Noches de orquesta Bar-Restaurante Nuria Noches de orquesta

En pleno centro de Santiago, el escenario de este centro nocturno acogió a varias de los más importantes conjuntos de baile y canción romántica de su tiempo, y acompañó la etapa más relevante de la legendaria Orquesta Huambaly.

Fue sede de las grandes orquestas chilenas, cuando éstas desplegaban el riguroso oficio de sus músicos para el deleite y baile de clientes elegantes. Aunque hoy existe un restaurante y fuente de soda céntrico que ocupa su nombre y locación, el Nuria originario era un espacio más bien asociado a la noche y el espectáculo, a la tertulia política y la pauta periodística informal, siempre con un escenario al frente de impecable programación de música en vivo.

La historia de un conjunto tan relevante como la Orquesta Huambaly está intrínsecamente ligada a este local en la esquina de Agustinas con Mac-Iver, administrado en sus inicios por los hermanos Lagomarsino. Ese legendario ensamble fue su orquesta estable entre 1955 y 1962, y afinó allí el sonido, despliegue y encanto escénico que los haría triunfar luego en hoteles y teatros durante su primera gira de varios meses a Europa.

La Huambaly mostró por primera vez en el Nuria su uniforme de trabajo (smokings amarillos, chaquetas palo rosa, camisas blancas, humitas negras y zapatos de charol), a su primer director musical, Lucho Kohan, y a su crooner más recordado, Humberto Lozán.

Gracias a sus noches en la boîte, «la orquesta Huambaly ocupó la posición del grupo más popular de la bohemia capitalina. Mientras sus rivales directos, la Orquesta Los Peniques, era la favorita de la clase alta que acudía al Hotel Carrera en 1955, la Huambaly hacía bailar a la clase media…», consigna el libro Historia social de la música popular en Chile, 1950-1970.

 

¡A bailaaaaaar!
Pero ya antes de la Huambaly se habían asentado en el Nuria los shows de la Orquesta de Don Roy. E iba a venir más tarde también la invitación contagiosa al baile de la Ritmo y Juventud, en su época con Juan Chocolate Rodríguez como cantante.

En el ya citado libro se consignan también presentaciones en el lugar de varios grandes nombres del neofolclor, principalmente por contacto de Sergio Cattoni, director de la orquesta estable del Nuria y a la vez integrante de Los de Las Condes (cuando ya se habían retirado del conjunto sus más famosos integrantes, Pedro Messone y Sergio Sauvalle). Pasaron por allí Las Cuatro Brujas, Los Cuatro Cuartos y Los Paulos. Y, más tarde, la propuesta pop de Los Bric-A-Brac.

Durante 1970, los bailables quedaron a cargo de otro grupo legendario, Los Galos, reflejando así «muy bien el ecléctico gusto musical chileno, que también reinaba en la boite», según los investigadores Juan Pablo González y Claudio Rolle.

Marisol García

 


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