Como integrante del árbol genealógico más trascendental en la música popular chilena, Ángel Parra (hijo de
Ángel Cereceda Parra y nieto de
Violeta Parra) estableció su vínculo definitivo con la música a través del jazz, alternando su paso en el pop, el rock y la música de raíz folclórica. A partir de 1991 se convirtió en un referente de la guitarra eléctrica en nuestro país.
Sus inicios en el escenario se remontan incluso a la época de preadolescencia. Durante el período de exilio que vivió en México, su padre ya lo invitaba a tocar la guitarra criolla en sus presentaciones. También probó en el Colegio Francisco de Miranda junto a su hermana
Javiera Parra en la primera largada como músico semiautónomo, en el grupo Silueta, donde también aparecía un retornado a Chile
Juan Antonio Chicoria Sánchez. Se había instruido además en el método de la guitarra clásica, aunque siempre tenía como músicos de cabecera a los guitarristas eléctricos John McLaughlin (en el jazz) y
Eduardo Gato Alquinta (en el rock chileno).
A su regreso definitivo a Chile, se incorporó a la segunda formación del grupo jazz-rock
Cometa, reemplazando en la guitarra a uno de sus modelos más fuertes,
Edgardo Riquelme. Con este conjunto, Parra grabó el disco
Cometa (1989) y dada su amistad con
Álvaro Henríquez pronto se incorporó al grupo rock más importante de los '90,
Los Tres. Al interior de esta banda se transformó en el solista estrella, incorporando arreglos, riffs e ideas musicales muy jazzísticas a un repertorio casi exclusivo de la autoría de
Henríquez.
Con
Los Tres, Parra grabó la totalidad de los discos que describieron el paisaje juvenil post-dictadura militar, imponiendo de paso su sello como avanzado solista de las seis cuerdas. No obstante el éxito, su carrera personal definitiva se dio a través del liderazgo de uno de los ensambles más importantes del jazz chileno de la época: el
Ángel Parra Trío, siempre junto a su socio más cercano, el contrabajista de
Los Tres,
Roberto Titae Lindl.
Con este proyecto comenzó a evidenciar una tendencia mucho más marcada hacia guitarristas clave como Barney Kessel, Wes Montgomery y Joe Pass. Parra profundizó así en sus capacidades como compositor y en la interpretación colectiva y solística, grabando además una extensa serie de destacados álbumes (
Ángel Parra Trío, 1992;
Piscola standards, 1996;
La hora feliz, 2002; y
Vamos que se puede, 2003, entre otros). Sin contar los breves pasos por
De Kiruza (de
Pedro Foncea, para reemplazar a
Mario Rojas) y
Los Titulares (del baterista
Pancho Molina, en la grabación de su debutante
Los Titulares, 1998), estableció una sólida carrera como líder de bandas, mutando progresivamente desde el jazz-rock al bop y luego a la música popular latinoamericana. Angel Parra logró así la categoría de "celebridad", poco usual entre las figuras nacionales del pop e inexistente entre los músicos de jazz.
Escribió música para televisión y cine con un sello muy reconocible en sus propuestas, entre las que también se cuenta una reunión cumbre junto a un cuarteto de solistas sobresalientes de la guitarra en una serie de conciertos de cámara:
Antonio Restucci,
Alberto Cumplido y
Emilio García. Pero como músico único e indivisible Ángel Parra sólo se volcó a la línea de experimentación sobre la raíz folclórica. Con la asignatura pendiente de explorar la música de
Violeta Parra, al promediar los '90 grabó su primer álbum solista:
Composiciones para guitarra de Violeta Parra (1995), donde trabajó sobre las vanguardistas y electrizantes "Anticuecas".
—Iñigo Díaz. Foto: Patricia Alegría.