Músicos jóvenes pero experimentados fueron los que, hacia el año 2000, dieron vida a Matorral. Su alianza desde entonces ha probado ser rigurosa y de alto vuelo, firme en el trabajo de un rock esencialmente emparentado con la tradición de rock psicodélico (anglo y latinomericana) y la raíz folclórica chilena. El grupo se mantiene como un proyecto estable, más allá de los proyectos paralelos de sus integrantes, entre los que destaca el trabajo solista de
Felipe Cadenasso.
Bandas previasSus tres integrantes acumulaban suficiente experiencia musical al momento de reunirse. La más relevante era la del baterista Iván Molina, un penquista que había sido parte de la formación clásica de
Emociones Clandestinas durante los años '80 y, luego,
Los Santos Dumont. El guitarrista
Felipe Cadenasso, en tanto, participó del grupo Los Precarios y la última etapa de
Fruto Prohibido (a partir del año 2000). Precisamente, fue en paralelo a su trabajo junto a este último grupo que acordó con Molina la formación de Matorral, al que se unió un año más tarde Gonzalo Planet, un guitarrista de reconocidas colaboraciones en vivo con
Los Santos Dumont y
Fruto Prohibido, y que había animado durante aproximadamente un año la banda Planeta Gato (también con Mauricio Melo, de
Los Santos Dumont y Mauricio Basualto, de
Los Bunkers).
Luego de reunir sus primeros singles en el EP
Antejardín (2003), el trío publicó su primer álbum en noviembre del 2003 bajo el título
Voces del rincón. La escena independiente chilena volvía por entonces a agitarse con la intensa electricidad de bandas como
Guiso y
The Ganjas, pero Matorral se distinguió con ese disco por su innegable raigambre folclórica. Se escuchaban en esas canciones reminiscencias de Pink Floyd y The Who, pero también de
Los Jaivas y
Embrujo: un estilo "flocks"
—mezcla de folk y rock
— como graciosamente lo definió el presentador de un concierto suyo en Puente Alto.
«Nos gusta que la parte folclórica, la Nueva Canción Chilena y todo eso que ahora está de moda, nos haya salido espontáneamente», explicaron entonces.
Pero su mirada a la tradición chilena excede lo sonoro. En mayo del 2004, Gonzalo Planet consiguió publicar con la editorial independiente Beatgurú la tesis que había desarrollado para obtener el grado de periodista. El libro
Se oyen los pasos es una valiosa revisión de los primeros ensayos rockeros en Chile hasta el Golpe de Estado, que no sólo aporta información vital para la escasamente documentada historiografía musical chilena, sino que sirvió de excusa para que en su lanzamiento en la capitalina sala Master se reunieran antiguos integrantes de bandas como
Los Vidrios Quebrados,
Aguaturbia,
Los Mac’s,
Embrujo,
Los Jockers y los
Beat 4, para un concierto nunca más repetido.
¿Conoce usted a Matorral? (2004) es un maxi EP con siete títulos, que sirvió para mantener el ritmo de publicaciones antes de la edición de un álbum que el trío grabó ese año en Santo Domingo pero que no apareció sino hasta el 2007 (el extenso
Rezonancia en la zona central).
Matorral se ha ganado un merecido prestigio en vivo por conciertos de electricidad evocadora y profunda; organizados muchas veces de modo colectivo (destaca su participación en los festivales Pulso y B, en junio y diciembre del 2004). En agosto del 2005 un comunicado de prensa oficializó la salida del grupo del baterista Iván Molina (quien posteriormente reaparecería en el proyecto Wipala), y en el puesto se ubicó inicialmente
Esteban Espinosa, otro antiguo
Fruto Prohibido. El minidisco
Formación (2005, en vivo) fue la última grabación de la banda junto a Molina, e incluyó el tema "Golpe en plena cara", antes inédito.
En junio del 2006,
Felipe Cadenasso realizó su debut en vivo como solista, con un concierto en el capitalino club El Clan en el cual presentó canciones propias que ha ido desarrollando en paralelo a su trabajo con la banda y que cristalizaron a fines del año 2009 con su primer álbum solista. Del mismo modo, Gonzalo Planet se ha ocupado esporádicamente como bajista de apoyo del cantautor
Leo Quinteros y del propio
Cadenasso. El documental
Estamos bien (2009), de Sebastián Páez y Cristóbal Olivares, puso en perspectiva las visicitudes de ese esfuerzo independiente en el Chile en el que le ha tocado desarrollarse.
—Marisol García Foto: Cápsula Discos.