En la generación de cantautores que destacó en Chile desde el año 2000 en adelante, Manuel García se ha ubicado como uno de los más importantes, gracias a un sonido que ha hecho dialogar trova y rock, y a un ritmo de trabajo persistente, constante tanto en presentaciones en vivo como en publicaciones.
Integrante fundador del grupo
Mecánica Popular, el cantante y guitarrista fue desarrollando en paralelo a esa banda proyectos solistas que se encauzaron de modo definitivo a fines del 2005, cuando publicó su primer álbum como cantautor,
Pánico. La suya es una trayectoria de vocación clara —«a los ocho años comencé a sentir los primeros latidos del trovador», ha dicho— y de importantes asociaciones a lo largo de proyectos musicales diversos, cada vez más difundidos tanto en Chile como en el extranjero.
Desde el Norte GrandeNacido y criado en Arica —fue fundamental en su formación el interés de su padre por la Nueva Canción Chilena—, Manuel García siguió en esa ciudad nortina estudios de Música e Historia y Geografía. Se mudó a Santiago en 1994, donde comenzó con clases de guitarra clásica junto a
Luis Orlandini y se asoció a diversos proyectos musicales, de entre los cuales quizás el más destacado fue su participación en el álbum
Musi-cachi-lena (1997), de
Mario Rojas. Más tarde fundó el grupo
Coré, clasificable dentro del género de raíz latinoamericana y también con futuros integrantes de
Inti-Illimani en sus filas. García dejó en 1998 la banda para concentrarse de modo prioritario en
Mecánica Popular, un grupo con influencias de trova y de rock, con el cual ha publicado hasta ahora varios aplaudidos álbumes.
Entre sus proyectos de musicalización para teatro se cuentan la obra
Fantasmas de fierro (1998) y
Las condenadas (2003), y también acumula experiencia en grabaciones de documentales audiovisuales, como uno sobre
Roberto Parra y el aplaudido
La cueca brava de Nano Núñez (trabajo de
Mario Rojas sobre
Los Chileneros). Su disco
Pánico fue publicado bajo etiqueta Alerce a fines del año 2005, con trece composiciones propias que denotaban una sensible mirada del mundo y las relaciones interpersonales. En él García se definía como parte de un colectivo artístico al que bautizó Dithelo Tumba, en el cual también figuraron los integrantes de
Mecánica Popular Christian Bravo y
Diego Álvarez. El álbum motivó estimulantes comentarios por su excepcional sello de cantautoría adulta, pero no alcanzó a distraer a García de su carrera continua junto a su banda.
En esa doble actividad, surgió a mediados del 2006 una invitación significativa, cuando García se integró como único intérprete solista al proyecto con el que la orquesta y coro sinfónicos de la Universidad de Concepción pretendían rendirle tributo a la música de
Víctor Jara. Con arreglos especialmente compuestos por Carlos Zamora y bajo la dirección de José Luis Domínguez, la obra
Víctor Jara sinfónico se estrenó en noviembre en el teatro de esa Universidad con dos funciones repletas que motivaron espontáneo entusiasmo y hasta la aprobación de Joan Turner, viudad del cantautor asesinado. El montaje fue más tarde replicado en Santiago y Valparaíso.
En 2007, García presentó durante un mes el espectáculo "Exile" en Barcelona (proyecto de musicalización de poesía realizado junto al catalán Guillamino), dando así inicio a un intercambio creativo con ese país que sumó nuevos viajes en los años siguientes. En ese mismo período, se estrenó en Chile el documental
Catalejo, de Ronnie Radonich, centrado en la trayectoria creativa de Manuel y con Premio del Público en el Festival In-Edit 2007.
El 2008 estuvo concentrado en la promoción del poderoso
Témpera, un disco en el que García acogió nuevas influencias, y en el que se asesoró por una productora ajena al mundo estrictamente popular, como fue María Teresa Molina, contrabajista de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción. La grabación del álbum contó con la colaboración de más músicos de esa orquesta, y la referencia señera de
Violeta Parra y Atahualpa Yupanqui, fusionada con referentes contemporáneos.
Conciertos en México reforzaron el interés internacional por su trabajo.
Desde entonces y en adelante, García se asentó en una carrera de proyección internacional, con numerosas presentaciones en el extranjero y la ambición de escenarios cada vez más grandes en Chile (apoyado en su trabajo junto al reconocido manager
Carlos Fonseca). Cumbre de lo anterior han sido, hasta ahora, el lleno en el Teatro Caupolicán de Santiago (22 de julio de 2011) y su presentación en el Festival de Viña 2012. Para García, los hitos del espectáculo nacional «son espacios
donde uno siente que tiene que estar para producir un contraste […]. Prefiero dar esta batalla que
perderla de antemano». Para este cantautor quieto e intimista, el trabajo artístico inteligente es, en parte, una lucha contra el prejuicio.
—
Marisol García
Foto: sitio oficial.