El único grupo chileno que desde los márgenes de la industria ha tendido un puente entre décadas y contextos sociales ha sido Fiskales Ad-Hok. Muchas bandas punk, surgidas también en medio del interesante momento creativo que motivó la resistencia a Pinochet, fueron quedando en el camino o vieron su fondo agotado una vez que Chile se acomodó en la nueva figura de la transición democrática. Fiskales Ad-Hok, sin embargo, encontró también en los años 90 nuevos blancos de denuncia y amplió su grito de hastío hasta asegurarse que a nadie le fuera fácil evadirlo.
A lo largo de la extensa carrera del grupo, ha latido en sus discos un mismo pulso humanista que ha convertido a sus canciones en dardos veloces contra autoridades, promesas vacías, y, a veces, hasta contra ellos mismos. Su sistema de trabajo independiente ha resultado de enorme influencia para varias bandas formadas a la luz de su ejemplo, y demuestra que incluso un grupo de punks chilenos está capacitado para manejar su propia empresa (el sello C.F.A.), organizar giras a Europa, y agitar de modo incesante los rígidos escenarios locales sin más ayuda que la de sus fans. "Antifascistas, antisexistas y a favor de la autogestión", según propia definición, Fiskales Ad-Hok es, además, un grupo de características únicas en la historia de nuestro rock.
Pioneros punks de SantiagoSu biografía estuvo inicialmente vinculada a la del llamado
underground santiaguino bajo dictadura. De partida, porque el grupo debutó en uno de esos encuentros de rockeros, pintores, actores y bailarines que el entonces activo director Vicente Ruiz se encargó de organizar durante los años 80. Los Fiskales se presentaron por primera vez en vivo durante una Bienal Underground, montada en el desaparecido Trolley, como tributo a Cristián Sáez Jara, un pintor y rockero punk que alcanzó a brillar bajo el nombre de TV Star en un grupo de vida breve:
Dadá, y que fue quien le propuso a Álvaro España bautizar a su nuevo grupo como Fiskales Ad-Hok, y así satirizar a uno de los personajes más reconocibles de la institucionalidad militar de la época, el fiscal Fernando Torres Silva.
Tras el paso fugaz de los
Pinochet Boys, no existía entonces en Santiago un círculo que pudiera identificarse como parte de un "movimiento punk", si bien se destacaban la furia a golpes eléctricos o el nihilismo de bandas como
Los Jorobados,
Zapatilla Rota o
Índice de Desempleo. Los Fiskales Ad-Hok debieron, por eso, fundirse en un principio con las bandas de
thrash que hacia mediados de los años 80 se tomaban cada fin de semana recintos como el gimnasio Manuel Plaza. En su mayoría, los jóvenes contra Pinochet preferían seguir las metáforas lánguidas y melodiosas del Canto Nuevo, sin que nadie hasta
Los Prisioneros lograra despercudirlos.
Tal como el trío de San Miguel, los Fiskales se propusieron sacudir la estolidez juvenil ante el rock, arriesgando algunas veces hasta su integridad física en la cruzada. Testigos recuerdan su presentación en un acto artístico organizado durante la toma de los estudiantes de la Universidad de Chile que pedían la salida del desginado rector José Luis Federici. Según el libro
La era ochentera, de los periodistas Óscar Contardo y Macarena García, Álvaro España enfrentó a los orgullosos activistas con la actitud de quien no sentía mayor respeto por la academia: "¡Párense, hippies culeados! ¡Paren la raja, huevones!", les gritó poco antes de bajarse, decepcionado, del improvisado escenario.
¿Respondía su música a lo que entonces el mundo entendía por punk-rock? Sin internet ni televisión por cable, el acceso de Chile a la información musical extranjera era peor que atrasado, y mal podía exigírsele códigos formales a un país que a principios de los años 80 todavía no se daba por enterado de la explosión de los Sex Pistols ni los Clash en Inglaterra. Pese a ello, la esencia espiritual básica del punk la tenían los Fiskales a plenitud. Era un grupo de músicos amateurs, dispuestos al "hazlo tú mismo" casi como único argumento existencial. Además, su aspecto seguía las pautas de delgadez, negro y "raros peinados nuevos" como traje oficial del descontento.
