La entrada de Beto Cuevas a
La Ley en 1989
—un año después de su llegada a Chile desde Canadá
—, cambió para siempre la vida de un joven chileno que hasta entonces creía que crecería vinculado al diseño gráfico. Pero su carisma modificó también al grupo, que en él encontró a un
frontman que al principio no buscaba, pero que resultaría clave para dotar de identidad a la banda en su exitosa aventura de conquista extranjera.
Cuevas es uno de los rostros reconocibles de la esfera de pop latinoamericano de los últimos años, y la disolución de
La Ley no le ha quitado actividad a su rutina internacional. Además de discos solistas, ha sumado varios papeles secundarios en el cine, ha mantenido su interés por el diseño y la ilustración (incluso existe un libro con su trabajo al respecto) y hasta anuncia su debut como director de películas.
Adolescencia itineranteAunque nació en Santiago de Chile, Luis Alberto Cuevas Olmedo pasó gran parte de su infancia y adolescencia en Venezuela y Canadá, junto a su familia. Regresó a Santiago a los 20 años de edad, y ya con un título de diseñador gráfico. Pero su interés por la música lo hizo acercarse al círculo que por entonces rodeaba a la capitalina disquería Fusión, en Providencia, la más al día en pop extranjero.
En un trabajo esporádico en la discoteque Seriatutix conoció al baterista Mauricio Clavería, en 1988. El músico lo invitó a una audición, pues su banda,
La Ley, buscaba por entonces un cantante, luego de la partida a España de su voz original, Shía Arbulú. Así fue que Cuevas se incorporó en 1989 al grupo y asumió cómodamente funciones de letrista y cantante.
Con
La Ley, Cuevas trabajó diecisiete años, y fue él quien anunció en el 2005 la decisión del grupo de tomarse un tiempo de descanso. Fue con
La Ley que el intérprete se convirtió en una estrella continental, y también gracias al grupo que pasó a ser sucesivo residente de Ciudad de México y Los Ángeles (California).
Debut como actorCon
La Ley ya en el recuerdo, Cuevas quiso probar suerte en áreas que siempre le habían parecido atractivas y para las cuales nunca había tenido tiempo. Luego del último concierto del grupo, en noviembre del año 2005, condujo un tiempo el programa "Nü Onda", en MTV Latino, y habló sobre sus inquietudes como guionista. Más tarde le diría al diario
El Mercurio: «Siento que el arte no debe ser restrictivo a una sola área. Siempre me gustó el aspecto renacentista de los artistas».
Además de la música, su foco ha estado puesto sobre la actuación en cine, labor en la que debutó en 2005 con un pequeño papel de sacerdote en
La mujer de mi hermano, cinta mexicana basada en una novela del peruano Jaime Bayly (y para cuya banda sonora grabó una versión alternativa de "Mentira", el éxito de
La Ley). La buena prensa conseguida con su actuación le cerró casi de inmediato otros dos contratos fílmicos para los siguientes meses. Vinieron así el cameo de
7 días (2005) y otro papel de ficción en
Borderland (2007).
Su anunciado disco en solitario no se concretó sino hasta mediados del año 2008, cuando Miedo escénico vino a compartir públicamente el trabajo desarrollado con calma en el estudio de su casa, en Los Ángeles. La crítica recibió con calidez un disco en el que el cantante aseguró haber sintetizado las múltiples influencias definitorias de su vida, desde la música, la gráfica o la espiritualidad, vinculadas, como reconocería más tarde, a un momento personal exigido y opacado por su separación matrimonial.
Hasta el lanzamiento de
Miedo escénico, las únicas grabaciones solistas de Cuevas habían sido en dos discos tributos: a Pablo Neruda (
Marinero en tierra, 1999) y al mexicano José José (
Volcán, 1998). Su nombre se encuentra también entre los créditos de colaboración del álbum
Manzana (2004), de
Los Prisioneros.
La edición de su segundo álbum,
Transformación (2012), fue precedido por la generosa rotación radial para el single "Quiero creer". Todas las canciones del álbum son composiciones suyas, y es innegable su vocación discotequera e internacional (entre los colaboradores figura la voz del famoso grupo español La Oreja de Van Gogh). El propio autor definió en entrevistas su sonido
dance como «un riesgo que quise asumir».
El disco apareció casi en simultáneo a una publicación sorprendente: el libro
El arte de ser Beto Cuevas reune pinturas e ilustraciones del propio músico con la transcripción de una entrevista en la que se refiere a su biografía y paso por La Ley. Se trata, hasta ahora, de una edición limitada al mercado mexicano.
—
Marisol García
Foto: Warner Music.