El grupo de cantautores que comenzó a destacar en Chile a partir del año 2000 tuvo en Nano Stern a una de sus voces más poderosas, distinguida por su asombroso oficio sobre la guitarra y su libertad vocacional para plantearse como un músico itinerante y de alcance global, sin temor alguno.
Su primer trabajo musical más ordenado fue junto a los grupos
Matorral (2001-02) y
Mecánica Popular (2004), pero fue su partida a Europa, en 2004, lo que fortaleció un camino trazado por él mismo desde la infancia: el de dedicarse a la música a tiempo completo. Desde entonces ha publicado sus discos con presencia incesante en festivales de jazz, folk y fusión en los puntos más inesperados del planeta.
Stern había sido un niño de excepcionales dotes en torno a la música, que comenzó a practicar el violín a los tres años de edad, y que giró progresivamente hacia el rock luego de descubrir a Led Zeppelin. Los años han fusionado en sus referentes esas raíces anglo con el cancionero del folclor latinoamericano.
Voy y vuelvo: los viajesSu viaje a Europa, a los 19 años de edad, lo obligó a abandonar sus estudios de composición en la Universidad Católica (es hermano de la también cantautora
Claudia Stern). Se ubicó entonces en la ciudad de Colonia, y contactó a los músicos de
Ortiga, legandaria agrupación de fusión latinoamericana que había abandonado Chile a comienzos de los años ochenta. Con ellos se mantuvo un tiempo tocando en vivo. Luego, el contacto con Juan Carlos
Tato Gómez, ex integrante de
Embrujo, le permitió convertirse en su asistente de trabajo en el estudio que el chileno había establecido en esa ciudad, a la que se mudó luego del Golpe de Estado de 1973.
Nano tuvo entonces la oportunidad privilegiada de combinar el trabajo de estudio con el desarrollo de su cantautoría solista, que desde Europa fue acercándolo a la trova y los ecos de la Nueva Canción Chilena. Durante su tiempo de residencia en Amsterdam, Holanda, retomó sus estudios de música y colaboró con grupos locales como INDO(cumentados), sociedad de sudamercianos con los que trabajó el álbum
Reciclaje latinoamericano (2006).
Toda esta experiencia sería entrenamiento para su anhelado álbum debut.
Nano Stern (2006) integró canciones y composiciones instrumentales, y en él el chileno pudo al fin desplegar a sus anchas su excepcional talento como arreglador y multiinstrumentista (a cargo de la voz, guitarras, bajo, quena, cuatro, violín, viola, melotrón, sintetizador y percusiones). La muestra en vivo del disco se fue desarrollando a través de una gira de conciertos por Europa, tras la cual llegó a Chile en noviembre del 2006, con un primer concierto junto a
Mecánica Popular y
Manuel García.
Un año más tarde regresó al país para presentar un nuevo álbum.
Voy y vuelvo (2007) era el resultado de sus lecciones acumuladas en las experiencias internacionales como el asumido músico itinerante y de intenso compromiso con su arte que Stern ha elegido ser. Poco a poco, y boca a boca, su potencia en vivo impuso su nombre como uno de los ineludibles de la generación de nuevos cantautores jóvenes que por entonces reactivaban el cancionero local. Stern no se permitió el cansancio, y afirmó esos buenos comentarios con presentaciones constantes, de cada vez mayor rigor y entrega. Los discos
Los espejos (2009) y
Las torres de sal (2011) aparecieron cuando el santiaguino era ya un artista reverenciado incluso por músicos mayores que él.
Su relación con Chile es, por eso, constante, y aunque no puede esperarse de Stern un lugar fijo de residencia, su aporte al medio local se ha establecido como un diálogo dinámico: «Estar afuera tiene mucho de estar acá, estar presente en la ausencia. Chile se vuelve súper fuerte cuando estas lejos, y eso se nota en la creación. Yo me inspiro mucho en mi país cuando estoy afuera… ese es un dialogo bien rico que me mantiene siempre bien».
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Marisol García
Foto: sitio oficial.