A través de diversas formaciones, ediciones discográficas y niveles de difusión, Los Miserables han mantenido al menos una valiosa seña de identidad que permite reconocerlos de inmediato en el panorama rockero local. Su concepto del punk está más vinculado a la esencia de la canción-protesta que a aspectos formales de indumentaria o reglas de sonido. Los Miserables son por ello una banda que asocia su nombre a valores profundos del activismo colectivo, tales como la reflexión social, la crítica al poder y la energía propia de la juventud. Más allá de puntuales hits de gran difusión, su circuito natural de difusión está al margen de los grandes medios, y su canto representa mucho mejor a los suburbios de las grandes ciudades chilenas que al centro de toma de decisiones y de bienestar.
Los Miserables han sido un grupo de ediciones constantes, a un ritmo casi anual, y en cuya discografía se combinan más de un álbum de covers, registros en vivo, compilados y discos de concepto. Canciones como "N.N.", "Progreso", "Chow chow sen" o "El crack" recorren las inquietudes masivas del Chile de transición, con sus temores, sus rabias, sus pasiones y sus conflictos pendientes.
La Cisterna, Argentina, País VascoNacidos en 1990, Los Miserables llegaron a la segunda ola del punk chileno, cuando ya la resistencia a Pinochet le cedía lugar a nuevas reflexiones derivadas de la transición de Chile a la democracia. Su origen en la población O’Higgins de La Cisterna (actualmente, El Bosque) ha sido un rasgo que ha definido a la banda durante todo su desarrollo, siempre vinculado a esa raíz suburbana, precaria y marginada. Influenciados por The Clash y
Los Prisioneros, pero sin experiencia ni formación musical alguna, los jóvenes Claudio García, Óscar
Amapola Silva y Patricio Silva aceptaron ese año una primera tocata en el Cuerpo de Bomberos de La Bandera como teloneo a un recital de
Fiskales Ad-Hok. No había aún instrumentos propios o siquiera un repertorio original, pero la experiencia los dejó suficientemente entusiasmados para continuar.
Su primera grabación,
¿Democracia? (1991) costó los veinte mil pesos que una pariente estuvo dispuesta a prestarles. El cassette circuló de mano en mano y enfrentó al grupo tanto a los primeros admiradores como detractores. Claudio García recuerda que «el Amapola y yo militábamos en las JJ.CC, y gente del partido nos dijo que el rock era música capitalista, que no podíamos usar bototos de milicos. Nunca entendieron que era una burla al ejército vestirse como ellos». En una primera etapa, Los Miserables trabajaron vinculados a un movimiento opositor formado en la Universidad de Santiago llamado “Guachuneit”, crítico de la Concertación en el poder y sus políticas de represión y concentración de la riqueza. A través suyo, el grupo coordinó recitales en poblaciones y centros comunitarios. Poco a poco se iba armando al material que daría forma a
Futuro esplendor (1992), su primer disco con el sello Alerce.
La promoción de
Te mataré con amor (1994) le permitió a Los Miserables integrarse a su primer gran concierto masivo: un festival en el que compartieron escenario con Ataque 77 y
Fiskales Ad-hok. Pese a que su cobertura en medios era aún escasa y tensa, Los Miserables se las arreglaron para intensificar su agenda en vivo, con cada vez más salidas a provincia. Más tarde, vendrían presentaciones junto a grupos extranjeros de la importancia de Los Fabulosos Cadillacs, La Polla Records y Negú Gorriak.
Sin dios ni ley (1995) fue un álbum de covers. El diseño de carátula los puso en contacto con
Álvaro Tribi Prieto, un estudiante de Arte de la Universidad de Chile que hizo tan buenas migas con la banda que terminó por integrarse a ella. Al poco tiempo surgieron conflictos entre el nuevo cantante y García, líder natural desde la fundación, que fueron reflejándose también en las dispares direcciones musicales que evidenciaron Los Miserables durante el siguiente par de años. Según Claudio, «la diplomacia del Tribi no iba conmigo». Según
Prieto, el grupo necesitaba de nuevas direcciones creativas que, en su caso, se plasmaron fundamentalmente en el disco
Cambian los payasos pero el circo sigue (1997), el disco hasta entonces con mejor difusión radial de su discografía, gracias al single “N.N.”.
Presentaciones promocionales en Argentina precedieron el más importante viaje del grupo, motivado por un nuevo contrato con una filial de Warner Music Chile (Bizarro). El nuevo sello financió el viaje de la banda a España en 1998, y en el País Vasco se grabó su disco
Miserables. La enorme difusión radial para temas como “Progreso” afirmó al grupo en su carrera, si bien interiormente se vivían meses en extremo difíciles. Al regreso de España, García debió ser hospitalizado por infección de la llamada bacteria asesina (Cristóbal González, de
Santo Barrio, lo reemplazó en batería durante ocho meses), y la tensión con
Prieto terminó con la salida del cantante al año siguiente. Desde entonces, García asumirá la voz principal de la banda.
Con Claudio en la vozLos Miserables han sido un grupo de ediciones constantes, y en cuya discografía se combinan más de un álbum de covers, registros en vivo, compilados y discos de concepto. Entre estos últimos, destaca
Pasión de multitudes (2003), un trabajo motivado por la pasión de García por el fútbol y en el que se relacionan versos sobre pobreza con códigos propios de ese deporte. Los relatos del comentarista deportivo Ernesto Díaz cierran un disco de encia popular-conceptual, y que resultó un enorme éxito entre cierto público, acaso el disco más masivo de Los Miserables. Fue sucedido dos años más tarde por
La voz del pueblo, otro disco de versiones, con participación de músicos por completo ajenos a la órbita punk de Los Miserables, como
Camilo Salinas, Amaro Labra (
Sol y Lluvia), Ángelo Pieratini (
Weichafe) y
Luis Le-Bert, además de uno de sus principales inspiradores,
Jorge González. Un gran concierto en el Teatro Caupolicán celebró ese año su aniversario número quince. Los argentinos Los Violadores llegaron también a la celebración.
Luna. Una historia… de muchas vidas fue lanzado el 11 de septiembre de año 2007, y fue dedicado a Luciano Carrasco, hijo del asesinado periodista José Carrasco, traumatizado hasta el suicidio por la violenta muerte de su padre a manos de militares. Esas canciones sobre hijos de desaparecidos y de ejecutados políticos, víctimas silenciosas de la dictadura afirmaron a Los Miserables en lo que ya es un cauce esencial de canción social contemporánea.
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Marisol García Foto: Warner