Antología viva
Foto: Carolina Holzapfel (piano), Miguel Arredondo (violonchelo), Isabel Aldunate (voz) y Mauricio Gutiérrez (guitarra), en escena con "Gabriela apasionada" (foto: diario El Tiempo)

Antología viva

Así es “Gabriela apasionada”, obra musical de Isabel Aldunate sobre versos de Gabriela Mistral.

Miércoles 3 de mayo de 2017

Gabriela Mistral es una fuente ya consabida en los repertorios de compositores e intérpretes populares chilenos de todas generaciones, que han encontrado motivación para crear e interpretar canciones a partir de sus versos. En esa constatación radica desde ya un mérito inicial de la cantante Isabel Aldunate en su trabajo “Gabriela apasionada”, presentado con motivo del natalicio de la poeta en el capitalino Centro Gabriela Mistral y consistente en una antología escénica vital y emotiva de parte de la obra de la premio Nobel Chilena.

Estrenada en México en 2007 y presentada luego en Canadá, EE.UU., El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Colombia y Bolivia antes de su debut en Chile en 2016, la obra es un espectáculo poético y musical en el que Isabel Aldunate se conduce como una maestra de ceremonias natural en la invitación a leer a una Gabriela Mistral puesta en escena. Así como se pasea por el escenario con propiedad entre el piano, el chelo y la guitarra que tiene por acompañamiento musical, a cargo de Carolina Holzapfel, Mauricio Gutiérrez y Miguel Arredondo, la cantante se mueve con igual gracia por el repertorio, fiel a su advertencia inicial: no es Isabel Aldunate quien habla aquí sino Gabriela Mistral personificada en canto y poesía, en música y relato, en poemas o cartas y composiciones de varios músicos chilenos para sus versos.

Son distintas facetas de la poeta las que afloran en escena: enamorada y doliente, pero también tierna en “Rocío”, juguetona en “La cajita de Olinalá” y coloquial incluso en la declaración de “Fui una romántica escandalosa”. Y en esa muestra de caracteres se destaca el montaje que Isabel Aldunate hace de las distintas obras. Ya entre la segunda y la tercera canción pone contiguas a la Gabriela Mistral de poco más de treinta años que publica en 1922 su primer libro, “Desolación”, y la de más de sesenta que presenta en 1953 su cuarto volumen, “Lagar”. Y así separados por segundos se oyen versos con décadas de diferencia entre el dolor impreso en el epílogo del primero (Dios me perdone este libro amargo y los hombres que sienten la vida como dulzura me lo perdonen también) y el amor imperecedero que encierra “Canto que amabas”: Yo canto lo que tú amabas, vida mía, / por si te acercas y escuchas, vida mía.

En otro momento del concierto la cantante retrocede hasta el punto más temprano de la vida de Gabriela Mistral presente en la obra, tomado de las páginas del “Cuaderno de Coquimbo” fechadas entre 1906 y 1909, y elige de ahí la entrega de “Como una enamorada” (Como una enamorada estoy pensando / cómo será el momento en que yo caiga / con mi cuello sobre tu brazo. / Cómo te  miraré, cómo me mirarás / Amo, amo, amo) y luego avanza otra vez hasta “Desolación”, que es una estación frecuente en este viaje, con uno de los poemas más reconocidos de la autora, “Vergüenza”, esta vez para delinear un contraste entre un amor ensoñado y otro marcado por el dolor: Tengo vergüenza de mi boca triste, / de mi voz rota y mis rodillas rudas. / Ahora que me miraste y que viniste, / me encontré pobre y me palpé desnuda.

Diecinueve piezas va hilando Isabel Aldunate en el concierto, entre siete textos y una mayoría de doce canciones. En ese repertorio hay a su vez una mayoría de siete poemas del citado primer libro de Gabriela Mistral, “Desolación” (1922) −ahí están “Vergüenza”, “Balada”, “El amor que calla”, “Canción del hombre de proa”, “La espera inútil”, “Desvelada”, “Coplas” y “Voto”−, así como dos del segundo, “Ternura” (1923) −“Rocío” y “La cajita de Olinalá” −, uno del tercero, “Tala” (1938) –“Ausencia”− y dos del cuarto, “Lagar” (1954) –“Canto que amabas” y “La abandonada”. La amplitud de las fuentes queda enriquecida además con escritos provenientes de los libros “Vivir y escribir – Prosas autobiográficas” (2013), de Pedro Zegers, y sobre todo “Bendita mi lengua sea – Diario íntimo de Gabriela Mistral (1905-1956)” (2002), de Jaime Quezada, de cuyos distintos cuadernos, sean de Coquimbo o Long Island, fechados en distintas edades, Isabel Aldunate pone en escena los testimonios de “Como una enamorada”, “Fui una romántica escandalosa” y “Despedida”.

