Desde los tiempos en que
Luis Jara estallaba en popularidad que no aparecía un baladista tan abiertamente demandado por el gran público. A Mario Guerrero le bastaron sólo meses de exposición ante las cámaras para demostrar que su calidad vocal y magnetismo como figura pop podían superar el contexto de alta competitividad en que estaba inmerso en el concurso televisivo “Rojo, fama contrafama”.
Tras ese primer lugar, Mario Guerrero obtendría una vida musical propia a través álbumes editados por Warner con éxito de ventas:
Mario Guerrero (2003) y
Te llevo en el alma (2005). Guerrero marcó su popularidad inicial con la balada "Me gustas".
El muchacho de Graneros viajaba diariamente a Santiago en los trenes de aproximación para estudiar psicología, pero además llevaba el secreto oculto de transformarse en cantante. Su padre, un profesor de música, estaba sorprendido por las habilidades de un pequeño de siete años que ya se lanzaba a practicar canciones. De hecho, la forma más directa que encontró Mario Guerrero de conseguir dinero para pagar los estudios era actuando en locales y pubs de manera itinerante. Incluso probó en selecciones para algunos programas de televisión, pero la lógica del inmediatismo decía que no había espacio para Mario Guerrero.
Luego, la primera generación de concursantes en TVN escogía a
Leandro Martínez como uno de sus preferidos en “Rojo”. Guerrero era también un solista afín a la balada latina y estaba convencido en poder mostrar en ese set, por fin, sus capacidades. La meteórica carrera de Mario Guerrero llegó con el triunfo en la segunda generación del programa, en 2003. Ese mismo año editó su álbum homónimo, producido por Jaime Román y con canciones a la medida de un baladista “eternamente enamorado”. Fue una batería de hits que llevó a
Mario Guerrero a poner más de 50 mil copias en el mercado:
“No voy a morir de amor” y “Cuando se apaga la luz” (de Andrés de León), “Por amarte” (a dúo con
Daniela Castillo) y “El fin del mundo” (con participación de
María Jimena Pereyra).
En enero de 2004 un grave accidente puso a sus fanáticos en altera roja: Mario Guerrero había caído del escenario de
la Quinta Vergara durante un masivo Festival de Música Romántica. Pero ni siquiera una caída de tales dimensiones iba a detenerlo. Poco después, actuaba en la primera de sus participaciones de la ópera rock
Jesucristo Superestrella, junto a
Monserrat Bustamante, iniciaba una gira por Australia y en 2005, después de la publicación de su segundo álbum de baladas,
Te llevo en el alma, abría una segunda etapa en su escalada editanto un disco de canciones mexicanas con arreglos del orquestador chileno
Toly Ramírez,
Huellas de un ayer (2008).
—Iñigo Díaz. Foto: TVN