El más emblemático de los bateristas de jazz de la generación de los '90 carga consigo el peso de la fama de haber sido uno de los modernos “cuatro beatles chilenos” mientras formó parte de
Los Tres, desde la prehistoria del grupo en una rockera Concepción durante los '80, hasta su abrupto final en los conciertos de despedida en el Teatro Providencia y el subsiguiente álbum
Freno de mano (2000). Pancho Molina salió airoso de la revuelta, recuperó su dirección y se posicionó finalmente como un músico de jazz por sobre todas las cosas.
Ya hacia 1991 Molina había comenzado con sus ensayos jazzísticos como el adelantado baterista del
Angel Parra Trío, un conjunto paralelo a la vida de Los Tres (con
Angel Parra y
Roberto Titae Lindl, como los tercios restantes). Con ellos pudo desplegar el primer aprendizaje de golpes de tambores y platillos que había recibido escuchando algunos viejos discos de Roy Haynes, Elvin Jones y Art Blakey durante su adolescencia.
Justamente inspirado por este último baterista, y luego de grabar con el trío el álbum homónimo
Angel Parra Trío (1992), Molina fundó su propio proyecto jazzístico en 1995: el famoso combo de estructura viariable conocido como
Los Titulares. Con la publicación de sus discos
Los Titulares (1998),
Perseguidor (2001) y
Bipolar (2003), Los Titulares se transformaron entonces en una suerte de versión criolla de los viejos Jazz Messengers de Art Blakey, aunque con una visión chilenísima del swing y el lenguaje bop improvisacional.
En la historia de Molina, a diferencia de la de otros bateristas de su generación (
Cristóbal Rojas,
Andy Baeza,
Felipe Candia o
Nelson Oliva), no se produjo un período previo de trabajo como sideman de jazzistas más experimentados. Molina trabajó inicialmente con el pianista
Marlon Romero y en los bosquejos del trío de Angel Parra. A partir de la acción de Molina y sus Titulares comenzó a marcarse no sólo la dirección por la que transitaría el baterista-líder, sino el camino para una buena parte de los músicos de jazz de la generación de los '90, que estuvieron asociados a esta banda: Desde el trompetista
Cristián Cuturrufo y el pianista
Carlos Silva, hasta el guitarrista
Pedro Rodríguez o el contrabajista
Rodrigo Galarce. En 2004, el baterista dejó la escena nacional y se instaló en Boston para continuar con sus estudios. Ahí se vinculó al pianista panameño Danilo Pérez, en cuya big band llegó a tocar y grabar, y a su mujer, la saxofonista chilena
Patricia Zárate. Junto a ambos, Molina participó en festivales en Estados Unidos y Panamá, trabajando además con la obra de
Víctor Jara en lenguaje jazzístico.
—Iñigo Díaz. Foto: Francisco
Nano Pizarro.