Una mayoría de siete de las doce composiciones musicales del repertorio son de Joakín Bello, y las otras cinco pertenecen otros tantos creadores con los que la cantante practica una antología adicional de compositores chilenos. Convocados por ella conviven aquí el compás próximo a la tonada sobre el que Joakín Bello inscribe “Canto que amabas” junto al vuelo siempre libre de Desiderio Arenas (“Canción del hombre de proa”), la experiencia de un cantor y autor fogueado en la Nueva Canción Chilena y el Canto Nuevo como Eduardo Yáñez (“Vergüenza”), el trabajo más allá de las fronteras de Chile del cantante y autor Rafael Manríquez, integrante del grupo La Raíz formado en los años ’80 en EE.UU. (“Rocío”), el borde popular de una compositora de formación académica como Cecilia Cordero (“La cajita de Olinalá”) y todo el carácter de la pianista, cantante y compositora Carolina Holzapfel impreso en su música para “La espera inútil”.

Isabel Aldunate, intérprete iniciada a fines de los años ’70 como parte de la canción comprometida chilena de la época y sensible desde esos comienzos al influjo de la poesía en la música, es la mejor anfitriona de esta fiesta. Cálida, íntima o dramática según lo que demande cada poema, pone su voz de soprano al servicio de estos versos con una entrega intensa que sólo puede estar basada en el amor por la obra de la poeta. Son lazos tendidos por la cantante entre la música, la poesía, la narración y la puesta en escena, del mismo modo en que ella estrecha también otros lazos, cómplice por partida triple, entre Gabriela Mistral, los compositores convocados y la audiencia, reunidos todos en un mismo encuentro de antología. —David Ponce.


El repertorio

  1. Balada” (música: Joakín Bello) – del libro “Desolación” (1922).
  2. “Voto” (texto) – de “Desolación” (1922).
  3. Canto que amabas” (música: Joakín Bello) – de “Lagar” (1954).
  4. “El amor” (texto) – de “Vivir y escribir – Prosas autobiográficas” (2013), de Pedro Pablo Zegers.
  5. El amor que calla” (música: Joakín Bello) – de “Desolación” (1922).
  6. “Como una enamorada…” (texto) – del “Cuaderno de Coquimbo” (1906-1909) en el libro “Bendita mi lengua sea” (2002), de Jaime Quezada.
  7. Vergüenza” (música: Eduardo Yañez) – de “Desolación” (1922).
  8. “La mujer ideal…” (texto) – de “Bendita mi lengua sea”.
  9. Canción del hombre de proa” (música: Desiderio Arenas) – de “Desolación” (1922).
  10. “Manuel amado:…” (texto) – fragmento de la “Carta XII” a Manuel Magallanes Moure.
  11. Rocío” (música: Rafael Manríquez) – de “Ternura” (1923).
  12. Ausencia” (música: Joakín Bello) – de “Tala” (1938).
  13. “Fui una romántica escandalosa…” (texto) – del “Cuaderno de Long Island” (1953) en “Bendita mi lengua sea”.
  14. La espera inútil” (música: Joakín Bello) – de “Desolación” (1922).
  15. Desvelada” (música: Joakín Bello) – de “Desolación” (1922).
  16. La abandonada” (música: Carolina Holzapfel) – de “Lagar” (1954).
  17. Coplas” (música: Joakín Bello) – de “Desolación” (1922).
  18. “Despedida” (texto) – del “Cuaderno de los adioses” (1956) en “Bendita mi lengua sea”.
  19. La cajita de Olinalá” (música: Cecilia Cordero) – de “Ternura” (1923).