muy contemporáneo y a la vez sentimental.
—¡Manso honor! Mira, yo crecí en una casa llena de discos de vinilo. Mi papá viajaba y se traía unas ediciones bacanes que podían ser desde la Madonna hasta Stravinsky. A mí mamá le gustaban Chayanne y Emmanuel, imagínate [se ríe]. Tuve acceso a mucho free-jazz, folclor, flamenco, y me hice súper melómana. Hoy tengo una obsesión con lo moderno, con el futuro-futuro, pero la otra vez escuché una canción de Nino Bravo y… me fui a la cresta, por su letra, por cómo interpretaba.

—De eso se trata el buen pop.
—Creo que en la música algo tiene que pegarte, de alguna forma. Sé que es algo subjetivo, pero no me interesa lo que se te ofrece así tal cual, sin ningún pliegue. Es expresión, al final, y como tal tiene que ser un ejercicio de libertad. Encontrarme en esa libertad es lo que me mueve.

—Estudiaste danza unos años. Podrías estar hablando de movimientos.
—Claro, y con cosas que se detienen, avanzan, se fracturan. Lo que trabajo ahora con la música tiene más que ver con sensaciones. Me interesa, por eso, avanzar hacia un sonido cada vez más orgánico, aunque sea música electrónica.

Kinética en vivo:

>Viernes 18 de enero – Valparaíso – Sala SCD/Teatro Mauri (Av. Alemania 6985)

>Sábado 20 de enero – Santiago – Festival Campo Abierto – Parque Araucano, Las Condes.