Primeras grabaciones"Nadie sabía tocar nada. Tampoco teníamos instrumentos", recuerda Roli en
La era ochentera. "Eran las puras ganas, y unos pocos ensayos que habíamos hecho construyendo una batería con tambores de cartón”. El bajista venía saliendo de un período de militancia en las Juventudes Comunistas, y buscó en su banda una manera diferente de agitar socialmente al Chile bajo dictadura. Según Álvaro, "nuestra idea era hacer extremismo musical; hacer una banda para
putear a los milicos". Además de la precariedad técnica, sus conciertos comenzaron a distinguirse como una experiencia de intensidad casi física, que ninguna otra banda chilena era capaz de motivar. Fue común que muchos de sus recitales quedaran inconclusos para evitar riesgos. Roli contó alguna vez que "hubo un tiempo que las pandillas iban a pelear a las tocatas, que era como su punto de encuentro. Decidimos que cada vez que eso ocurriera, parábamos de tocar. Era
heavy, porque llegaban hasta brigadas de nazis”.
Los Fiskales miraron a lo lejos el llamado "boom" del pop chileno, y luego vieron cómo esas mismas bandas caían una a una. Quizás la principal cercanía ideológica se daba, en su caso, con
Los Prisioneros; pero los Fiskales jamás pensaron en sí mismos como un grupo apto para las radios ni la televisión. Su primera emisión radial se dio dentro del programa "Melodías subterráneas", de Rolando Ramos: "Apestan los burgueses", cantaban en ese primer demo mostrado al país.
Su debut discográfico no se concretó sino hasta 1993, cuando bajo etiqueta Batuta Records apareció
Fiskales Ad-Hok, un disco difundido sobre todo por las canciones "Borracho" y "Pa pa pa" (del trío de
Jorge González). El año anterior, el cuarteto había abrazado un sueño personal al abrir el concierto de la fundacional banda punk neoyorquina The Ramones en Chile. La furia contenida en ese primer álbum no dejaba dudas sobre su vocación antisistema. En la canción "El cóndor", Álvaro España se encargaba de ¿cantar?: "Esto no es una canción, es un insulto radical / cómo quisiéramos mear en un casco militar / también podríamos quemar una bandera de Renovación Nacional / y ver tirado en un basural uno que otro puto general...”. En "Libertad vigilada" lo que salía era una advertencia: "No seas policía ni seas capellán / Escucha: no te metas en lo mío".
Gestión del sello C.F.A.La única experiencia del grupo con la distribución disquera formal se dio en 1995, cuando aceptaron un contrato con Culebra, un subsello de la multinacional BMG que entonces pretendía encauzar la música de bandas locales poco amables con el mercado (
Entreklles y
Los Peores de Chile, por ejemplo). Bajo ese trato apareció
Traga! (1995), el disco que incluye uno de sus mejores temas, "No estar aquí". Eran malos tiempos para la industria completa, y bandas y sellos volvían lentamente a los puestos antagónicos en los que habían partido. El acuerdo de la banda con la etiqueta no duró demasiado. El paso de Fiskales por BMG les dejó algunas lecciones, pero sobre todo la convicción inclaudicable de que la gran escala no se ajustaba a sus pretensiones.
Es desde entonces que el grupo gestiona todos sus discos y giras de modo independiente. En 1997 formaron el sello C.F.A. (Corporación Fonográfica Autónoma), con el fin de dar curso tanto a sus publicaciones como a las de otras bandas chilenas que les parezcan interesantes. Su primera edición fue
Uno, un compilado de bandas independientes; y luego vinieron cassettes y/o CDs de grupos como
Supersordo, Vadca,
Hielo Negro y
Yajaira. El primer disco suyo para la etiqueta fue
Fiesta (1998), un trabajo que generó un estimulante interés —su cover para "Resistiré”, del Dúo Dinámico, llegó incluso a radios— y con cuyas ventas pudieron financiar parcialmente un viaje a Europa.
A través de contactos dejados en Alemania por
LaFloripondio, el grupo viajó en mayo del año 2002 a Hamburgo para embarcarse en presentaciones por ocho países a lo largo de dos meses. "Fue una experiencia espectacular: por su cultura, por su gente, por lo que hicimos, por todo", dijeron a su regreso. Sin embargo, la salida también los dejó con una baja. Enamorado de una europea, Víbora decidió dejar la banda y viajar de nuevo para instalarse en el extranjero.
