Dos discos personales y la dirección musical para una versión moderna de
La pérgola de las flores, hicieron de Jano Soto (Alejandro Kemp) una de las primeras figuras de la escena pop de mediados de los años '90 que gozó del apoyo de los sellos multinacionales. Canciones suyas como "Debajo de la lluvia" o "La luz del cuerpo", editadas en 1995, se recuerdan a nivel masivo, aunque "Perdido en el espacio" y "El último vuelo" acreditan en Jano Soto un mayor alcance compositivo dos años después.
Fue formado inicialmente en el mundo académico del Instituto de Música de la Universidad Católica e incorporadado al tiempo a la avanzada de jóvenes valores bajo el alero de los estudios de jazz de
Roberto Lecaros. Pero pronto se volcó a las guitarras eléctricas rockeras y la poesía interior en un proyecto solista. El quiebre del grupo pop
Mama Natura en el que ya escribía arreglos y letras posibilitó el despunte de la cantante
Paula Hinojosa (en
Karmaos) y, por cierto, el de Jano Soto.
La era del cuerpoYa como solista, Soto actuó permanentemente con una banda soporte, Los Canallas, de músicos desconocidos por esos años: el guitarrista
Jorge Vidal, el bajista
Miguel Pérez y el baterista
Andy Baeza. Esa formación cambió para la grabación de su primer disco,
La luz del cuerpo (con ese hit homónimo), aparecido en 1995 y con créditos de sesión para, entre otros,
Edison Belmar y
Rafael Chaparro.
Era una época de oro para el rock chileno, y los clips adjuntos entraban sin mayores esfuerzos en las parrillas de videomúsica. Aquel debut con EMI era un extensivo ensayo de los aprontes sonoros donde la música de Jano Soto balanceaba las estructuras de la canción pop, el rock de guitarras y
grooves funkys, tan propios de una escuela noventera de la comuna de Ñuñoa, donde Soto se movía. La nueva banda de respaldo que utilizó durante esa época, luego de independizarse del proyecto de Jano Soto, reclutaría a la cantante rockera
Gloria Pérez y formaría en 1996 el primer grupo
Matahari.
Ese mismo año, Jano Soto fue llamado por el director de teatro Andrés Pérez Araya para dirigir una nueva puesta en escena musical de
La pérgola de las flores (del autor típico
Francisco Flores del Campo). En aquella ocasión, los papeles protagónicos fueron asignados a dos músicos de rock:
Ema Pinto (por entonces
frontwoman de la
Ludwig Band) y
Pancho Rojas (vocalista de
Mandrácula). Jano Soto estableció nuevas variantes para un clásico musical de estructuras rígidas y de paso puso en vitrina a músicos emergentes, como los jazzistas
Daniel Navarrete (contrabajo) y
Roberto Dañobeitía (guitarra).
Tras la experiencia en teatro, regresó a su trabajo personal de canciones y en 1997 grabó su segundo y último disco solista de la primera época, esta vez de manera independiente y en su estudio casero. Con
El último vuelo le dio un giro más electrónico a su música y mostró canciones elaboradas como "Perdido en el espacio". En 2005, y tras un largo receso dado su trabajo como publicista, Soto intentó un regreso convocando a algunos ya maduros músicos de
Matahari para grabar
Lágrimas de hombre, un disco que al final sólo pudo descargarse por internet.
El paréntesis se cerró finalmente después de cinco años, cuando Jano Soto se encerró durante un largo período en un departamento del barrio Bellas Artes para escribir nuevas canciones. El material, inspirado en el repertorio romántico latinoamericano, con la estética del vinilo usado y la poética del dial AM, salió editado en
Ay, bonita! (2011), disco encabezado por los singles "Cerquita mío" y "Nadie como tú", que revalidaron a Jano Soto en una nueva categoría de
crooner.
—Iñigo Díaz.
Foto: Titi Santos.