En la figura de Juan Azúa se detecta uno de los puntos más representativos de la música popular de orquestas para espectáculos y televisión, en la línea de directores similares como
Horacio Saavedra,
Juan Salazar,
Pancho Aranda y
Rodrigo Miranda, entre otros.
Desde los tiempos en que encabezó el montaje de
El hombre de la Mancha en 1974, sus participaciones en sucesivas versiones de festivales OTI y de Viña del Mar, hasta el liderazgo conducción de la big band jazzística
The Universal Orchestra, Azúa recorrió los tiempos como un espléndido conductor y arreglista orquestal.
El despegue con la Orquesta CubanacánSus inicios, en todo caso, están ligados a la música tropical. A mediados de los '50 un Azúa adolescente descubrió el poderoso sonido de la
Orquesta Huambaly y su repertorio que combinaba caribe y swing. Hechizado por las performances de
Carmelo Bustos, se decidió a estudiar el saxofón. Con sólo 17 años, en 1956 ingresó como tenorista a la
Orquesta Cubanacán. Junto a esta naciente agrupación viajó a Perú y logró prestigio como hombre de sección.
Hasta 1962 sería exclusivo músico de esta histórica orquesta tropical. Luego Azúa formaría y dirigiría
Los Bronces de Monterrey, un ensamble de música popular que fue orquesta estable de programas televisivos entre 1966 y 1971 ("El show de
Luis Dimas" y "Sábados Gigantes"). En este grupo, que logró gran éxito con su versión de "Casamiento de negros" y emulación del sonido Herb Alpert, aparecían músicos como su hermano saxofonista Kiko Azúa, el baterista
Carlos Figueroa, un joven pianista
Pancho Aranda y el trompetista
Ricardo Barrios, uno de los socios más leales de Azúa durante las décadas posteriores.
Pero no fue sino cuando en 1974 tomó la dirección del primer musical de Broadway estrenado en Chile que comenzó la histórica carrera de Azúa en estas lides.
El hombre de la Mancha supone la conformación de la primera gran orquesta organizada bajo su tutela. En ella alineaban músicos como
Mickey Mardones (clarinete),
Héctor Tito Reyes (trombón), Jorge Okington (trompeta),
Guillermo Rifo (percusión) y
Carlos Corales (guitarra). El montaje fue todo un éxito de taquilla, con temporadas en el Teatro Municipal y en todo Chile, y le significó además a Azúa la responsabilidad de dirigir su primer Festival de Viña del Mar, en 1975.
Esa sería entonces su segunda gran orquesta. El director debió incorporar cuerdas y coro a una agrupación que únicamente contaba con bronces y maderas. La nueva orquesta se abrió hacia el pop y un extenso repertorio de canciones con fondo swing. En 1975 editó el long-play
Juan Azúa y su orquesta, integrando en las filas a personalidades como
Kiko Aldana (saxo tenor) y
Roberto Mono Acuña (trompeta), dos ex
Huambaly, más
Patricio Ramírez (saxo alto) y
Valentín Trujillo (piano) como invitado estelar.
El éxito como conductor y arreglador se convirtió en un pasaje directo a los estudios de Canal 13 y una permanencia en el set que se extendería hasta 1981. Entre ese período Azúa abordó la música de fondo para programas como "Esta noche es fiesta" (en el Hotel Sheraton), "Aplauso" (en el Casino de Viña del Mar) y "Lunes gala" (en el Teatro Casino Las Vegas), donde además puso su tercera y muy prestigiosa gran orquesta de 42 músicos como telón de fondo para la cantante Gladys Knight.
Los arreglos y el fútbolSin embargo, y tras encabezar nuevos festivales de Viña del Mar y OTI además del montaje del musical
El violinista en el tejado en 1978, su opción política lo llevó a ser marginado de la televisión. Azúa regresó a los estudios en 1984 con su cuarta gran orquesta, totalmente renovada, para musicalizar el programa "Éxito". En ella aparecían músicos de la nueva generación: los saxofonistas
Marcos Aldana y
Alejandro Vásquez, el pianista Alejandro Olejnick, el guitarrista
Vladimir Groppas, el bajista
Pablo Lecaros y el percusionista
Raúl Aliaga.
Son los últimos tiempos de un Juan Azúa que ya lo había hecho todo en el mundo de las orquestas pop de televisión, incorporando en sus arreglos a músicos escogidos de diversas procedencias: desde las orquestas Sinfónica de Chile y la Filarmónica de Santiago, hasta ensambles de cámara, jazz y música popular.
En 1994 musicalizó obras de poetas chilenos: Mistral, Huidobro, Neruda, de Rokha Mistral, Parra. Pero lo hizo en un plan inédito al montar orquestaciones para una agrupación de salsa, donde estuvieron las voces de
Humberto Lozán,
Juan Chocolate Rodríguez y la cantante pop
Rachel. El disco se llamó
La salsa y los poetas.
En 1996 Azúa comienza con un silencioso trabajo sobre repertorio clásico universal que en 2000 se traduciría en la formación de la big band
The Universal Orchestra. Tres discos editados, el proyecto de una gira por Europa y la puesta a punto de un portafolios de 400 títulos, pusieron nuevamente a Azúa en la palestra entre los mejores hombres de la música popular orquestada.
La big band llegó a actuar como agrupación de bronces en el apoyo de The Great Voices of Gospel, coro de Harlem que interpretó la serie de conciertos sacros de Duke Ellington en el Teatro Municipal en septiembre de 2005. En 2006 Azúa ya preparaba nuevos arreglos para engrosar el repertorio de su gran orquesta. Preparaba un gran show con
The Universal Orchestra para el fin de año cuando un infarto al miocardio lo encontró en uno de sus escenarios más preciados, una cancha de fútbol de la liga amateur que participaba. Azúa falleció el 14 de diciembre de 2006, a los 67 años.
—Iñigo Díaz.
Foto: archivo de Juan Azúa.