Los viajes han resultado importantes para la banda, también por un asunto de información y activismo. En Fiskales la disciplina independiente ha ido de la mano con la firmeza para asumir su trabajo como parte de una inquietud social. "Políticos de cuneta", los llamó alguna vez el diario La Nación. Si bien el enemigo por combatir tuvo en sus inicios el rostro omnipresente de Augusto Pinochet, también bajo democracia los Fiskales Ad-Hok mantuvieron la lucidez necesaria para denunciar cada una de las deudas de la Concertación. La liberación de los presos políticos (para quienes algunas veces tocaron en vivo, en plena Cárcel de Alta Seguridad), la defensa de los grupos indígenas afectados por grandes construcciones y las reivindicaciones mapuches han sido algunas de sus causas públicas. El grupo participó en sucesivas versiones del Festival de Resistencia Mapuche organizado en Santiago, y también de un masivo concierto de protesta por la senaturía vitalicia del ex dictador, en marzo de 1998, junto a
Santo Barrio,
BBs Paranoicos y
Los Morton).
Pausa de trabajo y MalditosPara sorpresa de sus seguidores, los Fiskales Ad-Hok anunciaron a principios del año 2003 una pausa de trabajo que no quisieron aclarar cuánto duraría. Estaban cansados y, en palabras de Roli, "ya no había pino en el asunto". Sin embargo, en menos de doce meses ya estaban juntos de nuevo, organizando con entusiasmo una segunda gira de conciertos por Europa (concretada a principios del 2004, durante dos meses, y con más de treinta fechas).
Ese regreso a los escenarios coincidió con el brillo inesperado que tuvo un documental sobre su trabajo. La génesis de
Malditos, la historia de los Fiskales Ad-Hok fue curiosa. El realizador Pablo Insunza llegaba recién de un tiempo en España y quería plasmar audiovisualmente el movimiento de jóvenes punk de los suburbios de Santiago. Optó al final por centralizar todo en los Fiskales, pero se encontró con los recelos de los músicos, que no querían colaborar con un proyecto financiado por el Estado (a través del Fondart) y que se limitaron a responder algunas preguntas en cámara. Así lo contó Roli después: "La verdad, a todos nos daba terror. Yo pensaba: Esto no tiene pies ni cabeza. ¿Qué van a contar? ¿Que nuestra historia ha sido dura? ¿Pero para qué banda en Chile no lo ha sido?".
La banda colaboró sin embargo en el documental, cuyo foco fue puesto sobre todo en la historia de su amistad y perseverancia. La producción combinó las entrevistas al grupo y a varios de sus cercanos, más las de algunos compañeros de generación renombrados (como
Jorge González y el escritor Francisco Casas) y atractivas filmaciones de sus shows. Insunza jamás pensó que el filme pudiera estar más de un par de semanas en los cines, pero éste terminó quedándose una larga temporada en salas, y ganó premios en el Festival de Cine de Valparaíso (Mejor Edición Documental y Mejor Investigación Periodística 2004) y el Festival Internacional de Documentales de Santiago (Premio Especial del Jurado 2004).
Hacia fines de ese año apareció la primera antología de la carrera del grupo, con 21 títulos que reúnen nuevas grabaciones o versiones en vivo para temas ya conocidos. Resultó un buen compendio de la línea unitaria que, en tan disímiles circunstancias, Fiskales Ad-Hok han logrado alimentar desde su formación. Quizás sean ellos los primeros en sorprenderse por cuánto ha durado ese primer impulso urgente. Esto le decían al diario El Mercurio hace poco: "A algunos les llama la atención que tengamos ya nuestro estudio, nuestra sala de ensayo... Nos llaman 'logia’, 'institución’; 'mafia’, incluso. Pero es sólo una cosa de trabajo y de tiempo; y tampoco es tan importante. Lo que sí importa es que seguimos haciendo esto con entusiasmo”.
A fines del 2005, el grupo viajó a Buenos Aires para participar del Festival Iberoamericano Anti-Bush, también con los españoles Reincidentes y los argentinos Attaque 77. Su regreso los ocupó en la preparación de un nuevo disco, editado a mediados del 2007 bajo el título
Lindo momento frente al caos. Con versos alusivos a la revolución secundaria, la crisis medioambiental y el vacío de la politiquería, la revista
Rollling Stone definió el álbum como "una especia de noticiario punk-rock".
—
Marisol GarcíaFoto: archivo.